"Ojalá Grecia nos cueste más dinero, el de un tercer rescate. La
alternativa es peor: un probable terremoto financiero; el descrédito de
la moneda única (como unidad de cuenta, de pago y de reserva
irreversible); y el desplome político de la UE. (...)
Para Atenas, el incentivo al pacto es que los préstamos europeos (del
rescate actual, el segundo; no así del primero) son baratos,
privilegiados, no le asfixian. Constituyen, con perdón, una bicoca para
cualquier deudor. Aunque otra cosa puedan ser las condiciones
presupuestarias exigidas como contrapartida. (...)
Por eso, aunque bramen los catastrofistas, la deuda griega puede ser
sostenible: importa su factura anual más que su cuantía total. Quizá
algún día convenga reordenarla, más que con quitas, trocándola en
perpetua (pero redimible).
Para los griegos, romper la baraja (default o impago, más
aún si además implica salir del euro, grexit) conduce al suicidio. Les
dejaría, abandonados, como parias financieros mundiales. ¿Por qué?
Porque los financieros de Grecia son el FMI, el BCE y la eurozona. No
hay otros. Son óptimos. Dejarían de serlo. (...)
Así que probablemente iremos al tercer rescate. De hecho ya estamos
casi en él, enlanzado con los flecos del segundo: la senda más suave del
superávit primario que se discute es una pasarela entre ambos.
Y eso costará quizá unos 50.000 millones de euros (equivalentes a la
financiación necesaria en el trienio 2015-2017). A los españoles nos
tocarán unos 6.000 millones adicionales (el 12%, más/menos). Pican, pero
serán bien empleados si encauzan el drama de una vez." (
Xavier Vidal-Folch
, El País, Barcelona
3 JUN 2015)
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