Carola Rackete, capitana del Sea Watch 3, es detenida en el puerto de Lampedusa. / REUTERS
"Algún día, la escena será recreada en una película.
Y nuestros hijos e hijas llorarán y se preguntarán cómo fue posible, cómo lo permitimos; como ya lo hicimos nosotros viendo La lista de Schindler o La lengua de las mariposas.
La joven capitana descendiendo por la
escalerilla, el policía que la agarra del brazo, las decenas de
guardias, hombres, custodiando la rampilla en el pantalán, cruzándose
miradas entre ellos ante los gritos de los que fueron a insultarla
–»¡Espero que te violen cuatro negros!», «¡Ponedle las esposas!», «¿Te
gustan las pollas negras?», «¡Primero los italianos! ¡Primero los
italianos!»–.
El fotógrafo del cuerpo policial registrando el momento,
corriendo para tomar una nueva instantánea, como si fuese una escena de
acción. Ella avanzando en silencio con paso sólido y el gesto serio
hacia el coche patrulla; entonces ese instante en el que todo se
suspende mientras espera a que abran la puerta.
Aparece una mano sobre
su brazo desnudo: una mano masculina, de alguien no uniformado, quizá de
su tripulación, parece que quiere arroparla, con timidez, y de repente,
otra mano, ahora claramente de un policía, sobre su espalda,
desplegando los dedos bajo su cuello, impulsándola a introducirse en el
coche, un gesto de milésimas de segundos en los que se intuye la aspiración de ser parte de la detención de la decencia,
aunque sin convencimiento; quién sabe si sabiéndose indigno de rozar
esa piel dorada por el sol, crujiente de juventud, salitre y valores, el
acuerpamiento de lo que un día no tan lejano proclamó Europa como su
norma y sentido: la defensa de la vida, la justicia y la esperanza en el
futuro. Sus naciones sabían que fuera de ahí sólo cabe la
autodestrucción y la desolación.
Todo eso encierra los instantes en los que Carola Rackete, la capitana del barco de rescate Sea Watch-3 es arrestada por la Guardia Financiera de Lampedusa. Da igual lo que pase después, si finalmente es condenada a prisión o no; si el proceso judicial se dilata en el tiempo y no llega a nada y esta indignación se borra en el maremágnum de indignación perpetúa en el que vivimos. Es la Teoría del shock, que tan bien conceptualizó Naomi Klein.
Nuestro imaginario de lo que está bien y de lo que está mal está siendo bombardeado a través de la guerra que el Norte Global libra contra las personas que huyen del Sur. Ellas son sus víctimas colaterales, pero el objetivo a abatir son nuestras conciencias. Cuantas menos personas queden como referentes de que existe la posibilidad de la resistencia, más engrasada estará la maquinaria del despojo de derechos y vidas. (...)
En las últimas semanas, además de su caso, ha acaparado la atención mediática el de la también capitana Pia Klemp, que se enfrenta a 20 años de prisión acusada en Italia de fomentar la inmigración ilegal. Su foto en la sala de mandos de la embarcación de la ONG alemana Iuventa ha sido ampliamente compartida en las redes sociales.
Su evidente belleza, su cuerpo fuerte y tatuado, su mirada firme, sosegada y traslúcida son de una fuerza comunicativa incontestable. Concilia todo lo que puede abominar la ola fascista, conservadora, misógina y clasista que recorre el mundo: una mujer liberada de corsés, con determinación y hermosura dinamita el estereotipo que los neomachistas quieren construir de las feministas. (...)" (Patricia Simón, La Marea, 01/07/19)
"El barco Sea Watch 3, de la ONG alemana homónima, entró la madrugada de este sábado en el puerto de la ciudad italiana de Lampedusa sin autorización invocando el estado de necesidad para poder desembarcar a los 40 inmigrantes y tras permanecer 17 días en el mar, informaron medios locales.
Su capitana, Carola Rackete, de 31
años, atracó el barco hacia las 1.50 hora local en el muelle comercial
de forma sorpresiva, y posteriormente fue arrestada por agentes
italianos acusada de "resistencia o violencia contra un buque de
guerra", delito que implica una sentencia de tres a diez años.
Según el diario La Repubblica, una patrullera
de la Guardia financiera intentó obstaculizar su entrada en el puerto.
"La comandante Carola no tenía otra opción", dijo Giorgia Linardi,
portavoz de Sea Watch Italia, al recordar que "durante 36 horas
había declarado el estado de necesidad que las autoridades italianas
habían ignorado", añadió el diario.
"Fue una elección desesperada", añadieron los abogados de la ONG alemana Leonardo Marino y Alessandro Gamberini.
En una conferencia de prensa ofrecida este viernes
por Skype desde el barco, Rackete se mostró "segura de que la justicia
italiana reconocerá que la ley del mar y los derechos de las personas
están por encima de la seguridad y el derecho de Italia a sus aguas
territoriales". (...)
Rackete habló del mal estado físico y psicológico de
los 40 migrantes que estaban a bordo después de que fueran evacuados por
motivos médicos un joven aquejado de fuertes dolores abdominales, y su
hermano de 11 años que le acompañaba.
El Gobierno italiano se negaba a autorizar el
desembarco de los rescatados mientras no obtuviera un acuerdo con otros
países europeos para acogerlos. (...)" (Público, 29/06/19)

No hay comentarios:
Publicar un comentario