28.2.26

Editorial de The New York Times: ¿Por qué empezó esta guerra, señor presidente? En su campaña presidencial de 2024, Donald Trump prometió a los votantes que pondría fin a las guerras, no que las empezaría. El año pasado, en cambio, ordenó ataques militares en siete países. Su apetito de intervención militar crece a medida que lo alimenta. Ahora, ha ordenado un nuevo ataque contra la República Islámica de Irán, en cooperación con Israel... inició esta guerra sin explicar al pueblo estadounidense y al mundo por qué lo hacía. Tampoco ha involucrado al Congreso, al que la Constitución otorga la facultad exclusiva de declarar una guerra... En su lugar, publicó un video a las 2:30 a. m., hora del este, del sábado... presentar sus argumentos por video en la madrugada es inaceptable... El enfoque de Trump en Irán es imprudente. Sus objetivos están mal definidos. No ha reunido el apoyo internacional y nacional necesarios para maximizar las posibilidades de éxito. Ha hecho caso omiso del derecho nacional e internacional en materia de guerra... Un presidente estadounidense responsable podría presentar un argumento plausible para emprender nuevas acciones contra Irán. El eje de este argumento tendría que ser una explicación clara de la estrategia, así como la justificación para atacar ahora, aunque Irán no parezca estar cerca de tener un arma nuclear... Trump ni siquiera está intentando este enfoque. Está diciendo al pueblo estadounidense y al mundo que espera su confianza ciega. No se ha ganado esa confianza. En lugar de ello, trata a sus aliados con desdén. Miente constantemente, incluso sobre los resultados del ataque de junio contra Irán. No ha cumplido sus propias promesas de resolver otras crisis en Ucrania, Gaza y Venezuela... Un enfoque responsable implicaría también una conversación detallada con el pueblo estadounidense sobre los riesgos... Debería haber tenido el valor de decirlo en su discurso del Estado de la Unión del martes, entre otros escenarios. Cuando un presidente pide a los soldados y diplomáticos estadounidenses que arriesguen sus vidas, no debe ser evasivo al respecto... Lamentamos que Trump no trate la guerra como el grave asunto que es

 "En su campaña presidencial de 2024, Donald Trump prometió a los votantes que pondría fin a las guerras, no que las empezaría. El año pasado, en cambio, ordenó ataques militares en siete países. Su apetito de intervención militar crece a medida que lo alimenta.

Ahora, ha ordenado un nuevo ataque contra la República Islámica de Irán, en cooperación con Israel, y Trump afirmó que sería un ataque mucho más extenso que el bombardeo selectivo a instalaciones nucleares en junio. Sin embargo, inició esta guerra sin explicar al pueblo estadounidense y al mundo por qué lo hacía. Tampoco ha involucrado al Congreso, al que la Constitución otorga la facultad exclusiva de declarar una guerra. En su lugar, publicó un video a las 2:30 a. m., hora del este, del sábado, poco después de que comenzaran los bombardeos, en el que decía que Irán presentaba “amenazas inminentes” y pedía el derrocamiento de su gobierno. Su razonamiento es dudoso, y presentar sus argumentos por video en la madrugada es inaceptable.

Entre sus justificaciones está la eliminación del programa nuclear iraní, que es un objetivo loable. Pero Trump declaró que dicho programa había sido “eliminado” por el ataque en junio, una afirmación desmentida tanto por la inteligencia estadounidense como por este nuevo asalto. Esta contradicción resalta su escaso respeto por su deber de decir la verdad cuando envía a las fuerzas armadas estadounidenses a un combate. También demuestra la poca fe que los ciudadanos estadounidenses deberían tener en sus garantías sobre los objetivos y resultados de su lista de aventuras militares cada vez más larga.

El enfoque de Trump en Irán es imprudente. Sus objetivos están mal definidos. No ha reunido el apoyo internacional y nacional necesarios para maximizar las posibilidades de éxito. Ha hecho caso omiso del derecho nacional e internacional en materia de guerra.

El régimen iraní, para ser claros, no merece ninguna consideración. Desde su revolución hace 47 años, ha generado miseria en su propio pueblo, en sus vecinos y en todo el mundo. Este año ha matado a miles de manifestantes. Encarcela y ejecuta a disidentes políticos. Oprime a las mujeres, a las personas del colectivo LGBTQ y a las minorías religiosas. Sus dirigentes han empobrecido a sus ciudadanos mientras se enriquecen con corrupción. Han proclamado “Muerte a Estados Unidos” desde que llegaron al poder y han asesinado a cientos de miembros del ejército estadounidense en la región, además de financiar el terrorismo que ha derivado en la muerte de civiles en Medio Oriente y en lugares tan alejados de la región como Argentina.

El gobierno de Irán representa una amenaza distinta porque combina esta ideología asesina con ambiciones nucleares. A lo largo de los años, Irán ha desafiado reiteradamente a los inspectores internacionales. Desde el ataque en junio, el gobierno ha dado muestras de reanudar su búsqueda de tecnología de armamento nuclear. Los presidentes estadounidenses de ambos partidos se han comprometido, legítimamente, a impedir que Teherán consiga una bomba.

Reconocemos que el cumplimiento de este compromiso podría justificar una acción militar en algún momento. Por un lado, las implicaciones de permitir que Irán siga el camino de Corea del Norte —y adquiera armas nucleares tras años de sacar provecho a la paciencia internacional— son demasiado grandes. Por otro, los costos de enfrentarse a Irán por su programa nuclear parecen menos imponentes que antes.

Irán, como explicó recientemente David Sanger, periodista del Times, “atraviesa un periodo excepcional de debilidad militar, económica y política”. Desde los atentados del 7 de octubre de 2023, Israel ha reducido las amenazas de Hamás y Hizbulá (dos de los grupos representantes terroristas de Irán), ha atacado directamente a Irán y, con la ayuda de sus aliados, ha repelido en gran medida su respuesta. El nuevo reconocimiento de las limitaciones de Irán contribuyó a dar a los rebeldes de Siria la confianza necesaria para marchar sobre Damasco y derrocar al atroz régimen de Al Asad, aliado de Irán desde hace mucho tiempo. El gobierno de Irán no hizo prácticamente nada para intervenir. Esta historia reciente demuestra que la acción militar, con todas sus terribles consecuencias, puede tener repercusiones positivas.

Un presidente estadounidense responsable podría presentar un argumento plausible para emprender nuevas acciones contra Irán. El eje de este argumento tendría que ser una explicación clara de la estrategia, así como la justificación para atacar ahora, aunque Irán no parezca estar cerca de tener un arma nuclear. Esta estrategia implicaría la promesa de buscar la aprobación del Congreso y de colaborar con los aliados internacionales.

Trump ni siquiera está intentando este enfoque. Está diciendo al pueblo estadounidense y al mundo que espera su confianza ciega. No se ha ganado esa confianza.

En lugar de ello, trata a sus aliados con desdén. Miente constantemente, incluso sobre los resultados del ataque de junio contra Irán. No ha cumplido sus propias promesas de resolver otras crisis en Ucrania, Gaza y Venezuela. Ha despedido a altos mandos militares por no mostrar lealtad a sus caprichos políticos. Cuando sus designados cometen errores escandalosos —como cuando el secretario de Defensa, Pete Hegseth, compartió detalles específicos de un ataque militar contra los hutíes, un grupo respaldado por Irán, en un chat grupal no seguro—, Trump los protege de la rendición de cuentas. Su gobierno parece haber violado el derecho internacional al, entre otras cosas, camuflar un avión militar como avión civil y disparar a dos marineros indefensos que sobrevivieron a un ataque inicial.

Un enfoque responsable implicaría también una conversación detallada con el pueblo estadounidense sobre los riesgos. Irán sigue siendo un país fuertemente militarizado. Es posible que sus misiles de medio alcance no hayan causado mucho daño a Israel el año pasado, pero mantiene muchos misiles de corto alcance que podrían superar cualquier sistema de defensa y golpear en Arabia Saudita, Catar y otros países cercanos. Trump sí lo reconoció en su video de la madrugada, al decir: “Es posible que se pierdan las vidas de valientes héroes estadounidenses y que tengamos bajas”.

Debería haber tenido el valor de decirlo en su discurso del Estado de la Unión del martes, entre otros escenarios. Cuando un presidente pide a los soldados y diplomáticos estadounidenses que arriesguen sus vidas, no debe ser evasivo al respecto.

Al reconocer la irresponsabilidad de Trump, algunos miembros del Congreso han tomado medidas para limitarlo en lo relativo a Irán. En la Cámara de Representantes, los congresistas Ro Khanna, demócrata por California, y Thomas Massie, republicano por Kentucky, han propuesto una resolución destinada a impedir que Trump inicie una guerra sin la aprobación del Congreso. La resolución deja claro que el Congreso no ha autorizado un ataque contra Irán y exige la retirada de los soldados estadounidenses en un plazo de 60 días. El senador Tim Kaine, demócrata por Virginia, y el senador Rand Paul, republicano por Kentucky, están patrocinando una medida similar en el Senado. El inicio de las hostilidades no debe disuadir a los legisladores de aprobar estos proyectos de ley. Una afirmación de autoridad decisiva por parte del Congreso es la mejor manera de limitar al presidente.

El hecho de que Trump no haya articulado una estrategia para este ataque ha generado sorprendentes niveles de incertidumbre al respecto. Ha pedido un cambio de régimen y no ha explicado por qué el mundo debería esperar que esta campaña termine mejor que los intentos de cambio de régimen del siglo XXI en Irak y Afganistán. Esas guerras derrocaron gobiernos, pero, comprensiblemente, desencantaron a la opinión pública estadounidense sobre las operaciones militares de duración indefinida y de interés nacional incierto, y desilusionaron a los soldados que sirvieron lealmente en ellas.

Ahora que ha comenzado la operación militar, deseamos ante todo la seguridad de los soldados estadounidenses encargados de llevarla a cabo y el bienestar de los muchos iraníes inocentes que llevan demasiado tiempo sufriendo bajo su brutal gobierno. Lamentamos que Trump no trate la guerra como el grave asunto que es."

(El Comité Editorial, The New York Times, 28/02/26) 

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