"(...) ¿La OTAN sigue extendiendo el cerco a Rusia, incumpliendo los
acuerdos alcanzados con la caída de la URSS? ¿Rusia sigue siendo el
enemigo a batir?
Desde luego, ha habido una flagrante
violación de los acuerdos, según los cuales, no habría expansión de la
OTAN hacia el este. Pero le faltó el tiempo a la OTAN para intrigar
entre las élites corruptas que se hicieron con el poder en los antiguos
estados del Pacto de Varsovia para integrarles como países miembros.
Es decir, la URSS se rinde, acepta poner fin al Pacto de Varsovia y
negociar sobre le desmantelamiento de los arsenales nucleares como un
camino hacia la paz en Europa. Y en lugar de actuar en consecuencia,
las potencias centrales, lideradas por los EEUU, aprovechan el momento
de debilidad para hacerse con el terreno de juego.
Rusia posee
un potencial enorme, sobre todo, como fuente de energías y materias
primas, por lo que su control es de lo más codiciado en estos tiempos
de escasez. Pero además, conserva buena parte de su arsenal nuclear,
del que no se pudo desprender por la resistencia a hacer lo mismo de la
única potencia que ha usado las armas nucleares: los EEUU.
Y no solo
eso, sino que además, EEUU emprendió nuevos desarrollos tecnológicos
(guerra de las galaxias, escudo antimisiles, etc.) para neutralizar las
capacidades nucleares residuales de Rusia, para dejarla sin capacidad
de respuesta ante la permanente amenaza nuclear norteamericana.
Obviamente,
a los EEUU no le interesa para nada un conflicto nuclear con Rusia:
pero hará lo posible por someterla a su dictado, como uno de los dos
principales elementos de oposición a su estrategia de dominación: China
y Rusia.
Previamente, están haciendo todo lo posible por neutralizar a
los gobiernos que, sin poseer capacidad nuclear (y, por tanto, sin
plantear una amenaza real), suponen una resistencia activa a su
expansión: Irak, Libia, Siria, Ucrania, etc. Todos ellos han sido
apoyados, de manera más o menos entusiasta, por Rusia, dado que suponen
un cerco efectivo a su espacio vital.
De manera que el
objetivo a batir no es exactamente Rusia; lo es como primer escalón de
su asalto final a China, el verdadero rival de los intereses de las
grandes corporaciones y del poder financiero internacional, controlado
desde los EEUU y el Reino Unido.
Es decir, el objetivo final es
mantenerse como potencia hegemónica frente a sus competidores
emergentes, en el plano de la lógica capitalista; pero al mismo tiempo y
este es el verdadero objetivo, laminar toda resistencia de los pueblos
(y de los pocos gobiernos que han sabido serles fieles) a la expansión
forzada de su modelo de negocios neoliberal a todo el planeta.
¿Qué valoración hace de la actual situación en el Este de Ucrania?
En
Ucrania se ha puesto de manifiesto el conflicto de intereses entre
distintos sectores de su oligarquía, unos más interesados en reforzar
sus negocios con occidente, otros en mantener sus relaciones
privilegiadas con Rusia. Además, los vínculos históricos y afectivos de
una buena parte de su población, en particular de las repúblicas del
Donbass y de Crimea, resultaban una poderosa motivación para resistirse a
la caída de Yanukovich.
Los EEUU y la UE estuvieron practicando las
intrigas políticas y diplomáticas abiertamente, en un modo de
intervención en los asuntos internos que sería intolerable en cualquiera
de sus países. Pero además, alimentaron las protestas, publicitadas
aquí como pacíficas, del Euromaidán, en las que infiltraron a agentes
provocadores vinculados a la extrema derecha heredera de Stepan Bandera.
Es decir, occidente se ha valido de la capacidad de intimidación de un
movimiento fascista para imponer un cambio de régimen, llegando al golpe
de estado cuando se había alcanzado un acuerdo entre el gobierno y la
oposición.
Ese acuerdo no interesaba a los EEUU, dispuestos a llegar hasta el
final. El acceso al poder de Poroshenko, con el respaldo del Sector
Derecho fascista, desató la criminalización de los movimientos populares
prorrusos y del partido comunista, que habían sufrido la dura
experiencia de la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial.
En
consecuencia, estos movimientos, en especial en Crimea primero, en las
repúblicas del Donbass después, se han organizado en milicias para
resistir a una auténtica limpieza étnica desatada por Poroshenko.
Y hay
que señalar aquí las dificultades que encuentra el gobierno de
Poroshenko para acabar con estas milicias, muy motivadas por lo que
consideran mera supervivencia, que aparecen como imbatibles a pesar de
las sucesivas oleadas de reclutamiento que se han efectuado en Ucrania y
de toda la ayuda militar, abierta o encubierta, que recibe de los EEUU y
otros miembros de la OTAN.
Nada que ver con la leyenda, cacareada hasta
la saciedad en los medios occidentales, de la intervención militar rusa
en el conflicto: resulta evidente que Rusia no puede permitirse
intervenir directamente, si no quiere desatar los perros de la guerra
total.
Rusia, muy preocupada por la evolución de los
acontecimientos, ha protegido sus intereses vitales en Crimea a través
de un referéndum de autodeterminación que la devolvió a la Federación
Rusa. Este movimiento ha sido aireado entre los medios occidentales como
una intervención militar que pone en peligro la estabilidad de Europa.
Pero Rusia ha hecho todos los esfuerzos imaginables por alcanzar un
acuerdo que ponga paz en el sangriento conflicto armado que se ha
seguido en el Donbass. La presión de los EEUU, con su política de
sanciones comerciales y a través de la reorientación de la OTAN en un
papel mucho más agresivo contra Rusia, no hace sino empeorar las cosas.
De hecho, es un escenario que no convence para nada a la propia Unión
Europea, la principal víctima del embargo comercial y muy preocupada por
su dependencia del gas ruso. Eso explica los movimientos de Francia y
Alemania, independientes de los de EEUU, para sentarse a negociar con
Rusia en Minsk.
EEUU, que está por otra parte implicado en un
gran movimiento de desestabilización del Próximo Oriente para hacerse
con el control de las fuentes de energía y su tránsito, se empeña en
tensar la situación, confiando en su fuerza militar para mantener a raya
a Rusia. Eso explica los movimientos más recientes en el seno de la
OTAN para reforzar su capacidad de intervención en Ucrania y, en
general, en todo el espacio vital de Rusia.
En breve, asistiremos a
episodios de desestabilización, revueltas y guerras en otras repúblicas
del Asia Central y de Extremo Oriente, a medida que los EEUU vayan
asegurando su dominio en el entorno de Rusia y puedan volcarse con toda
intensidad contra China.
En definitiva, los EEUU, principales
valedores de los intereses del gran capital internacional, están
alimentando una situación de caos generalizado en todo lo que no son las
potencias centrales.
Y la OTAN, de la que se proclama sin rubor ser el
principal mecanismo de seguridad de occidente, está desvelando su
auténtico rostro de club de los más poderosos para imponer su dominio
por la fuerza, al que se apuntan los estados que, incapaces de atender a
las verdaderas necesidades de sus poblaciones, prefieren acercarse al
más fuerte y ser cómplices de sus desmanes, en lugar de organizarse para
resistirse." (Manuel Pardo de Donlebú. Capitán de Navío de la Armada, en la Reserva. MundoSputnik, en Rebelión, 04/06/2015)
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