14.6.26

El Informe sobre Justicia Global es un plan a la vez ambicioso y moderado. Ambicioso al mostrar cómo se podría lograr la prosperidad global y resolver la crisis climática; pero es moderado, ya que, ¡no se podrá lograr hasta dentro de 75 años! Un tiempo muy largo para varios miles de millones de seres humanos y las especies del planeta... El objetivo es que la renta nacional mensual per cápita en todo el mundo converja hasta alcanzar los 5000 € en todos los países... Casi el 90 % de la población mundial duplicaría sus ingresos trabajando aproximadamente la mitad de horas. El calentamiento global se limitaría a 1,8 °C para 2100, en lugar de acelerarse hasta superar los 4 °C... Los fondos recaudados provendrían de un impuesto global sobre el patrimonio (que aumentaría del 0 % para quienes posean 10 veces la riqueza media mundial, hasta el 20 % anual para los multimillonarios) y de un impuesto global sobre la renta (que alcanzaría el 90 % en los tramos más altos), ambos dirigidos a alrededor del 1 % de la población mundial... ¿Qué gobierno del G7 en el mundo está dispuesto a adoptar tales políticas? Ninguno... Al contrario, los gobiernos han bajado los impuestos a los ricos y a las empresas y los han subido al resto... ¿Qué falta aquí? El capitalismo va a seguir existiendo. Los propietarios del capital —los bancos, las empresas energéticas, las empresas tecnológicas y de medios de comunicación, las grandes farmacéuticas y sus propietarios multimillonarios— no van a ser expropiados... la desigualdad no es el resultado de nuestras políticas, instituciones y estructuras de gobernanza, sino el resultado de la propiedad privada del capital y de unos gobiernos dedicados a mantener su poder y su riqueza. Si eso no cambia, la desigualdad de ingresos y riqueza a nivel mundial y nacional persistirá y seguirá empeorando, y el cambio climático alcanzará puntos de inflexión irreversibles (Michael Roberts)

"El pasado fin de semana, el World Inequality Lab (WIL) organizó la tercera edición de su Conferencia Mundial sobre la Desigualdad, celebrada en la Escuela de Economía de París.

El WIL aloja y mantiene la Base de Datos Mundial sobre Desigualdad, una base de datos de acceso libre sobre la desigualdad global. Probablemente los miembros más famosos del equipo del WIL sean sus directores, Thomas Piketty y Gabriel Zucman, el primero por su obra magna El capital en el siglo XXI y sus libros posteriores.

La conferencia contó con asistentes de 58 nacionalidades diferentes y se centró en la presentación del Informe sobre Justicia Global del WIL.  En el discurso de apertura se constató que aunque la desigualdad global ha disminuido drásticamente desde que Keynes planteó la posibilidad de resolver el "problema económico" de lograr prosperidad y ocio para todo el mundo, el problema económico persiste. El mundo sigue enfrentándose a "desigualdades crudas y crecientes y a una crisis medioambiental cada vez mayor" (nótese la ausencia de referencia a las crisis regulares y recurrentes de producción e inversión).  Pero el "problema económico" puede resolverse con "escenarios concretos y alcanzables", y el futuro puede no ser "una distopía tecnológica, sino una de prosperidad para todos: una utopía" (Piketty).

En el informe, los autores afirman "plantear una nueva visión para el progreso global en el siglo XXI: basar el desarrollo humano y la igualdad en la habitabilidad del planeta". Un plan en mi opinión, a la vez ambicioso y moderado. Es ambicioso al mostrar cómo se podría lograr la prosperidad global y resolver la crisis climática; pero también es moderado, ya que, según los autores, ¡no se podrá lograr hasta dentro de 75 años! Un  tiempo muy largo para varios miles de millones de seres humanos y las especies del planeta.

El informe establece algunos objetivos clave. El objetivo es que la renta nacional mensual per cápita en todo el mundo converja hasta alcanzar los 5000 € en todos los países, cerrando así una brecha de 16 veces.

Para lograrlo, la participación de la mitad más pobre de la riqueza mundial debe aumentar del 2 % al 30 %, mientras que la participación de la clase multimillonaria a nivel mundial debe reducirse del 6 % al 0,05 %. Casi el 90 % de la población mundial duplicaría sus ingresos trabajando aproximadamente la mitad de horas de las que trabaja hoy en día. El calentamiento global aumentaría desde su media actual de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales, pero se limitaría a 1,8 °C para 2100, en lugar de acelerarse hasta superar los 4 °C según las tendencias macroeconómicas y políticas de referencia previstas.  Así pues, el objetivo es: la igualdad global de ingresos, el fin del calentamiento global, una reducción de la jornada laboral para todos y todas, una mejora masiva de los sistemas educativos y sanitarios, la reforestación y el fin de la agricultura industrial.

¿Cómo se lograría esto? Se crearía un Fondo de Justicia Global que recaudará fondos suficientes para realizar un gasto anual equivalente, de media, al 10,3 % del PIB mundial durante el periodo 2026-2060 —un aumento enorme respecto al gasto actual de los organismos internacionales y los gobiernos, que apenas alcanza el 0,4 % del PIB al año—.

Parte de los fondos recaudados y de los ingresos posteriormente reinvertidos se destinarían a un Fondo Soberano Mundial equivalente al 60 % del PIB mundial. Los fondos recaudados provendrían de un impuesto global sobre el patrimonio (que aumentaría del 0 % para quienes posean 10 veces la riqueza media mundial, hasta el 20 % anual para los multimillonarios) y de un impuesto global sobre la renta (que alcanzaría el 90 % en los tramos más altos), ambos dirigidos a alrededor del 1 % de la población mundial. Básicamente, los ingresos de los multimillonarios se reducirían drásticamente mediante la fiscalidad y luego se redistribuirían. El impuesto global sobre el patrimonio significaría que la participación del 50 % más pobre en la distribución de la riqueza mundial pasaría del 2 % actual a alrededor del 30 % en 2100, un aumento de 15 veces, mientras que la participación en la riqueza de la clase multimillonaria mundial se reduciría del 6,4 % al 0,05 %, una disminución de más de cien veces. El Fondo de Justicia Global estaría controlado democráticamente por los gobiernos nacionales con un poder de voto proporcional a la población.

Los autores estiman que no sería posible una convergencia global hacia un nivel superior a los 5000 euros al mes y, al mismo tiempo, mantener el calentamiento global dentro de un presupuesto de carbono de 2 °C. Por lo tanto, se trata de una disyuntiva. El informe rechazó un escenario burdo de "decrecimiento", es decir, aquel en el que toda la población de los países ricos del Norte global sufre una pérdida de ingresos para ayudar a aumentar los ingresos de los del Sur global. Los autores consideran que pueden cuadrar ese círculo redistribuyendo la riqueza y los ingresos dentro de los países del Norte global, de los multimillonarios a la mayoría, y también reduciendo las horas de trabajo mediante el aumento de la productividad y una mayor inversión en educación y salud. Concluyen que "la suficiencia selectiva puede ser más eficaz que el decrecimiento agregado. Por ejemplo, un objetivo de PIB per capita de 60 000 euros, con un gran cambio en el consumo hacia sectores inmateriales, un cambio en los hábitos alimentarios y la reforestación implícita, conduce a un aumento de la temperatura de 1,8 °C en 2100, es decir, menos que los 1,9 °C asociados a un gran decrecimiento uniforme (15 000 euros para todo el mundo en 2100) pero sin suficiencia ni transformación estructural". Al mismo tiempo, la producción de combustibles fósiles se eliminaría gradualmente y se sustituiría por completo por energías renovables para reducir los daños del calentamiento global.

¿Qué podemos concluir de esto? ¿Son viables, económica y políticamente, estos objetivos de igualdad global y de limitar el calentamiento global por debajo de los 2 °C? Los economistas dominantes no han tardado en desacreditar el informe. Noah Smith, un conocido comentarista económico, calificó el informe de "descabellado y una completa tontería".  Según Smith, la afirmación del informe de que el calentamiento global alcanzará los 4 °C a finales de siglo está desfasada y es tremendamente exagerada, solo para que Piketty y sus amigos puedan justificar su "excesivo" impuesto sobre el patrimonio.

Smith continúa diciendo que el informe aboga por el "proyecto político inviable" del decrecimiento (lo cual no es cierto, como se ha explicado anteriormente) y prevé "una planificación económica global que haría palidecer al Gosplan". "Aún más ridículo es que Piketty prevea una autoridad fiscal global para llevar a cabo este plan demencial mediante una fiscalidad global".  Desde el punto de vista del capital y de los superricos, Smith tiene razón: para alcanzar incluso estos modestos objetivos (igualdad global y control climático para finales de siglo) se necesitaría una planificación global y cooperación internacional. Smith lo considera "una locura", pero no ofrece ninguna alternativa a la locura actual de seguir destruyendo el planeta y permitir que la pobreza y la desigualdad no dejen de aumentar.

Mi propia crítica al informe es que se basa en la distribución a posteriori, no en la predistribución, es decir, en la propiedad y el control colectivos del poder corporativo. Las respuestas políticas que ofrece el informe son: redistribuir los ingresos mediante una fiscalidad progresiva y transferencias sociales, más inversión pública en educación y salud y un sistema monetario global. ¿Qué falta aquí? No hay ninguna política para cambiar radicalmente la estructura socioeconómica de la economía mundial. En efecto, el capitalismo va a seguir existiendo. Los propietarios del capital —los bancos, las empresas energéticas, las empresas tecnológicas y de medios de comunicación, las grandes farmacéuticas y sus propietarios multimillonarios— no van a ser expropiados. En su lugar, simplemente debemos gravarles con fuertes impuestos y los gobiernos deben unirse para utilizar el dinero recaudado en invertir en necesidades sociales. Así pues, la política consiste en la redistribución de la desigualdad existente en los ingresos y la riqueza, no en la predistribución, es decir, en cambiar la estructura social que engendra estas desigualdades extremas, a saber, la propiedad privada de los medios de producción.

Una élite muy reducida posee los medios de producción y las finanzas, y así es como se apropia de la mayor parte, y más aún, de la riqueza y los ingresos. Y la concentración de la riqueza tiene que ver realmente con la propiedad del capital productivo, los medios de producción y las finanzas. Es el gran capital (financiero y empresarial) el que controla las decisiones de inversión, empleo y finanzas del mundo. Un núcleo dominante de 147 empresas, a través de participaciones entrelazadas en otras, controla conjuntamente el 40 % de la riqueza de la red global. Un total de 737 empresas controlan el 80 % del total.

Esta es la desigualdad que importa para el funcionamiento del capitalismo: el poder concentrado del capital. Y dado que la desigualdad de riqueza se deriva de la concentración de los medios de producción y las finanzas en manos de unos pocos, que esa estructura de propiedad permanece intacta, cualquier política redistributiva basada en el aumento de los impuestos sobre la riqueza y los ingresos siempre se quedará corta a la hora de resolver el "problema económico".

Llegados a este punto, a menudo se argumenta que la propiedad pública de las finanzas y de los sectores clave de las principales economías del mundo es imposible y utópica —nunca sucederá a menos que se produzca una revolución popular—, lo cual, a su vez, nunca sucederá.  Mi respuesta sería que la adopción de políticas supuestamente menos radicales, como la fiscalidad progresiva y/o un cambio radical en la inversión pública, o la cooperación global para romper la transferencia de valor e ingresos del Sur Global a la élite rica del Norte Global, son igual de "utópicas".   Y, de hecho, esa es la opinión de economistas procapitalistas como Noah Smith.

¿Qué gobierno del G7 en el mundo está dispuesto a adoptar tales políticas? Ninguno. ¿Cuánto se han acercado a adoptar alguna de las políticas del informe en los últimos diez o veinte años? Nada en absoluto. Al contrario, los gobiernos han bajado los impuestos a los ricos y a las empresas y los han subido al resto, mientras que la inversión pública en necesidades sociales ha disminuido.  ¿Existe alguna cooperación global para poner fin a la explotación por parte de las multinacionales y los bancos en el Sur Global o para acabar con la producción de combustibles fósiles y los jets privados?

Los autores del informe afirman: "La desigualdad es una elección política. Es el resultado de nuestras políticas, instituciones y estructuras de gobernanza".  Pero la desigualdad no es el resultado de nuestras políticas, instituciones y estructuras de gobernanza, sino el resultado de la propiedad privada del capital y de unos gobiernos dedicados a mantener su poder y su riqueza. Si eso no cambia, la desigualdad de ingresos y riqueza a nivel mundial y nacional persistirá y seguirá empeorando, y el cambio climático alcanzará puntos de inflexión irreversibles."

 (Michael Roberts, Viento Sur, 13/06/26, fuente TheNextRecession , gráficos en el original)

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