"(...) La pasada semana nos enteramos que Pablo Iglesias
acudía a declarar a la Audiencia Nacional en una nueva pieza secreta y
separada del caso Tándem, la causa contra el excomisario Villarejo,
en prisión desde noviembre de 2017.
La razón fue que el juez García
Castellón encontró entre los archivos del comisario un volcado de datos
que parecía coincidir con los de un teléfono que le fue robado a Dina
Bousselham, antigua asistente de Iglesias, y coincidentes con noticias
aparecidas en OK Diario que giraban en torno a conversaciones privadas del dirigente de Podemos.
Iglesias ya iba prevenido para la cita. Él mismo
llevaba la tarjeta del teléfono robado para que el juez pudiera
cotejarla con los archivos copiados. Antonio Asensio, presidente del
Grupo Z, recibió en una de sus empresas la tarjeta, pero se negó a
publicar los datos que contenía y se la entregó al líder político, como El Independiente adelantó
el sábado 30 de marzo.
Parece que la invectiva de Pablo Iglesias contra
el peso accionarial de bancos y fondos de inversión en medios, lanzada
de forma insistente desde su mitin de vuelta en el Reina Sofía, era algo
más que una consigna de campaña. A veces, incluso hasta para los marxistas, la realidad se pone de parte de la teoría.
Este nuevo episodio ha tenido, sin embargo, el silencio como acompañante. (...)
¿Ante qué nos encontramos? ¿Exagera Iglesias en sus acusaciones? ¿Han
existido las cloacas del Estado? ¿Podemos darlas por clausuradas? (...)
Las sospechas, sin embargo, empiezan a tornarse certezas cuando un zarzuelero personaje entra en escena: el pequeño Nicolás, un estudiante de Derecho que se hacía pasar por agente del CNI.
Nicolás Gómez es detenido en octubre de 2014. En una de sus
declaraciones a la prensa hace una de sus bravatas habituales: “Hay que
confiar en la justicia pero hace falta tener un as en la manga”.
Ese as le llegaría con las grabaciones de una reunión
entre el jefe de asuntos internos de la Policía Nacional, Marcelino
Martín Blas, con el CNI, en el intento de que se archivara su causa. Sin
embargo, esa grabación ilegal de una reunión de alta importancia para
la seguridad nacional hace que se inicien acciones judiciales para
aclarar lo sucedido.
En esas investigaciones se demuestra que hay un flujo
de decenas de llamadas entre el 14 de octubre de 2014 y el 25 de
diciembre de 2014, correspondientes a las comunicaciones de los
periodistas Inda y Urreiztieta con altos cargos policiales. Entre esos
cargos se encontraba el comisario Villarejo. Todos estaban a las órdenes
de Eugenio Pino, director Adjunto Operativo, hombre de máxima confianza
del ministro de Interior Fernández Díaz.
Todo parecía indicar supuestamente que Fernández Díaz
estaba utilizando a la Policía para investigar a la carta a adversarios
políticos y, lo que es peor, fabricar pruebas falsas contra ellos o
bien, por contra, fabricar coartadas a favor de algunos acusados.
Villarejo desatado
José Manuel Villarejo
nació en la provincia de Córdoba en 1951. Desde principios de los
setenta entra a formar parte de la policía franquista, destacándose en
operaciones de la lucha antiterrorista. Hasta 1983 está relacionado con
el Sindicato Profesional de la Policía, donde se cree que como dirigente
dio cabida a agentes que provenían de la ultraderecha.
A partir de ese
año toma una excedencia del cuerpo y se dedica a crear varias decenas de
empresas con las que teje una tupida red de contactos y favores. En
1993 vuelve a la fuerza pública como agente encubierto, es decir,
pudiendo compatibilizar su trabajo con actividades paralelas y
disfrutando de una libertad casi plena al tener que rendir cuentas solo
ante el director Adjunto Operativo.
Se ve envuelto a mediados de los noventa, bajo el último gobierno de Felipe González, en el Informe Veritas,
un documento para revelar información injuriosa contra distintas
personalidades, incluyendo el juez Garzón. Villarejo también participa
en operaciones contra el terrorismo internacional, el narcotráfico y el
crimen organizado. Su nombre empieza a volver a sonar con fuerza al
llegar la crisis y con ella los numerosos casos de corrupción.
Es investigado en el caso Pinto,
donde Javier López Madrid, yerno de Villar Mir (OHL) y amigo personal
de Felipe VI, es acusado de acoso sexual y amenazas por la doctora Elisa
Pinto. La dermatóloga también acusó en sede judicial a Villarejo de
haberla apuñalado en abril de 2014.
López Madrid, que más tarde sería
condenado por el caso de las tarjetas Black,
contrató a Villarejo para que realizara escuchas ilegales, seguimientos y
coacciones a Pinto. Jaime Barrado, un condecorado comisario que
investigó el caso, fue apartado del mismo como otros muchos policías que
investigaban casos en los que se cruzaban las actividades paralelas de
Villarejo.
El autodenominado agente encubierto ha estado
supuestamente implicado de una u otra forma en la Gestapillo de
Granados, la trama de espionaje del consejero de Interior madrileño
contra enemigos de su partido. En el intento de ocultación del ático de
Ignacio González, expresidente del gobierno regional madrileño. El caso
de Método 3, cuando se intentaron crear informes falsos contra la
familia Pujol a través del empresario Javier de la Rosa y la exnovia del
hijo de Pujol, Victoria Álvarez.
Villarejo también parece estar presuntamente implicado en las grabaciones a Corinna, relacionada con el rey Juan Carlos, y una trama de comisiones ilegales en el AVE a la Meca.
En el caso del espionaje del BBVA a ministros en la época de Zapatero.
En el vídeo que acabó con la carrera política de Cifuentes. En el asalto
del falso cura a la casa de Bárcenas. En la detención del empresario
inmobiliario Juan Muñoz, marido de la periodista Ana Rosa Quintana. Y en
el incendio del edificio Windsor a petición, supuestamente, de
Francisco González, expresidente del BBVA.
El comisario Villarejo es detenido el 3 de noviembre
de 2017 por delitos de cohecho y blanqueo de capitales. Por algún motivo
había que pararle los pies.
Más allá del sainete trágico, caen las piezas
A pesar de la gravedad de los hechos, que un solo
individuo esté implicado en tantos escándalos llega a resultar tan
abrumador como tragicómico. Hay un hombre en España que lo hace todo,
cantaba el dúo barcelonés Astrud, a lo que deberíamos añadir que hace
todo lo que otros necesitan.
Entre otras cosas, fabricar el falso informe PISA que
inventaba una financiación a Podemos por parte del omnipresente
gobierno venezolano y que una vez más volvió a contar con Eduardo Inda
como dealer.
El documental de Mediapro Las cloacas del Estado
concluye que Eugenio Pino, director Adjunto Operativo de la Policía,
estando a las órdenes directas del ministro Fernández Díaz, contaba con
varios inspectores a su cargo, la llamada Oficina Siniestra, para
fabricar los informes, y el propio Villarejo como el encargado de las black-ops, aquellas acciones directamente delictivas.
El falso sindicato ultraderechista Manos Limpias,
encargado de interponer las querellas judiciales contra los acusados en
esta guerra sucia, cayó junto a Ausbanc en una operación en abril de 2016 en la que se les acusó de extorsión.
Eduardo Inda, fundador y director de Ok Diario
desde 2015, ha continuado publicando exclusivas y documentos
relacionados con casos en los que Villarejo ha estado implicado. Cuenta,
además, con voz en la tertulia del programa de Ana Rosa Quintana y con
varios espacios en La Sexta. El director de Al rojo vivo,
Antonio García Ferreras, ha presumido de su amistad y su buena sintonía
profesional con él. A ambos les une además su madridismo y una tercera
amistad, la del presidente del equipo blanco, Florentino Pérez, uno de
los empresarios más poderosos del país.
Mientras que García Ferreras y La Sexta han
reaccionado con hostilidad a las declaraciones de Pablo Iglesias en
relación con la independencia de los medios, Eduardo Inda se ha visto
envuelto en su enésimo problema judicial y deontológico. Público informó
este sábado 27 de marzo que los investigadores de la causa Tándem han
encontrado un audio que prueba que fueron, efectivamente, Inda y
Urreiztieta quienes proporcionaron al pequeño Nicolás la grabación de la
reunión entre Asuntos Internos y el CNI. El círculo parece estrecharse.
Por otro lado, tal operativo, espiar a los policías
de la Policía y a los espías españoles, era exagerado tan solo para
conseguir el archivo del caso de Nicolás Gómez, un actor secundario. Al
parecer, según los investigadores del caso, habría de por medio una cuantiosa operación de blanqueo de capitales
donde estaría implicada la familia del dictador de la antigua colonia
española de Guinea Ecuatorial y tres directivos del Ibex 35: Adrián de la Joya, Indra, Mauricio Casals, Atresmedia y Manuel Delgado Solís, ACS, la empresa de Florentino Pérez.
Algunas conclusiones
Una de las condiciones ineludibles para que el poder
sea estable es que respete sus propias reglas. Los casos de corrupción
son, además de un síntoma de falta de honradez personal, la constatación
de que la forma que adopta el capitalismo bajo el régimen político de
turno es más o menos dinámica y fuerte cuanto menos tenga que recurrir a
lo ilegal. De esta forma, la estructura económica, política y del
Estado permanece como confiable delante de los gobernados.
En el caso de España las peculiaridades de nuestra
economía han dado forma a un régimen donde el poder político extraía
ilegalmente dinero público con intención de aumentar los beneficios
privados, es decir, que los representantes electos se comportaban como
el consejo de administración de la burguesía nacional. No valen por
tanto los esfuerzos judiciales ni policiales cuando la enfermedad está
inserta en el ADN del sistema y no es simplemente un brote vírico.
De hecho, Villarejo no era más que uno de los
facilitadores de estas relaciones, un individuo creado por el aparato
profundo del Estado. Si la democracia liberal en España dio durante un
tiempo una imagen confiable fue por personajes como Villarejo,
dispuestos a enmendar, bajo la ley, sobre la ley y contra la ley, los
excesos y escándalos que se producían en el anormal pero cotidiano
funcionamiento de la corrupción política en España.
Quizá el mayor pecado cometido por Villarejo es el
que acaba empapando a este tipo de personajes, el ser agentes dobles
entre los intereses del Estado (el estado de los grandes poderes
económicos) y sus aspiraciones personales. Un país que debe administrar a
47 millones de personas y que está entre las catorce mayores economías
mundiales es evidente que no puede contar con tan solo un Villarejo ni
depender de un personaje tan atrabiliario. (...)
Sin embargo, se añade un factor a la opinión pública precisamente por parte de los que la crean. El sistema de medios en España ha sido una verbena de autosatisfacción, compadreos e intereses cruzados con el poder económico. Ahora, además, podrían aparecer como los colaboradores necesarios, y probados,
de una trama de noticias falsas, injurias y manipulaciones con el
objeto de alterar el panorama político del país a favor, justo, de sus
grandes accionistas.
Inda puede ser, si así lo prueba la justicia, una de
las cabezas más visibles de este entramado. Al igual que a Villarejo,
sus intereses personales pueden haberle llevado a ser menos cuidadoso y
más arrogante de lo aconsejable. Pero como decíamos también, Inda no es
el único que ha confundido la filtración con ser el brazo ejecutor de
tal o cual ministro o empresario. Hay periodistas que reciben presiones,
otros van al palco del Bernabéu. (...)
La izquierda en España ha cometido errores propios y
ha pagado errores ajenos –y me refiero a la intentona independentista–,
pero sin duda ha sufrido una campaña de desprestigio, más allá del robo
del móvil o el informe PISA, íntimamente relacionada con muchos de los
personajes que han ido apareciendo en estos párrafos y, por encima de
ellos, los intereses que representan: los de los patricios por encima de
los de la plebe, que es, por muchos siglos que pasen, el verdadero
concepto de ciudadanía bajo un sistema económico basado en la
desigualdad.
El poder efectivo seguirá en forma de proyectil
guardado en algún almacén. El poder político representará un nuevo
momento para tener esperanza en el cambio. El poder económico seguirá
decidiendo quién, cómo y cuándo, oculto ante todos y a la vez visible en
sus grandes torres. Los rascacielos pueden arder, es verdad, pero la
mayoría seguirán imperturbables después de que las llamas hayan pasado." (Daniel Bernabé, La Marea, 03/04/19)
No hay comentarios:
Publicar un comentario