"Ayer un amigo mío me soltó a bocajarro, entre burlón y
perplejo, la pregunta con la que abro el artículo. Sabe de mi
posicionamiento vital y me planteó una cuestión a la que obviamente no
supe responder.
La respuesta fácil sólo la pueden ofrecer los miembros
de los clubes de fans de los diferentes líderes que han maniobrado para
que a la izquierda del PSOE haya tres candidaturas en lugar de una. La
verdad es que si actuara con la misma visceralidad con que lo hacen
muchos de estos seguidores, la respuesta sería la abstención o el voto
en blanco, pues muestran su incapacidad manifiesta para ayudar a sus
bases sociales a obtener la representación parlamentaria que se merecen.
Ganar las elecciones no es hacer la revolución; a
veces ni siquiera sirve para cambiar muchas cosas. Pero no es una
cuestión inútil. Hace falta tener muy poca memoria, o ser muy obcecado,
para no reconocer que siempre que ha cambiado un gobierno han pasado
cosas, y que cuando ha ganado la derecha han pasado cosas muy
desagradables en términos de libertades, de derechos sociales o de
gestión pública. (...)
Cualquier líder político transformador que ignore esto
merece irse al paro. El realismo, el conocimiento del contexto social,
del contexto institucional, es imprescindible para hacer política con un
mínimo de seriedad.
De la misma forma que es imprescindible tener una
cierta perspectiva histórica y conocimientos matemáticos básicos; de
matemáticas electorales, de cómo los votos se convierten en escaños, de
cuál es más o menos el espacio electoral en el que se cuenta y de lo que
ocurre cuando se acude a las urnas en diferentes formatos.
Hasta ahora
los votos a la izquierda del PSOE han tenido siempre un tope y bastante
volatilidad, pues el electorado de izquierda moderado tiende a mover su
voto en una u otra dirección en función de la coyuntura, del cabreo etc.
Podemos se benefició en el ciclo electoral anterior del deterioro del
PSOE y logró alcanzar cotas del 20%, muy superiores a los resultados
normales.
Ahora todo apunta a que el porcentaje va a disminuir y el
espacio puede situarse en la horquilla 10-15%. O sea que un espacio más
pequeño se lo van a repartir no dos (como en 2015) sino tres
candidaturas.
A menos que una arrase a las otras dos, se corre el riesgo
de un desastre importante (minimizar ciertos riesgos también suele
formar parte de un comportamiento racional), y esto tiene lugar,
precisamente, la primera vez en que el voto derechista anda dividido en
tres opciones y habría mayores oportunidades de arrancar la Comunidad de
Madrid de las manos corruptas del PP.
Lo increíble no es sólo que haya líderes egoístas,
iluminados o meramente desnortados. Lo verdaderamente preocupante es que
sus bases les sigan acríticamente y sean capaces de ver rivales donde
deberían ver aliados. La fijación que hacen las “marcas” no se limita al
parecer al consumismo y a la derecha, sino que es un virus que también
afecta a la parroquia de izquierda.
Lo preocupante es que aún seamos
incapaces de entender que, en las complejas sociedades capitalistas en
las que nos ha tocado vivir, la única vía para erosionar la hegemonía
neoliberal son las estrategias muy complejas, actuando sobre muchos
resortes diferentes; que el espacio institucional tiene unos límites que
exigen entender el juego para poder ganar alguna vez, aunque la
ganancia sea parcial, y que la paciencia y la constancia deben formar
parte esencial del trabajo de la militancia alternativa.
Que todo esto
lo desconozca la población que vive su vida al margen del activismo es
normal. Pero que no lo haya aprendido la gente organizada es una muestra
de que, lejos de promover una reflexión certera sobre dónde estamos,
las organizaciones siguen más dedicadas a cultivar las identidades de
sus propias clientelas.
Deseo a los madrileños lo mejor. De entrada que echen
al PP y, si es posible, que tengan un gobierno que inicie reformas de
calado y que estas puedan seguir desarrollándose en Madrid capital. Por
ello creo que lo más práctico sería votar a quien tenga más
posibilidades de éxito y después organizar un proceso que obligara al
ganador a representar al conjunto de la población que demanda y se
moviliza por cambios sustanciales. (...)
En Catalunya sólo tendremos una candidatura, la de En Comú Podem, pero tenemos también nuestra crisis y nuestros problemas.
Primero dimitió de sopetón Xavi Domènech de En Comú y
de Podem. Que un líder que nadie discutía anuncie que se va por Facebook
no es nunca algo bueno ni ayuda a la gente a recomponer la situación.
Ahora tenemos un segundo envite: Comunistes de Catalunya ha decidido
presentarse a las generales en las listas de ERC, aunque pretende seguir
en las municipales de Barcelona dentro de Comuns y está pactando en
algunos ayuntamientos coaliciones con la CUP, rivales de Comuns. O sea
que aquí no tenemos una participación formal sino algo mucho más
kafkiano.
Una fuerza que por un lado dice formar parte de un proyecto
pero que por otra pacta con el que puede ser el principal rival para la
alcaldía de Barcelona (la pregunta del millón es saber qué van a hacer
si en el futuro hay un enfrentamiento entre Comuns y ERC en el
consistorio barcelonés, o entre Comuns en el ayuntamiento y ERC en la
Generalitat), mientras que en otros muchos consistorios apuesta por
candidaturas que debilitan la presencia de En Comú Podem.
Las justificaciones para tal movimiento son diversas,
según cuál sea el interlocutor. A nivel más político se argumenta que la
jugada dará a Comunistes la hegemonía en la izquierda catalana, pues
podrá actuar como articulador de un espacio que va desde ERC hasta la
CUP pasando por Comuns.
En otro nivel se aduce que la marcha de Domènech
se produjo por un giro antisoberanista en Comuns y, sobre todo, porque
la gente de Comunistes fue “maltratada” por el resto. O sea que no se
les dieron suficientes puestos de poder, como querían.
Como este asunto en particular lo conozco un poco más,
voy a opinar con más osadía. La cuestión obedece a dos razones que
tienen que ver con toda la cultura política y la experiencia
organizativa de Comunistes. Por una parte, una permanente autoconcepción
de que su conocimiento del marxismo les da una capacidad analítica para
entender la sociedad y la política y de que, por tanto, ellos mejor que
nadie están en situación de ejercer la hegemonía en un proceso tan
convulso como el catalán.
Su autismo les ha llevado a creerse parte de
su propia historia, especialmente a Nuet, el urdidor de la trama, y a no
reconocer que su fichaje por ERC es una mera maniobra para romper a
Comuns. (...)
Por otra, Comunistes ha sido siempre un partido con una particular
avidez por colocar a su gente en cargos y una tendencia parecida a
considerarse maltratado cuando no lo consigue. Forma parte de la cultura
de grupo cerrado que ha mantenido a lo largo del tiempo, y esto lo ha
llevado ahora a convertirse en aliado de una estrategia que parece
clara: la del nacionalismo catalán, presuntamente de izquierdas, de
eliminar cualquier vestigio de una izquierda que ponga por delante lo
verde, lo violeta y lo rojo.
Y encima pretende que los que han sido sus aliados y compañeros de viaje
durante mucho tiempo los sigan acogiendo en su seno y los sigan
considerando más de izquierdas que nadie. Lo verdaderamente pavoroso es
la capacidad que ha tenido el independentismo para abducir a las dos
tradiciones del marxismo-leninismo (la trotskista y la postestalinista). (...)
Siguen faltando el liderazgo, la buena fe, la voluntad
y la determinación necesarios para crear un espacio que sea útil a la
gente que quiere cambiar cosas esenciales. Y para ello es preciso que al
menos haya un grupo que lo impulse y que la gente de base entienda que
seguir apegado a la propia marca es continuar apostando por “jugar
encerrados con un solo juguete”. Se avecinan fuertes tormentas y
nosotros con estos pelos.
Que Rosa Luxemburg nos ilumine y los próximos 28 de abril y 26 de mayo los acabemos con alguna buena sensación." (Albert Recio Andreu, Mientras Tanto, 30/03/19)
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