"El resultado de las elecciones del 24M ha activado un vivo debate en
torno a Podemos y la necesidad o no de una convergencia que desemboque
en (o vaya precedida de) un “desbordamiento”. Es un saludable debate que
ilumina de entrada el nuevo contexto político generado por la
iniciativa podemita y los nuevos márgenes de que dispone en él la
izquierda transformadora.
(...) no hay que olvidar que lo verdaderamente decisivo de estas últimas
elecciones es que, de pronto, centenares de esos extraterrestres han
entrado en las instituciones y que lo que allí se haga va a ser
determinante para sumar más y más terrestres a la batalla (...)
No es una batalla entre convergencia y Podemos o entre desbordamiento y Podemos y, mucho menos, entre la izquierda y Podemos. Ahora bien. ¿Qué entendemos por “convergencia”? ¿Convergencia de quién y para qué? (...)
Más allá o por debajo del avispero de las propuestas vagas y puramente
desiderativas, hay dos modelos de convergencia.
El primero es el de un
frentismo clásico a partir de una coalición de partidos de izquierda, lo
que se llama un poco despectivamente “sopa de siglas”.
¿Es ésa una
convergencia ganadora, desbordante, que incluirá por espumosa expansión a
toda la ciudadanía? ¿Llegar a acuerdos con IU y con Equo va a convencer
a “los que faltan” -los abstencionistas y los socialistas descontentos-
de sumarse a un proyecto social y políticamente democratizador? (...)
El segundo modelo de convergencia, idealmente mucho más bonito, es el
que propugna una confluencia de movimientos y activistas a través de
plataformas horizontales, de liderazgo colectivo y movilización
democrática permanente. No hay nada malo en defender este modelo; todo
lo contrario: dejarlo fuera es dejar fuera el impulso quincemayista sin
el cual ni Podemos ni ninguna otra herramienta de cambio podrá jamás
llegar más allá de las urnas.
Lo que me parece cuestionable, e incluso
falaz, es tratar de asociar mecánicamente este modelo a las victorias
electorales de Ahora Madrid y Barcelona en Común para extrapolarlo a
continuación a una “candidatura popular” de ámbito estatal. (...)
En todo caso, si estos son los dos modelos, hay que añadir enseguida que
los dos están representados, y de manera cruzada, dentro y fuera de
Podemos. Por eso es simplificador y peligroso plantear la cuestión como
un conflicto entre convergentes de un lado y Podemos del otro.
Digamos
que el debate está abierto, pero que, así planteado, hay que pensar más
bien si apostamos por la convergencia entre los convergentes del tipo 1 o
por la convergencia entre los convergentes del tipo 2. En el primer
caso, tendríamos una simple refundación de IU con otro nombre y con los
mismos límites.
En el segundo caso, tendríamos un retorno más o menos
rápido a la marginalidad militante. Lo enuncio con toda la prudencia que
exige la situación y como un riesgo que no se puede desdeñar, pero sin
atreverme a un pronóstico tajante. (...)
La convergencia de tipo 1 (una costura de siglas) es posible, pero a mi
juicio poco deseable y, aún más, contraproducente; la convergencia de
tipo 2, al contrario, es deseable, pero imposible. (...)
Ahora bien, hay -decía- un tercer modelo que se basa en la dolorosa
convicción de que todo lo que he escrito hasta esta línea ha interesado a
muy pocas personas (todas ellas, por cierto, alineadas de antemano en
alguno de los campos). Que “los que faltan”, pues, empiecen a leer a
partir de aquí.
¿Cuál es la única lectura que compartimos todos tras el
24M? Que en Madrid y Barcelona hubo, al mismo tiempo, movilización y
liderazgo. La hipótesis Podemos nació hace un año y medio de la conexión
entre esos dos términos y no puede negarse que, a lo largo de estos
meses -no importa ahora el motivo- ha sido grande el desgaste sufrido en
ambos terrenos: se ha perdido en capacidad movilizadora y en carisma
mediático.
Pues bien, Manuela Carmena, por citar el
fulgurante, explosivo caso de Madrid, ha recuperado de un golpe la
conexión, demostrando de cualquier modo la validez de la hipótesis
podemita.
Es difícil ignorar sin engañarse que no ha sido la
movilización social la que ha encumbrado a Carmena, desconocida e
ideológicamente neutra, sino -al revés- Carmena la que ha activado y
enseguida multiplicado la movilización.
Y la que ahora, desde el
Ayuntamiento de Madrid y con ayuda de su extraordinario equipo, debe
sostener y alimentar esa movilización para incorporar a “los que
faltan”, que no son los grupúsculos de la izquierda vieja o nueva sino
los habitantes de los barrios de la ciudad más castigados por el PP y
que, sin embargo, siguen desconfiando de la política y de los políticos.
El tercer modelo de convergencia, en definitiva, pasa por reconectar
movilización y liderazgo. La “unidad” de la izquierda, lo hemos dicho,
es posible pero contraproducente; una candidatura popular estatal sería
deseable pero imposible. Con más o menos resignación o entusiasmo,
tenemos que aceptar que esa “reconexión” sólo puede hacerla Podemos,
pero que sólo puede hacerla a condición de incorporar nuevos elementos y
nuevos liderazgos que movilicen a “los que faltan” (y no a Alberto Garzón, a mí o a los firmantes de Abriendo Podemos).
Puestos a extraer conclusiones “mecánicas” de los resultados
electorales, formulemos la más obvia: necesitamos una Manuela Carmena o
una Ada Colau que acompañe a Pablo Iglesias,
como cabeza de lista, en las legislativas de noviembre. Y muchas
Carmenas y muchas Colaus que completen esa lista y hagan la campaña
electoral. (...)" (Santiago Alba Rico. Filósofo y columnista, Cuarto Poder, 12/06/2015)
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