"Cataluña merece especial atención, y no solo por su peso en las dinámicas nacionales, sino porque es el lugar en el que las tendencias políticas foráneas se han manifestado de manera más nítida desde hace una década. En Cataluña se han dibujado de manera nítida esas rupturas entre la capital y el resto del territorio y entre las costas y el interior, así como el papel relevante de las periferias de la gran ciudad, desde las que mejor se pueden entender los cambios electorales de los últimos años.
La novedad actual se refiere a la transformación de las fuerzas rupturistas de nuestra época, las derechas, que tiene en el ámbito catalán una expresión significativa. No obstante, para entender con precisión el giro en el que están inmersas estas formaciones, hay que hacer algo de historia.
Cataluña fue la zona de España en la que, en la década pasada, las tendencias populistas se vieron mejor reflejadas. El procès fue su resultado: en él se citaron las constantes de esos movimientos.
En primera instancia, supuso un salto, hoy habitual, desde la ideología hacia el territorio como camino de salida. Después de la crisis, y ante un momento social y económicamente complicado, las esperanzas de revitalización de los independentistas no se colocaron en una visión política de derechas o de izquierdas, sino en la revitalización del país. La idea central era liberarse de las constricciones que impedían que Cataluña floreciese. De ese modo, sus ciudadanos alcanzarían una vida mejor.
Desde esa perspectiva, el enemigo al que combatir era externo: los problemas estaban causados por un gobierno lejano que impedía el desarrollo catalán mediante un sistema que extraía recursos y restaba libertad de decisión. El Brexit se tejió con esa misma mentalidad: mientras que los británicos querían separarse de la Unión Europea, ya que la entendían un freno para su crecimiento y desarrollo en lugar de una ventaja, los independentistas querían hacerlo de España. “Solos nos irá mejor” era una visión compartida.
El resultado fue que el territorio, el enemigo externo y la transversalidad convirtieron a los 'indepes' a ser la fuerza política dominante
El tercer elemento populista fue el surgimiento de una coalición transversal, que en Cataluña no se forjó mediante un solo partido, sino mediante la unión en el objetivo de las dos principales formaciones catalanistas. En el movimiento independentista convivieron quienes querían hacer de Cataluña la Israel de Europa (el país pequeño, muy conectado, tecnológico y económicamente muy liberal) con los tractoristas. Clases medias urbanas, profesores, sanitarios, empleados cualificados y pequeños empresarios y jubilados del ámbito rural se unieron en la lucha por la independencia. Junts atraía a un sector del electorado, ERC a otro.
En este sentido, da igual que el origen del procés fuera el pulso que Artur Mas quiso mantener con el gobierno español a raíz del crecimiento de Esquerra, o que la enormemente torpe gestión del 1-O que hizo Rajoy ofreciera a los indepes un marco, el de “solo queremos votar y nos pegan”, que impulsó su popularidad. Más allá de las causas, el resultado fue que el territorio, el enemigo externo y la transversalidad llevaron a los partidos independentistas a ser las fuerzas políticas dominantes.
Años después, Esquerra ha comprendido que la época es diferente, que la sociedad catalana quedó agotada con aquellos fuegos y que el independentismo giró de la desilusión hacia la resignación. Tras el golpe electoral sufrido, ERC se ha recompuesto, tanto en el plano de la política catalana como en el de la estatal. Rufián aseguraba ayer que no tenía “puñeteras ganas de que Abascal sea vicepresidente, me da igual que me llamen botifler”. Su eje vuelve a ser ideológico, ahora marcado por la presencia de la extrema derecha, en lugar de territorial.
Los recursos públicos se acortan por el gasto añadido que los inmigrantes provocan, según la formación Aliança Catalana
Junts no ha salido del viejo marco. La fuga de Puigdemont significó otro pulso al Estado, y en él permanece. Ocupa una posición ambigua, porque busca la amnistía, lo que le obliga a pactar con el gobierno, pero al mismo tiempo se ha enfrentado con notable frecuencia a aquellos con los que quiere pactar. Sin embargo, el pulso que está perdiendo es el ideológico: de nuevo, en Cataluña se están reproduciendo las tendencias internacionales. Si las encuestas son fiables, el reemplazo de las viejas derechas por las nuevas aparece en el horizonte: Aliança está ya a la misma altura que Junts.
El cambio más significativo, que Junts no podía ver porque su estrategia se lo imposibilitaba, es el de la sustitución del enemigo exterior por el interior.
Este cambio de eje, del enemigo exterior al interior, es en el que se están apoyando tanto Vox como Aliança, y no se agota con la inmigración
La inmigración es un caso evidente: la identidad catalana está amenazada en primer lugar por la llegada masiva de extranjeros que no se adaptan a las costumbres locales y que no hablan el idioma del territorio (prefieren el castellano). Los recursos públicos se acortan por el gasto en prestaciones y por la presión sobre la sanidad y educación que los inmigrantes provocan. Además, el vínculo entre inmigración y delincuencia es cada vez más creído por los catalanes. El principal riesgo para Cataluña ya no es el Estado español, sino el enemigo interior. La independencia es necesaria como consecuencia, pero no como pivote que lo estructura todo: “Dentro del marco español nunca conseguiremos revertir la situación dramática que estamos viviendo en términos migratorios. Es esencial, imprescindible, restituir nuestro Estado para ejercer nuestro propio control fronterizo”.
Este cambio de eje, del enemigo exterior al interior, es en el que se están apoyando tanto Vox como Aliança, y no se agota con la inmigración. Trump consiguió el triunfo señalando a las élites de las costas, a las políticas climáticas, al globalismo y a las directrices económicas de Biden. El problema no era tanto la inmigración, sino un establishment que impulsaba su llegada, del mismo modo que adoptaba otras ideas perjudiciales para el país; eso era lo que había que combatir. Vox sigue ese camino y ataca al establishment, es decir, al bipartidismo (con especial énfasis en el Gobierno de Sánchez) a los que dictan regulaciones climáticas que empobrecen el campo, impuestos que arruinan a las pequeñas y medianas empresas e imponen las políticas culturales de la izquierda. Aliança tiene un ideario muy similar. Juegan en la misma liga.
Este giro es decisivo en la política catalana porque devuelve el voto al marco interior, de modo que las zonas rurales votan contra la ciudad, y por eso Aliança crece en esos territorios, Vox encuentra su votante en las periferias de la gran urbe, y las zonas en las que se habla catalán como primera lengua escogen opciones ideológicas diferentes de aquellas en las que se habla castellano. El marco nacional deja de unir, y cada comarca apuesta por defender sus intereses. Lo local cobra un nuevo impulso.
¿Qué es Junts sin el PSOE?En ese cambio del eje exterior hacia el interior, Junts se ha quedado sin sitio. Los de Puigdemont eran independentistas, mientras que Aliança tiene ribetes antisistema, lo que introduce un matiz poderoso: se regresa a elementos ideológicos, aunque estén anclados en el territorio y en la lengua. Junts se debate entre priorizar los postulados liberales que una vez definieron a CiU o insistir en la confrontación con el Estado.
El problema para los de Puigdemont es que su fuerza radica únicamente en esa mezcla de negociación y confrontación con el Estado. Al jugárselo todo a esa carta, su futuro parece depender de los resultados que obtenga: la amnistía, el regreso de Puigdemont y la oficialidad europea del catalán, ese conjunto de reivindicaciones con las que presiona a Sánchez. Pero incluso en eso está por debajo del atrevimiento de Aliança: Orriols quiere que se vayan los inmigrantes. Junts, dados sus vínculos con el mundo económico, no puede abogar por el cierre a la inmigración: va contra su naturaleza. Por eso insiste en la reincidencia y el traspaso de competencias en inmigración. Le ocurre lo mismo que al PP con Vox: los de Abascal siempre serán más exigentes en ese plano.
Junts está más atrapado de cara al futuro con el PSOE que al revés, que ya es decir
La paradoja de Junts es que su fuerza radica en la interlocución con el Gobierno de Sánchez, que desaparecerá en el caso de un gobierno PP-Vox. Además, dada la coincidencia en los programas de Vox y Aliança en dos o tres aspectos, es más probable que sus intereses los acercasen en temas puntuales.
Un (improbable) fin de la legislatura causado por Junts sería muy negativo para los de Puigdemont. Pero tampoco el horizonte parece mejor si se convocasen elecciones generales: los socialistas podrían perder, pero quedarían con un buen número de diputados como el partido más importante de la oposición. Lo de Junts es mucho más imprevisible.
Dicho de otra manera, Junts está más atrapado de cara al futuro con el PSOE que al revés, que ya es decir. Junts puede causar un daño inmediato y contundente a Sánchez, con lo que conserva capacidad de amenaza, pero ese momento perdería todas sus cartas tanto con el gobierno español como con muchos de sus electores.
Según la última encuesta del CEO, Vox y PP están empatados, igual que Aliança y Junts. Las nuevas derechas avanzan. Las tendencias internacionales se reflejan con más rapidez y nitidez en Cataluña."
( Esteban Hernández, El Confidencial, 04/12/25)
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