"El 12 de mayo de 2010, el presidente Zapatero, en un giro brusco a su
política, anunció ante el pleno del Congreso el mayor recorte
presupuestario de la democracia apuntalando, con ello, la posterior
derrota electoral de su partido.
Empujados por la incapacidad de la
eurozona para hacer frente al desafío que los mercados financieros
estaban lanzando, por sus flancos débiles, a un proyecto con serios
fallos de diseño, los países periféricos del euro fueron forzados a
aplicar severas políticas de austeridad como respuesta equivocada a una
crisis de desconfianza anclada en elevadas deudas públicas y privadas.
Según ha explicado en su libro El dilema, la situación evolucionó de
manera rápida, pero imprevisible, obligando a adoptar severos recortes
con una única razón: evitar un rescate que hubiera sido peor.
La posición del PP en este asunto fue contradictoria. Rajoy hizo
apología de la austeridad, reprochando incluso a Zapatero no haberle
hecho caso cuando unos días antes le había propuesto medidas adicionales
para recortar el voluminoso déficit público, pero votaron contra las
medidas por razones electorales, estando a punto de impedir su
aprobación (solo por un voto), lo que podría haber precipitado una
intervención exterior.
El posterior Gobierno popular hizo otro gran
ajuste presupuestario, pese a lo cual convivió con una prima de riesgo
tres veces superior a la peor de Zapatero hasta que aceptó, a los seis
meses de gobernar, un rescate financiero impuesto. (...)
Superamos los ataques especulativos sobre las primas de riesgo cuando el
BCE tomó las riendas más allá de las resistencias alemanas. Entonces,
evitó la salida del euro de los países más débiles mediante carísimos
rescates, inundó el mercado de liquidez y avanzó en la arquitectura de
un sistema financiero europeo. El famoso “haré todo lo necesario” de
Draghi venció a los mercados tras una dura pugna y eso explica la actual
recuperación más que los recortes presupuestarios nacionales. (...)
En el ámbito público, la austeridad se relajó a partir de 2012, con el
aplazamiento del objetivo del 3% de déficit durante varios años, con
Montoro gastando, en 2014, más que Salgado en 2011 y, sobre todo, con un
incremento, desde entonces, del 43% en la deuda pública. (...)
Los datos confirman que la austeridad trajo en España sufrimientos
innecesarios al agudizar la segunda depresión vivida durante 2011-2012.
De hecho, la recuperación solo empezó cuando regresaron el consumo y el
crédito, porque es el gasto lo que mueve esta economía globalizada,
justo lo contrario de lo proclamado por los defensores de la supuesta
austeridad expansiva.
Un lustro después, con similar ratio total deuda/PIB que antes,
podemos afirmar que la austeridad fue una cortina de humo impuesta por
los acreedores, nacionales y extranjeros, para diluir el coste de la
crisis mediante paro, bajadas salariales y recortes sociales, de manera
que acabaran pagando más la mayoría de los ciudadanos trabajadores,
aunque no fueran ellos los principales responsables de su origen.
Pero a
eso no se le llama austeridad, sino variante interna de un plan de
estabilización de los de toda la vida. De esos que incrementan las
desigualdades sociales y el malestar político en un país. ¿Les suena?" (
Jordi Sevilla
, El País, 11 MAY 2015)
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