"El “acto XX” de la movilización de los chalecos amarillos
franceses registró ayer una participación a la baja e incidentes
limitados, en la misma tónica que la semana anterior. Varios factores
están contribuyendo al apaciguamiento.
A la severidad judicial –se han
dictado ya unas 800 penas de cárcel desde que
comenzaron las algaradas, el 17 de noviembre pasado– se suma un masivo
despliegue de la policía, semana tras semana, que no ha reparado en
medios, la prohibición a manifestarse en las zonas más simbólicas de las
grandes ciudades y un endurecimiento de las multas a quienes
contravengan las órdenes. (...)
Desde el 17 de noviembre, Macron
y su Gobierno reaccionaron en diversos frentes. Hubo concesiones a las
reivindicaciones originarias, por ejemplo la supresión de la ecotasa,
una subida del salario mínimo y otras medidas, por un volumen de 10.000
millones de euros. Al mismo tiempo el presidente se embarcó en un gran
debate nacional que lo ha llevado a discutir, en sesiones de largas
horas, con políticos locales y ciudadanos, en todo el territorio.
Macron
debe anunciar todavía nuevas medidas basadas en las conclusiones de
estos debates. Pero lo decisivo para contener las protestas ha sido la
firmeza de la policía y de los jueces. Según la ministra de Justicia, Nicole Belloubet,
ha habido ya unas 9.000 detenciones desde el inicio del movimiento. En
2.000 casos se procedió a juicios rápidos, que se han saldado en unas
800 penas de cárcel.
El Consejo Constitucional
rechazó la petición de prohibir a la policía el uso de balas de goma y
de un tipo de granadas ensordecedoras muy potentes, pese a que han
dejado tuertos a una veintena de manifestantes o causado mutilaciones en
manos y pies. La dureza policial fue avalada, pues, por la máxima
instancia de control del país.
El secretario general del sindicato
policial Alliance, Frédéric Lagache,
expresó ayer el hartazgo de las fuerzas del orden, obligadas a estar al
pie del cañón, cada sábado, desde hace más de cuatro meses, y a
realizar su labor impopular en condiciones muy difíciles. Las jornadas
más duras han movilizado a más de 100.000 agentes y 30.000 bomberos.
Pese a la inflexión a la baja del movimiento
contestatario, la protesta no se ha sofocado y nada garantiza que no
renazca con fuerza, pues el malestar social es profundo y no se ha
disipado." (Eusebio Val, La Vanguardia, 31/03/19)
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