11.6.15

Existe una línea divisoria del voto en torno a los 55 años. Podemos y Ciudadanos dominan el voto entre 18 y 45 años. PSOE y PP sólo superan juntos el 50% del voto a partir de esa edad

"(...) Eso es lo que ha cambiado. El que las políticas ya no se decidirán sólo en las instituciones, cerrando sus puertas a los ciudadanos hasta las próximas elecciones. Tal es la práctica que los movimientos sociales, los partidos emergentes y las coaliciones populares han introducido tras el 24-M en la vida política de este país. 

Con un conside­rable eco en el ámbito internacional, generalmente aprobatorio, que va desde el Financial Times hasta los movimientos sociales que en el mundo buscan ejemplos sobre los que apoyar su esperanza.

De ahí que las negociaciones en curso entre dirigentes de partidos, entre alcaldables y presidenciables no necesariamente puedan seguir la lógica de intereses según el cambio de cromos más conveniente. Claro que los resultados hacen que se muevan esquemas y se flexibilicen presuntas incompatibilidades. Sánchez e Iglesias hablan y comprueban que no son tan distantes como pensaban. 

Los imputados del Partido Popular, hasta ahora atrincherados en la presunción de inocencia, empiezan a ser abandonados a su suerte ante las exigencias de Ciudadanos. Las distintas opciones del nacionalismo catalán se recuerdan mutuamente el pacto de sangre que los une ante el avance de quienes defienden el derecho a decidir pero se reservan el decidir otra cosa.

Es decir, el juego político se ha abierto, ha dejado de ser un juego, porque múltiples ojos ciudadanos miran por las rendijas de las ventanas de los salones del poder entreabiertas por una brisa juvenil. Y digo juvenil porque el análisis de los datos electorales del 24-M, así como de las intenciones de voto futuro, muestran una línea divisoria fundamental en torno a los 55 años. 

Según el politólogo Jaime Miquel, los dos grandes partidos en el Estado sólo superan juntos el 50% del voto a partir de esa edad. A la vez que Podemos y Ciudadanos dominan el voto entre 18 y 45 años. Algo semejante ocurre en Catalunya, según mis propias estimaciones, en donde CiU, PSC y PP son preponderantes en las viejas generaciones mientras que ERC, las izquierdas y Ciutadans representan mayoritariamente a los de menos de 40 años.  

A esta observaciones se puede añadir un mapa electoral territorial en donde los partidos y coaliciones emergentes dominan en las autonomías y grandes ciudades más dinámicas económica y culturalmente. Con un dato aún más revelador: el voto de los partidos tradicionales se concentra en los grupos de menor nivel educativo. Por eso insisto en que la divisoria entre nuevo y viejo, con su expresión en edad, educación y territorio, es más significativa que la tradicional izquierda/derecha.

¿La prueba? En contraste con la idea del trasvase de votos de PP a Ciudadanos, en estimaciones de mayo del 2015, Podemos recibe casi medio millón de votantes del PP, que se habrían acer­cado al millón de no ser por la apa­rición de Ciudadanos. O sea, Ciudadanos es derecha y Podemos, Compromís y las coaliciones alternativas son de izquierda, pero todos son expresiones de la irrupción de una nueva política en el espacio abierto por los movimientos sociales. 

Por eso los pactos o no pactos de estos días se posicionan para el enfrentamiento decisivo de las elecciones legislativas en noviembre. Todo depende del impacto en los electores, más que en cuántos sillones se consiguen. ¿Se materializará en noviembre un cambio como en Grecia? El sistema electoral lo hace difícil.  (...)

La única gobernabilidad estable no es un cálculo aritmético, sino una nueva relación entre instituciones y sociedad."                 (¿Qué cambio?, de Manuel Castells en La Vanguardia, en Caffe Reggio, 06/06/2015)

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