"La economía europea está oficialmente estancada. Con los datos del
trimestre en mano, la UE ha reducido su expectativa de crecimiento al
1,1%. Era evidente que el estado de la crisis va mucho más allá de la
ralentización que advertía el FMI.
Porque esta recesión que se apunta en
Alemania, Francia e Italia es todo menos local y coyuntural. Los datos
de la producción industrial están dando los peores resultados mundiales
en 7 años. Y esta vez la inquietud se ha extendido a los bancos
centrales. Desde 1973 los bancos centrales no compraban tanto oro.
Incluso China ha tratado de ponerse a cubierto de futuras guerras de
divisas con la masiva compra de oro.
La clave de la desaceleración actual está
en la caída de las exportaciones. No es solo Alemania o China. En
España o Portugal es exactamente igual. La ausencia de nuevos mercados y
el angostamiento de los existentes no pueden sino traducirse en caídas
de la producción.
Viene, indefectiblemente un repunte del desempleo.
Pero además, el mecanismo del crédito ha colapsado y los bancos
centrales se han quedado sin municiones. En China, la deuda acumulada es
ya 3 veces el PIB. En Alemania, la idea de que los bancos autocondonen
la deuda de los estados y las empresas empieza a tomar fuerza y a
discutirse abiertamente. La imposibilidad de subir los tipos durante la
supuesta bonanza ha colocado al euro frente a cuestiones existenciales
y, de repente, todas las cuestiones que hasta hace poco se consideraban
heréticas, son ahora legítimas.
La burbuja
del crédito es asfixiante: solo en EEUU 7 millones de personas no
pueden pagar las cuotas del coche que necesitan para ir a trabajar. En
China el sobreendeudamiento reduce por primera vez las ventas de coches.
En Chile, el fuerte endeudamiento de la pequeña burguesía ha derribado
las perspectivas de crecimiento. Ni hablemos de Argentina, Colombia o
Brasil...
Hoy todo parece originado por la guerra
comercial… y es verdad que la guerra comercial y de divisas está siendo
el acelerador que está convirtiendo la crisis de fondo en una nueva
recesión. Pero la guerra comercial en todas sus vertientes no es más que
una respuesta frente a la crisis.
La guerra comercial fue la forma en que una
parte del capital nacional americano ha intentado coger aire a base de
usar todo su poderío político y militar para arrancar mercados y
colocaciones de capital provechosas a sus competidores y aliados.
Lo mismo cabe decir del Brexit: la burguesía
británica no está empantanada en una fractura cada día más peligrosa por
sus sentimientos respecto a Europa. Vayamos a donde vayamos, el
problema de fondo es que el capital ya no cabe en el mercado mundial.
Por eso los capitales chocan continuamente en su búsqueda a toda costa
de nuevos mercados donde colocar la producción y destinos de inversión
en los que colocar el capital ocioso. Choques comerciales que cada vez
con más frecuencia devienen choques militares.
La guerra comercial es el acelerador, no el
motor de este nuevo empellón de la crisis. El problema es que el mundo
se ha quedado pequeño para unos capitales nacionales hambrientos de
mercados y ocupaciones.
Es el capital el que se ha convertido en un
peligro para la sociedad y no podemos olvidarlo. Especialmente ahora,
cuando en un nuevo ahogo, nos diga que aparquemos nuestras necesidades
porque no puede satisfacerlas mientras no vuelvan los beneficios. Al
revés, es sacrificarnos por sus beneficios lo que permite que el
mecanismo infernal de la crisis y la guerra vaya cada vez a más.
Dejar
de aceptar el sometimiento de nuestras necesidades al capital, las
necesidades humanas universales, es el único camino para vencer a la
crisis perenne y sus miserias. Que no hay salida a base de reformas a la
crisis debería ser obvio tras más de diez años. La única salida pasa
por todo lo contrario: no aceptar la supeditación de las necesidades
humanas a la producción de ganancia." (Jaque al neoliberalismo, 03/04/19)
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