"A David Jiménez, corresponsal durante 17 años en Asia, curtido en
guerras, golpes de Estado y catástrofes humanitarias, la oferta para
dirigir El Mundo le llegó en el Marriott East Side de Nueva York. A ese
hotel de lujo fue a tentarlo en 2015 el presidente de Unidad Editorial,
Antonio Fernández Galiano, para darle un nuevo aire al periódico, que no
había llegado a recuperarse de la abrupta salida de su director y
fundador, Pedro J. Ramírez. (...)
"El poder económico protegía al poder político. El poder político
protegía al poder económico. La prensa protegía al poder económico",
escribe el exdirector en las memorias de un año al frente de El Mundo. (...)
En el libro cuenta que el
Gobierno de Rajoy no solo tomó los medios públicos sino que en las
televisiones privadas iba colocando tertulianos que recibían consignas a
través de mensajes telefónicos y que había políticos recordando a esos
periodistas quién les había puesto ahí.
Yo creo que durante los años de [Mariano] Rajoy en
relación a la prensa -y esto es algo que mantienen no sólo periodistas
que uno pueda considerar de izquierdas sino que los que podrían ser más
afines al Partido Popular también te lo dicen- se vivió el mayor ataque
contra la libertad de prensa de este país desde la dictadura. (...)
En el libro cuenta que el
Gobierno de Rajoy no solo tomó los medios públicos sino que en las
televisiones privadas iba colocando tertulianos que recibían consignas a
través de mensajes telefónicos y que había políticos recordando a esos
periodistas quién les había puesto ahí.
Yo creo que durante los años de [Mariano] Rajoy en
relación a la prensa -y esto es algo que mantienen no sólo periodistas
que uno pueda considerar de izquierdas sino que los que podrían ser más
afines al Partido Popular también te lo dicen- se vivió el mayor ataque
contra la libertad de prensa de este país desde la dictadura. Yo a los
pocos días de llegar a la dirección del periódico recibí un mensaje del
Gobierno en el que se me transmitió que no estaban contentos con la
persona que cubría el PP.
En ese momento yo ni siquiera la conocía y no
sabía si era buena periodista o mala. Lo que sí sabía es que jamás iba a
aceptar que desde el Gobierno dijeran quién tenía que cubrir sus
informaciones y quién no. El Gobierno usaba la estrategia del palo y la
zanahoria. El que no pasaba por el aro recibía castigos, se expulsaba de
las tertulias, se provocaba el despido de gente haciendo llamadas a los
grandes directivos, se amenazaba con la publicidad institucional, con
las licencias de televisión…
En 2015 las elecciones son en diciembre y
hay una concesión de licencias digitales de televisión en octubre. ¡Qué
casualidad! Lo que hace es enviar el mensaje clarísimo para que los
medios sean buenos si quieren tener alguna posibilidad de que les caiga
una licencia de esas que están valoradas en muchos millones de euros.
El Gobierno de Rajoy fue un periodo muy tóxico y no
solo por la gestión de los medios públicos. Se vio claramente lo que se
hizo con ellos, pero también se extendió a los privados y ahí yo creo
que los periodistas de nuevo pudimos haber sido más más valientes, no
hubo suficiente resistencia a ese acoso a la prensa. (...)
Uno de los aspectos más surrealistas de esa presión
era que había un enfrentamiento en el Gobierno entre [Soraya Sáenz de]
Santamaría y [María Dolores de] Cospedal y una lucha entre las dos por
colocar al mayor número de tertulianos, a veces para atacarse entre
ellas.
A mí me pasó que al poco de llegar a la dirección,
Gallego y Rey publicaron una viñeta en la que se relacionaba a Rajoy con
la corrupción y entonces recibí un mensaje muy crítico de la secretaria
de comunicación del Gobierno [Carmen] Martínez de Castro. Me quedé un
poco sorprendido porque venía de Estados Unidos donde eso es impensable
yo no me podía imaginar al secretario de comunicación estadounidense
enviándole al director de el New York Times o el Washington Post
mensajes censurando una viñeta humorística. Y claro si se censuraba eso,
qué no iba a pasar cuando ya eran informaciones sobre corrupción. (...)
Yo creo que se hizo un esfuerzo por mantener la independencia del
periódico. ¿Qué ocurre? En los años de Rajoy cuatro directores de El
Mundo son despedidos. ¿Es eso casualidad? ¿De repente todos eran
malísimos? Pongamos que yo era malísimo, ¿los otros tres también? No hay
precedentes en la historia del periodismo de este país.
Una destitución
tras otra de directores. ¿Y por qué se producen esas destituciones?
Porque había una campaña coordinada del poder económico y del poder
político para someter a un periódico que había sido uno de los más
combativos durante la democracia. (...)
El exministro del Interior
Jorge Fernández Díaz le dijo a usted que "no son tiempos para la
neutralidad". En ese momento, allá por 2015, y según estamos viendo
ahora, en su Ministerio estaba operando una policía política para
perseguir adversarios y destruir pruebas de casos judiciales que podrían
perjudicar mucho al Partido Popular. Es entonces cuando le dice el
ministro que "no son tiempos para la neutralidad" al director de uno de
los principales periódicos del país.
Lo curioso no es que el ministro me dijera que no
eran tiempos para la neutralidad y me pidiera que sometiera la
independencia del periódico a los intereses del Gobierno. Lo curioso es
que no fue sólo él, es que en sucesivas reuniones con ministros repetían
la misma frase.
Eso me hizo pensar que había sido una idea coordinada
desde el Gobierno. Ellos me transmitieron que había dos medios de
comunicación que les interesaba controlar o que les interesaba tener de
su lado, especialmente de cara a las elecciones de diciembre de 2015: El
Mundo y Antena 3 Televisión.
El propio ministro, y lo digo en el libro,
me contó que ahí están los dudosos que pueden elegir entre Ciudadanos y
el PP. Entonces ahí se produce ya esa idea del concepto patriótico. Y
esas frases de que el periodismo está muy bien, la independencia está
muy bien, pero que estamos en un momento en el que tenemos que ser
patrióticos. ¿Y ser patriótico qué es? Pues destruir a los adversarios
del Partido Popular y tratar de que vuelva a salir reelegido Mariano
Rajoy.
¿La coartada de que España
estaba en peligro por "la llegada del populismo" sirve al mismo tiempo
para poner a policías a fabricar informes contra rivales políticos del
PP y para decir a los directores de periódicos que no son tiempos para
la neutralidad?
Hay que irse al tiempo que estábamos viviendo en ese
momento. Pablo Iglesias no estaba en el momento bajo en el que está
ahora, donde las encuestas le dan cada vez menos votos. Se veía a Pablo
Iglesias como una posible alternativa al poder. En alguna encuesta salía
segundo no muy lejos del Partido Popular. Habían tenido en las
elecciones europeas aquella irrupción y la élite veía eso con terror.
Algunos pensaban que les iban a confiscar la casa de la playa.
Identificaban riesgos y lo comparaban con lo que estaba pasando ya en
Venezuela. Y ahí yo creo que se toma la decisión en el establishment
-y ahí vuelvo al triunvirato del que hablaba antes del poder económico
político y mediático- para decidir qué hacer y evitar la llegada al
poder de Podemos.
Y yo estoy en desacuerdo con casi todas las medidas
que propone Podemos en muchos aspectos económicos por ejemplo, pero una
cosa es estar en desacuerdo con un partido y otra, romper las reglas de
la democracia y tratar de destruirlo utilizando además el dinero público
de todos, la policía que debe proteger a todos las instituciones que
están ahí para servir a todos.
Este es uno de los grandes escándalos de
la democracia en este país y lo que me llama la atención es que no sea
mediáticamente mucho más escándalo de lo que está siendo la pregunta.
Dice que el establishment se asusta ante la posible victoria de Podemos y piensa qué hacer para impedirlo. ¿Qué se hizo?
Lo que se hizo fue utilizar desde el Ministerio del
Interior todos esos resortes de la policía y demás para investigar a
Podemos. Me parece bien que si hay sospechas de que tiene financiación
irregular se investigue. Pero es que se hizo mucho más.
Es que se
produce una alianza entre el Ministerio del Interior y algunos
periodistas de algunos medios para fabricar noticias, porque al final yo
cuento en una parte del libro que a mí se me ofrecieron dos informes de
Podemos que uno lo veía y decía que esto no tiene seriedad, no tiene un
sello, no tiene absolutamente nada. ¿Entonces cuál era mi reacción?
Digo que vamos a investigarlo nosotros, no dar simplemente la filtración
que nos llega, el papel.
Eso que decimos siempre en España de que no
hay periodismo de investigación, que hay periodismo de filtración, es
una gran verdad porque muchas veces lo que se hace es publicar el papel
que está filtrado interesadamente sin haber hecho una investigación. Eso
en un periodismo como el anglosajón, el alemán, o el francés sería
absolutamente imposible. (...)
Cuenta en el libro que el
expresidente del BBVA Francisco González cuando necesitaron cuadrar las
cuentas de El Mundo a final de año se ofrece a solucionarlo. Es el mismo
banquero que en aquel momento estaba pagando a Villarejo a cambio de
espiar a políticos y rivales.
Es cierto que en 2015 no lo sabíamos pero…
Lo que le pregunto es si esa
forma de ayudar a la prensa es un camino para garantizarse la impunidad,
vistas las prácticas que estaban llevando a cabo.
El BBVA por ejemplo es un banco que tenía un fondo y
un dinero destinado a ganarse periodistas y a financiar medios de
periodistas afines. Está dentro de lo que yo llamo "Los acuerdos" en el
libro, que son estos pactos de los que hablábamos antes. El Ibex paga a
la prensa mucho más dinero del que le correspondería por audiencia. (...)"
(Entrevista a David Jiménez, ex-director de El Mundo, José Precedo, 04/04/19)
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