"A pesar de tener algunas de las leyes más
progresistas y avanzadas que los ha colocado en los primeros puestos en
lo que a igualdad de género se refiere, Suecia, Noruega, Dinamarca y
Finlandia mantienen altos índices de violencia sexual. Esta "paradoja",
tal como la describe un informe de Amnistía Internacional se justifica
por la persistencia de mitos y estereotipos de género que, junto a la existencia de leyes deficientes, han desembocado en "la impunidad de los violadores en toda la región".
El documento, titulado Time for Change: Justice for rape survivors in the Nordic countries (Tiempo de cambio: justicia para las víctimas de violaciones en los países nórdicos),
resalta que, a pesar de algunos avances legales en la última década,
mujeres y niñas víctimas de violaciones en los países nórdicos siguen enfrentando importantes barreras legales a la hora de denunciar,
lo que supone de hecho "negarles el derecho a la justicia y la
reparación e incrementar la impunidad hacia este tipo de violencia".
La persistencia de mitos sobre lo que es o no es una
violación y los estereotipos de género, son, según los autores del
estudio, los que provocan esta paradoja. Entre estos mitos se encuentra
el de responsabilizar a la víctima del abuso que ha sufrido,
la falsa percepción de que las violaciones se producen principalmente
por desconocidos o que sólo un tipo de hombres pueden ser considerados
como violadores.
El informe, que está basado en entrevista a varias
decenas de víctimas de agresiones sexuales en los cuatro países,
atestigua esta obsesión hacia las actuaciones las mujeres agredidas. Una
de ellas, citada con el nombre de Tina, afirma que en el juzgado "era preguntada una y otra vez sobre lo que yo había hecho mal; por qué no evité la violación; cuanto había bebido; porqué no pedí ayuda; porqué no me fui en un taxi... Nadie preguntó al agresor por ninguna de sus acciones, por qué me siguió o por qué pensó que era correcto impedirme subir a un taxi".
A pesar de que las circunstancias que afrontan las
víctimas de violencia sexual en los cuatro países analizados no es
uniforme, Amnistía recalca que "existen paralelismos inquietantes" en
todos ellos y que los sus sistemas de justicia "ignoran, niegan y toleran tácitamente" la violencia contra las mujeres. (...)
De hecho, uno de los problemas más graves a la hora
de evaluar la incidencia de este tipo de agresiones, es la falta de
denuncia. Sólo en Finlandia, se estima que una de cada diez mujeres que sufren este tipo de agresiones nunca denuncia.
Según los datos que baraja la organización de derechos humanos, sólo en
este país nórdico unas 50.000 mujeres son víctimas de violencia sexual
cada año pero un ínfimo número de estas agresiones acaban en condenas.
En 2017, última cifra disponible, en Finlandia se dictaron solo 209
sentencias condenatorias por este delito.
Dinamarca estima que alrededor de 5.100 mujeres al año son víctimas de violación
o intento de violación, mientras que la Universidad del Sur de
Dinamarca elevó esta cifra en el año 2017 a 24.000, un número alto para
un país con una población relativamente pequeña (menos de seis millones
de habitantes). Ese mismo año, solo 890 violaciones fueron denunciadas a
la policía, de las cuales 535 fueron procesadas y 94 terminaron en condenas.
Según el informe, pesar de los elevados índices de violación, la tasa de enjuiciamientos es muy bajas en Suecia, donde en 2017, sólo el 6% de casos de personas adultas desembocó en enjuiciamiento. "Esta baja tasa de enjuiciamientos y sentencias condenatorias afectan a la confianza en el sistema de justicia", afirma. (...)
A pesar de que el Convenio de Estambul
(un tratado internacional promovido por el Consejo de Europa y firmado
por la gran mayoría de los países europeos) y otros tratados
internacionales establecen que la violencia sexual y la violación deben ser definidas por la falta de consentimiento
y no por el uso de la fuerza por parte del agresor o la resistencia de
la víctima, la mayoría de los países continúan poniendo el acento en
determinar si en la agresión existió o no violencia física, amenazas o
coacciones, lo que implica analizar si la víctima opuso la suficiente
resistencia para evitar la agresión. (...)
De los cuatro países analizados en el documento, sólo Suecia introdujo
el año pasado en su legislación la falta de consentimiento, aunque como
afirma el informe aún es pronto para conocer el alcance de este cambio.
Los otros tres (Finlandia, Dinamarca y Noruega) siguen basando su
legislación en la medición del uso de violencia física. El mes pasado
Dinamarca se comprometió a cambiar la legislación para adecuarla al
consentimiento, tras los primeros datos hechos públicos por Amnistía. (...)" (Marisa Kohan, Público, 03/04/19)
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