"Irán refuerza su liderazgo en el Eje de la Resistencia y acelera el reloj de la decisión de Trump.
La trampa en la que Trump se ha ido metiendo a sí mismo desde que lanzase su infame guerra de agresión contra Irán a finales de febrero se ha ido complicado con el simple paso del tiempo. La claridad de los diagnósticos estratégicos de un Irán objetivamente menos poderoso que Estados Unidos, si bien ostensiblemente más racional en su enfoque bélico, ha contrastado con la torpeza de la Casa Blanca.
Semejante disparidad en las estrategias y, en consecuencia, en los movimientos de guerra, ha ido desgastando al gobierno norteamericano y, a pura erosión del paso de las semanas y del agravamiento de la crisis energética, ha colocado a Washington en una posición de fragilidad. Evidentemente, Irán pretende aprovechar este statu quo, habida cuenta de la urgencia de que sean sus tácticas de guerra asimétrica las que les posibiliten sobrevivir a la envestida del ejército más poderoso del mundo.
Puñetazo en el tablero
El 1 de junio, tras varias semanas en las que la presión económica y política parece haber nublado la claridad de acción imperial, Irán ha decidido levantarse de la mesa de negociación. La incapacidad —y la absoluta falta de voluntad— de Estados Unidos de parar los pies a Israel en los frentes palestino y libanés ha agotado la paciencia iraní. Quizá la gota que ha colmado el vaso ha sido la pretensión israelí de acelerar sus procesos de limpieza étnica y conquista en Gaza, Cisjordania y Líbano.
A través de la agencia Tasnim, Irán declaró el 1 de junio que “dado que persisten los crímenes de la entidad sionista en el Líbano y considerando que el Líbano era parte de las condiciones previas para el alto el fuego, y que este alto el fuego ha sido violado en todos los frentes, el equipo negociador iraní suspenderá las conversaciones y el intercambio de textos a través de intermediarios”.
En síntesis, Teherán está reforzando su mano negociadora y, por encima de todo, está insistiendo en la honda ligazón de los distintos frentes de guerra anti sionista en la región. Semejante decisión supondría —en caso de que logre mantenerse con el paso del tiempo— un puñal en la estrategia de presión estadounidense, fundada sobre la premisa israelí de desconectar los frentes entre sí.
De hecho, aunque pudiera parecer contraintuitivo en una primera lectura, era plenamente lógico el colapso de las negociaciones hace dos semanas. A pesar de los acercamientos entre iraníes y estadounidenses en numerosos ámbitos centrales, la negativa de Irán de retirar al Líbano de su lista de exigencias forzó a Trump a romper el pre acuerdo para no “traicionar” a Israel. Netanyahu busca precisamente que Estados Unidos llegue a algún acuerdo con Irán, siempre y cuando tal acuerdo no limite su capacidad de acción en Líbano —donde busca la limpieza étnica del sur del país—, en Gaza —donde se propone culminar su genocidio— y en Cisjordania —donde permite balcanizar el territorio para poner fin en los hechos al Estado palestino—.
Que Irán se plante en este asunto, que rehúse hacer concesión alguna en este punto, es enormemente ilustrativo. Tal es así que los iraníes han comunicado que, para volver siquiera a abrir canales de comunicación deberá planteársele “el cese inmediato de los ataques del régimen sionista en Gaza y Líbano” y “la retirada completa de Israel de los territorios ocupados en Líbano”. Hasta que esa postura no sea reconocida, han dicho, “no habrá más conversaciones”. También han dicho que “la sangre de un palestino es igual a la sangre de un iraní. La sangre de un libanés es igual a la sangre de un iraní. La comunidad musulmana es una sola columna, codo con codo, en esta batalla”.
Ormuz… y Bab Al-Mandeb
Según los reportes, Irán habría decretado un cierre completo del Estrecho de Ormuz, elevando todavía más la presión sobre el gobierno estadounidense. Pero, en paralelo a ello, Irán estaría en condiciones de activar la palanca hutí, hasta el momento cauta a lo largo de la guerra, pero históricamente comprometida con la causa palestina y, en general, con la estrategia anti sionista.
Ha declarado Irán que activarán “otros frentes, incluyendo el Estrecho de Bab Al-Mandeb, para castigar a los sionistas y a sus aliados”. Es conveniente recordar que este cuello de botella, que da acceso al Mar Rojo a través del Golfo de Adén, ha sido una de las armas más efectivas del Eje de la Resistencia a la hora de forzar concesiones a Washington durante el genocidio israelí contra Gaza. Yemen goza de una posición privilegiada allí, controlando la parte más estrecha, a apenas unos kilómetros de la costa yibutiana.
El reforzamiento del cierre iraní de Ormuz, si se complementa con un nuevo estrangulamiento hutí —Ansar Alá, por su nombre árabe— en Bab Al-Mandeb, puede poner en jaque los flujos comerciales internacionales, evidenciando la fragilidad de la libertad de navegación supuestamente garantizada por Estados Unidos y, por encima de todo, apretando la soga alrededor del cuello de Trump.
En realidad, Trump se encuentra ahora en la misma encrucijada en la que lleva estando varias semanas, pero este movimiento por parte de Irán acelera el reloj y reduce el margen de reflexión por parte de la administración estadounidense, por cuanto la crisis energética afronta ahora un riesgo todavía mayor. Trump sigue teniendo que elegir entre tres malas opciones —al fin y al cabo, en política exterior, y más si cabe en política exterior imperial, si cometes varios errores consecutivos, terminas necesitando hacer control de daños asumiento ciertas pérdidas—.
Trump puede aceptar el nuevo marco negociador iraní, conservando las concesiones que Teherán quería para sí e incluyendo las exigencias maximalistas que ahora plantea en relación a Palestina y Líbano. Para ello necesitaría estar dispuesto a aceptar el chaparrón político de una derrota militar de semejantes proporciones, así como a afrontar el repudio de Israel y del lobby sionista. También podría mantener el statu-quo, pero la ventana de tiempo con la que puede jugar antes de que la crisis económica se salga de control se ha estrechado.
Por último, Trump puede optar por retomar la guerra, pero una operación terrestre es un disparate hoy y seguirá siéndolo mañana. Lanzar una nueva campaña de ataques aéreos contra Irán no solucionará el enredo, pero podría llegar a colocar a Estados Unidos en una mejor posición negociadora —o eso le susurran algunos halcones al oído a Trump en estos momentos—. Al fin y al cabo, sería un movimiento de riesgo medio y beneficio medio-bajo… pero quizá no pueda aspirar a nada mejor si realmente no quiere ceder, retirarse y asumir el coste político. Esto último sería lo más cabal… así que probablemente no lo hará."
( Eduardo García Granado, Other News, 02/06/26)
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