"(...) Eso es lo que ha cambiado. El que las políticas ya no se decidirán
sólo en las instituciones, cerrando sus puertas a los ciudadanos hasta
las próximas elecciones. Tal es la práctica que los movimientos
sociales, los partidos emergentes y las coaliciones populares han
introducido tras el 24-M en la vida política de este país.
Con un
considerable eco en el ámbito internacional, generalmente aprobatorio,
que va desde el Financial Times hasta los movimientos sociales que en el
mundo buscan ejemplos sobre los que apoyar su esperanza.
De ahí que las negociaciones en curso entre dirigentes de partidos,
entre alcaldables y presidenciables no necesariamente puedan seguir la
lógica de intereses según el cambio de cromos más conveniente. Claro que
los resultados hacen que se muevan esquemas y se flexibilicen presuntas
incompatibilidades. Sánchez e Iglesias hablan y comprueban que no son
tan distantes como pensaban.
Los imputados del Partido Popular, hasta
ahora atrincherados en la presunción de inocencia, empiezan a ser
abandonados a su suerte ante las exigencias de Ciudadanos. Las distintas
opciones del nacionalismo catalán se recuerdan mutuamente el pacto de
sangre que los une ante el avance de quienes defienden el derecho a
decidir pero se reservan el decidir otra cosa.
Es decir, el juego político se ha abierto, ha dejado de ser un juego,
porque múltiples ojos ciudadanos miran por las rendijas de las ventanas
de los salones del poder entreabiertas por una brisa juvenil. Y digo
juvenil porque el análisis de los datos electorales del 24-M, así como
de las intenciones de voto futuro, muestran una línea divisoria
fundamental en torno a los 55 años.
Según el politólogo Jaime Miquel,
los dos grandes partidos en el Estado sólo superan juntos el 50% del
voto a partir de esa edad. A la vez que Podemos y Ciudadanos dominan el
voto entre 18 y 45 años. Algo semejante ocurre en Catalunya, según mis
propias estimaciones, en donde CiU, PSC y PP son preponderantes en las
viejas generaciones mientras que ERC, las izquierdas y Ciutadans
representan mayoritariamente a los de menos de 40 años.
A esta observaciones se puede añadir un mapa electoral territorial en
donde los partidos y coaliciones emergentes dominan en las autonomías y
grandes ciudades más dinámicas económica y culturalmente. Con un dato
aún más revelador: el voto de los partidos tradicionales se concentra en
los grupos de menor nivel educativo. Por eso insisto en que la
divisoria entre nuevo y viejo, con su expresión en edad, educación y
territorio, es más significativa que la tradicional izquierda/derecha.
¿La prueba? En contraste con la idea del trasvase de votos de PP a
Ciudadanos, en estimaciones de mayo del 2015, Podemos recibe casi medio
millón de votantes del PP, que se habrían acercado al millón de no ser
por la aparición de Ciudadanos. O sea, Ciudadanos es derecha y Podemos,
Compromís y las coaliciones alternativas son de izquierda, pero todos
son expresiones de la irrupción de una nueva política en el espacio
abierto por los movimientos sociales.
Por eso los pactos o no pactos de
estos días se posicionan para el enfrentamiento decisivo de las
elecciones legislativas en noviembre. Todo depende del impacto en los
electores, más que en cuántos sillones se consiguen. ¿Se materializará
en noviembre un cambio como en Grecia? El sistema electoral lo hace
difícil. (...)
La única gobernabilidad estable no es un cálculo aritmético, sino una nueva relación entre instituciones y sociedad." (¿Qué cambio?, de Manuel Castells en La Vanguardia, en Caffe Reggio, 06/06/2015)
No hay comentarios:
Publicar un comentario