3.8.23

Fue la gente: las claves de la resistencia de Sánchez... 'está pasando algo, algo que va por debajo del radar y que las encuestas no están pillando, pero vemos a la militancia desatada, como hacía tiempo no la veíamos'... ¿qué era ese algo que despertó a los militantes y a los simpatizantes socialistas? La gente de izquierdas, suele ser compasiva; personas atentas a lo que sucede a su alrededor, y cuando ve que se quieren meter en la vida de un vecino que es gay o de la hija de una vecina que es lesbiana, se levanta y dice: hombre, por ahí no, dejad a las criaturas que vivan su vida en paz. Ahí, con cosas así, se produce la reacción. Es entonces cuando aquellos vietcongs se levantan y le dan la vuelta a las elecciones

 "(...) Justo una semana antes de las elecciones del 23 de julio, durante un viaje en AVE con destino a un mitin en Valencia, Sánchez pronunció hasta tres veces un latiguillo que en realidad parecía un conjuro: “Contra todo pronóstico”. 

Nos recordó —o se recordaba a sí mismo—que tanto las primarias de su partido como la moción de censura a Mariano Rajoy habían sido con el viento en contra: “Nunca he tenido elecciones fáciles”. En ese momento parecía el único en el PSOE que tenía fe verdadera en conseguir un resultado capaz de frenar al bloque compuesto por el PP y Vox. José Marcos, el redactor de este periódico que cubre la información del PSOE, recuerda: “En los días siguientes a la convocatoria, varios secretarios de organización —los fontaneros del partido, aquellos que controlan los mecanismos— me decían: solo tenemos un 20% de opciones; a la semana siguiente decían que un 30%, y la última semana, aunque con mucha prudencia, comentaban: está pasando algo, algo que va por debajo del radar y que las encuestas no están pillando, pero vemos a la militancia desatada, como hacía tiempo no la veíamos”.

(...)  ¿qué era ese algo que despertó a los militantes y a los simpatizantes socialistas? (...)

Fernández de los Ríos es, además de secretario general del PSOE de Sevilla, (...)

 “Hay una memoria que va de generación en generación. Aquí la gente lo pasó muy mal durante los 40 años del franquismo, y el PSOE fue luego, durante 37 años, el partido que le dio oxígeno para tener y disfrutar un nivel de vida razonable. Eso no se olvida, y aunque algunas veces la gente se enfade con el partido —por medidas que no gustan, por ciertas acciones no ejemplarizantes de algunos dirigentes— no termina de romper. A veces te pegan algún tirón de orejas para hacerte saber que no vas por el camino correcto, pero cuando se les necesita están ahí, como una familia”. (...)

“No hay que confiarse. El PSOE de Andalucía es un gigante caído, que en cuanto se levante te puede destrozar”. (...)

José Caballos ha sido uno de los grandes muñidores del PSOE andaluz desde los tiempos de Felipe González y Alfonso Guerra. (...) “Mira, aquí ser socialista es como ser del Sevilla o del Betis, o de una cofradía de Semana Santa. Tú puedes enfadarte con tu equipo, y criticar la forma en que el presidente hace las cosas, pero como mucho dejas de ir al campo —o de votar en este caso— pero nunca dejas de ser de tu equipo”.

“Pedro Pacheco decía que en realidad lo que el PSOE tiene son vietcongs. Decía: Tenías un montón de vietcongs, que tú no los ves, que están escondidos, no hacen ruido, y de buenas a primeras empiezan a salir y te la lían. Y la verdad es que la realidad es esa. Nuestra gente sigue estando ahí. Nuestros barrios y nuestros pueblos están llenos de gente así, que aunque no esté afiliada se siente socialista, y cuando pasan ciertas cosas, se levanta y reacciona”, relata Caballos. Y añade: “Cada elección que pasa tenemos menos gente que recuerda cómo fue la guerra aquí o cómo fue la dictadura o cómo ha mejorado Andalucía. Pero nuestra gente, la gente de izquierdas, suele ser compasiva; personas atentas a lo que sucede a su alrededor, y cuando ve que se quieren meter en la vida de un vecino que es gay o de la hija de una vecina que es lesbiana, se levanta y dice: hombre, por ahí no, dejad a las criaturas que vivan su vida en paz. Ahí, con cosas así, se produce la reacción. Es entonces cuando aquellos vietcongs de los que hablaba Pacheco se levantan y le dan la vuelta a las elecciones”.

En Badalona, el militante socialista José Luis Díaz Torrevejano trata de explicar lo sucedido en una ciudad que acababa de otorgarle la mayoría absoluta a Xavier García Albiol hace solo un par de meses y que en las generales le ha dado la vuelta a la tortilla hasta el punto de que, en los 34 barrios del municipio —incluidos los tres del centro, de marcado carácter independentista—, ha ganado el Partido Socialista de Catalunya (PSC). “Aquí la alarma saltó”, explica, “cuando vimos en directo qué estaba pasando con los pactos del PP y Vox, en Valencia, en Castilla y León, y sobre todo en Extremadura, que lo vimos en directo. La gente dijo: esto no lo queremos para el Gobierno de España. Si a eso le sumas que Santiago Abascal amenazó con volver a traer el conflicto a Cataluña, te das cuenta de que no solo la gente de izquierdas se ha movilizado, sino que el votante independentista también ha recurrido al voto útil”. (...)

Uno de los últimos mítines de Pedro Sánchez en campaña fue precisamente en San Sebastián. La afluencia rebasó las expectativas. Muchos antiguos concejales —de aquellos que vivieron la mitad de la vida escoltados, de entierro en entierro por culpa de ETA— se quedaron en las escaleras. El presidente se percató y se acercó a saludarlos. El líder de los socialistas vascos, Eneko Andueza, (...) destaca que hay algo en el Partido Socialista que no tienen el resto de los partidos y que, en circunstancias como las actuales, es determinante. “La presencia”, asegura, “la gente sabe, porque nos ve en las casas del pueblo, que cuando vienen malas, cuando la convivencia está en riesgo, en la época más dura de ETA o durante el Gobierno de Ibarretxe, la tabla de salvación es el PSE. Y que también ahora somos capaces de darle estabilidad al país, gobernando con el PNV, pero sin perder nuestra identidad y nuestro criterio”. (...)"                 (Pablo Ordaz, El País, 30/07/23)

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