José Villanueva, con su familia, tras ser desahuciado en el poblado de El Nodo, Avilés (Asturias). / Luis Ramón García-Hevia
"Con 60 años José Villanueva, aquejado de una enfermedad crónica,
lleva varias temporadas sin poder faenar. Este martes en el avilesino
poblado de El Nodo se ha producido un nuevo lanzamiento –término legal
utilizado cuando una persona es obligada a salir del actual domicilio en
el final de la fecha marcada por el juzgado– de los varios que todavía
hay previstos.
El mismo se suma a la lista que amplía el ocurrido este lunes en La
Carriona, también en una vivienda propiedad de la cofradía de pescadores
Virgen de las Mareas.
Tras romperse las negociaciones con la directiva de
la cofradía sobre la realización de un nuevo contrato, el afectado había
solicitado una vivienda de emergencia y un aplazamiento judicial sin
éxito, confirmándose el inicio del lanzamiento para la fecha prevista.
Desde primeras horas de la mañana varios furgones de la Unidad de
Intervención Policial –UIP– rodeaban la calle Corbeta con el fin de
garantizar el efectivo cumplimiento del mandato judicial.
A las 9 horas
empezaban a aparecer diversos activistas sociales con ánimo de mostrar
su apoyo a José y con la esperanza de que ocurriera un hecho fortuito
que arreglara la triste situación del afectado. (...)
Apenas empezaron a entonar los primeros cánticos reivindicativos,
tras el cordón policial, cuando desde el balcón de la vivienda se
escucharon silbatos y gritos, procedentes de los amigos, vecinos y
familiares que le acompañaban en sus últimas horas en el domicilio.
Pese
al despliegue policial, los activistas entraron rápidamente por la
puerta trasera del edificio, llegando hasta el portal principal, donde
varios agentes, apostados en las escaleras, les ordenaron salir a la
calle de nuevo. Ya era tarde, José empezó a sacar sus pertenencias, las
vecinas entre llantos argumentaban lo injusto de la situación. La lluvia
obligaba al refugio, pero el calor de los abrazos era más intenso que
unas gotas de agua.
El perjudicado, sereno y templado comentaba: "He trabajado un montón de años para la cofradía y ya ves, estoy en la calle". "Pero no pasa nada no quiero que nadie se alarme y sufra por mí", continuaba.
Y con gesto de resignación por fin sollozaba: "Me voy, no se a dónde
pero me voy, casi es mejor así, no quiero quedarme a vivir en un sitio
del que me echan porque debo 500 euros de alquiler que no han querido
cobrarme a la fuerza, llevan varios meses rechazando intencionadamente
el ingreso de las cuotas, ésa es la estrategia de la cofradía para
echarnos a todos los vecinos del barrio". (Luis Ramón García-Hevia, Diagonal, 09/06/15)

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