"El plan Kushner para Gaza: "Limpieza" y reconstrucción privatizada de la Franja
La "limpieza" de Gaza podría encomendarse a contratistas privados. Coordinados por EE.UU., deberían desarmar a Hamás antes de encomendar la reconstrucción a grandes capitales financieros.
La inauguración del Consejo de Paz y la presentación de un plan de reconstrucción en Davos (Suiza), con motivo de la reunión anual del Foro Económico Mundial, abren una nueva y peligrosa fase para Gaza.
El Consejo de Paz, presidido por el presidente estadounidense Donald Trump y compuesto por países subordinados a EE.UU. o ideológicamente alineados con el inquilino de la Casa Blanca, tiene la no demasiado velada ambición de postularse como alternativa a las Naciones Unidas.
La Carta fundacional del Consejo no menciona Gaza, pero habla de "un organismo internacional de construcción de paz más ágil y eficaz" que tenga "el coraje de distanciarse de instituciones que demasiadas veces han fallado" (una referencia a la ONU).
Dicho organismo se propone mediar en conflictos desde Venezuela hasta Ucrania, pasando por encima del mandato de la ONU (Resolución 2803) que limita su radio de acción a Gaza.
Dentro del Consejo, que tiene una estructura esencialmente ilegal desde el punto de vista del derecho internacional, el poder está concentrado en manos de Trump, quien lo preside de por vida, establece qué países pueden adherirse y decide su agenda.
El nuevo organismo está a su vez compuesto por un consejo directivo que se encargará de la gestión de Gaza. A este respecto, un plan fue presentado en Davos por Jared Kushner, miembro del consejo y yerno de Trump.
Al igual que Kushner, cuya familia tiene vínculos personales con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, otros miembros del consejo son muy cercanos a Israel. Entre ellos destacan el ex primer ministro británico Tony Blair, el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, el enviado especial de Trump Steve Witkoff, el multimillonario israelí Yakir Gabay.
Otra característica relevante es que muchos de ellos –desde Kushner, a Witkoff, a Marc Rowan, CEO de la gestora de patrimonio Apollo Global Management– son grandes inversores, con cuantiosos intereses en el Golfo.
Los palestinos, en cambio, no están representados de ninguna manera en el Consejo de Paz. El gobierno tecnocrático palestino subordinado a él –denominado Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG, por sus siglas en inglés)– tendrá un papel de mero ejecutor de sus directivas.
Un proyecto de ingeniería social
La Franja será el primer "laboratorio" donde probar el principio inspirador del Consejo, que prevé el abandono del multilateralismo como enfoque para la resolución de conflictos en favor de un modelo basado en el capital privado, guiado por las inversiones y la búsqueda de beneficio.
Anulando las reivindicaciones políticas de los palestinos, e ignorando los derechos de propiedad y la herencia cultural de generaciones de gazatíes, el plan Kushner prevé un proyecto de ingeniería social y desarrollo inmobiliario que, partiendo de una tabula rasa, pretende rediseñar completamente el rostro de Gaza, previa desmilitarización y "desradicalización" de la Franja.
Toda la zona costera se dedicará al turismo. En el interior inmediato surgirán las áreas residenciales para los palestinos, intercaladas con parques y zonas agrícolas.
Los complejos industriales y centros de datos se ubicarán cerca del perímetro interior, dependientes de cadenas de suministro y aprovisionamientos energéticos israelíes. Alrededor de todo el perímetro fronterizo se creará una zona de amortiguación controlada por Israel.
El centro de gravedad demográfico, pero también logístico (con la presencia de un puerto y un aeropuerto cerca de la frontera sur), se desplazará hacia el sur de la Franja.
A diferencia de los planes circulados anteriormente, el plan Kushner no prevé comenzar la reconstrucción por etapas, partiendo de la zona bajo control israelí.
En cambio, apunta a la plena desmilitarización, a la que seguirá la reconstrucción en todo el territorio del enclave palestino, según una filosofía inspirada en el "éxito catastrófico", como lo definió Kushner. "No tenemos un plan B", dijo el yerno del presidente.
El proceso de desmilitarización será en cualquier caso el más problemático. Teóricamente, el plan estadounidense prevé, a cambio del desarme, la amnistía para los hombres de Hamás, su "traslado seguro" a otros países o, en algunos casos seleccionados, su integración en el gobierno tecnocrático palestino (NCAG).
Incluso si Hamás aceptara tal solución, no es en absoluto seguro que lo haga Israel.
El grupo palestino querría integrar sus propias fuerzas de policía (unos 10.000 hombres), y los más de 40.000 empleados del actual gobierno de Gaza, en las fuerzas de seguridad y otras estructuras del incipiente NCAG. Un escenario que ciertamente será rechazado por el gobierno de Netanyahu.
Contratistas privados para "liquidar" a Hamás
Elliott Abrams, conocido exponente de los neoconservadores estadounidenses y miembro destacado del Council on Foreign Relations, alude a una alternativa mucho más drástica para liquidar a Hamás.
Abrams tiene una larga experiencia en operaciones de cambio de régimen. Ya implicado en el escándalo Irán-Contra, estuvo entre los promotores de la desastrosa invasión de Irak, entre los organizadores del fallido intento de derrocar a Hamás en 2007 (que llevó al enfrentamiento armado entre el grupo y el rival Fatah, y a la separación entre Gaza y Cisjordania), y responsable del intento (también fallido) de derrocar al presidente venezolano Nicolás Maduro, como Representante Especial para Venezuela durante el primer mandato de Trump.
Él admite que ningún país se ha mostrado hasta ahora dispuesto a proporcionar tropas para desarmar a Hamás en el marco de la fuerza de estabilización que, según el plan original de Trump para Gaza, debería desplegarse en la Franja.
Abrams afirma que existe sin embargo la posibilidad de recurrir a contratistas privados para "limpiar" Gaza de combatientes e infraestructuras militares de Hamás.
Para facilitar la operación, se animaría a la población civil a trasladarse a la zona de la Franja actualmente controlada por Israel.
En Rafah, al sur del enclave, debería surgir la primera de las "comunidades valladas" que acogerán a los palestinos tras un meticuloso "proceso de verificación" destinado a excluir cualquier posible vínculo con Hamás.
Para acceder a esta "comunidad", cuya construcción será financiada por los Emiratos Árabes Unidos (EAU), los palestinos deberán someterse a sistemas de control biométrico, adoptar una moneda digital (el shekel israelí), y utilizarán programas escolares proporcionados por los EAU destinados a favorecer la "desradicalización".
Estas medidas están pensadas para prevenir cualquier infiltración de Hamás, el desvío de fondos o bienes a favor del grupo palestino, y cualquier posible influencia ideológica suya también en las escuelas.
En este escenario, el papel de la fuerza internacional de estabilización y de la policía del NCAG se limitará al control de esta y otras comunidades similares, y de las áreas ya "limpiadas" de la presencia de Hamás.
El hecho de que Trump haya puesto al frente de la fuerza de estabilización al general estadounidense Jasper Jeffers, ya responsable del Mando Conjunto de Operaciones Especiales (JSOC), hace presagiar que se podría inclinar por la adopción de los contratistas privados.
Jeffers es un veterano de las operaciones especiales en Irak y Afganistán, y junto a otros oficiales del JSOC, podría planificar el empleo de los contratistas y el entrenamiento de comandos compuestos por palestinos reclutados entre las bandas armadas por Israel para combatir a Hamás.
Contratistas privados, por lo demás, ya han sido utilizados en la Franja por la infame Gaza Humanitarian Foundation (GHF), responsable de la matanza indiscriminada de cientos de palestinos desesperados en busca de comida en sus centros de distribución.
Uno de los ideólogos de la GHF, Aryeh Lightstone, ha sido ahora nombrado por Trump asesor del Consejo de Paz.
También es controvertido el nombramiento de Sami Nasman como responsable de seguridad dentro del NCAG. Nasman es un ex general de las fuerzas de seguridad de la Autoridad Nacional Palestina, y uno de los más duros opositores al gobierno de Hamás en la Franja, de donde es originario.
En 2016, un tribunal de Gaza lo condenó in absentia a 15 años de prisión por espionaje y por reclutar células armadas con el fin de desestabilizar al gobierno de Hamás.
Posible reanudación de la guerra a gran escala
Las incógnitas respecto al desarme de Hamás y la implementación del plan Kushner siguen siendo, en cualquier caso, numerosas. En primer lugar, la aceptación del plan por parte de Israel está lejos de ser segura.
Según el diario israelí Maariv, el gobierno de Netanyahu se estaría preparando para hacer fracasar el plan estadounidense.
Las fuerzas armadas israelíes han construido decenas de puestos militares avanzados en la zona de la Franja bajo su control, conectándolos al territorio israelí con nuevas carreteras. Y están transformando la línea amarilla, que separa dicha zona de la controlada por Hamás, en una verdadera frontera, con trincheras y terraplenes.
Los altos mandos del ejército israelí están además planificando una posible ofensiva militar sobre Gaza City en marzo, si el plan de desarme previsto por EE.UU. encontrara dificultades.
Netanyahu ha declarado que la próxima fase no concierne a la reconstrucción, sino a la desmilitarización de la Franja.
Y Avi Dichter, un ministro del gobierno y ex director del Shin Bet (el servicio secreto interno), ha afirmado que "debemos prepararnos para la guerra en Gaza", pues la cuestión del desarme "deberá ser resuelta por las tropas israelíes, con mano dura".
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