11.6.26

Un paso más hacia la infamia... Al aprobar el principio de creación de centros de retención de migrantes fuera de sus fronteras, la Unión Europea avala una victoria ideológica de la extrema derecha. Pisotea principios, valores y derechos humanos... las personas migrantes que sean objeto de una decisión de retorno podrán ser transferidas a centros situados fuera de la UE, en Estados con los que se haya concluido un acuerdo, como Ruanda, Uganda o Uzbekistán, incluidas las solicitantes de asilo. Europa ya no quiere ser tierra de acogida, especialmente para las gentes oprimidas... La frontera delimita los contornos de un territorio de derechos. Su cierre es un mito, no impide las entradas; no hace más que crear personas clandestinas y alimentar así la extensión de espacios sin derechos (Roger Martelli)

"Al aprobar el principio de creación de centros de retención de migrantes fuera de sus fronteras, la Unión Europea avala una victoria ideológica de la extrema derecha. Pisotea principios, valores y derechos humanos.

El lunes [1 de junio de 2026], el Parlamento Europeo y el Consejo Europeo han llegado a un acuerdo sobre el nuevo Reglamento de Retorno, presentado en el parlamento por François-Xavier Bellamy en nombre del Partido Popular Europeo (PPE). Un pacto para endurecer una política migratoria que consideran demasiado tolerante. La extrema derecha ha impuesto sus puntos de vista y la derecha ha confirmado su afinidad con las ideas de cierre de fronteras y exclusión. ¿Vendrán finalmente los tiempos de sobresalto?

Habrán tenido que pasar ocho años para que se produzca la ignominia. Último pilar del Pacto sobre migración y asilo, el texto ha de volver todavía al parlamento para una última votación, así como a los Estados miembros. En particular, prevé la prolongación del tiempo máximo de retención a dos años, sanciones más estrictas para las y los migrantes que se nieguen a abandonar el territorio europeo -como la retirada de documentos de identidad- y un periodo de prohibición de acceso a la UE de 10 años, incluso 20 años, frente a los 5 años actualmente.

Sobre todo, prevé la posibilidad de crear hotspots en países terceros. Concretamente, las personas migrantes que sean objeto de una decisión de retorno podrán ser transferidas a centros situados fuera de la UE, en Estados con los que se haya concluido un acuerdo, como Ruanda, Uganda o Uzbekistán. Países para acoger a las personas indeseables, filtrar las entradas y acelerar las salidas, incluidas las solicitantes de asilo: Europa ya no quiere ser tierra de acogida, especialmente para las gentes oprimidas.

Desde siempre, las personas migrantes más pobres se desplazan dentro de las fronteras de su país o a los países vecinos. Muy pocas cambian de continente; las que emprenden periplos peligrosos no suelen ser las más desheredadas. Europa tendrá ahora más posibilidades de desnatar. ¡Esa es la manera en que las élites europeas plantean reducir las desigualdades mundiales y reforzar la dulce armonía que caracteriza las relaciones internacionales actualmente!

La extrema derecha está exultante, a imagen de Fabrice Leggeri, eurodiputado del Rassemblement National y exdirector de la muy controvertida agencia Frontex: “Recuperamos el control de los retornos”, declara orgulloso. Vamos a “revolucionar la política europea frente a la inmigración ilegal”, proclama el vicepresidente del PPE, François-Xavier Bellamy. Nótese que los partidarios de Édouard Philippe [Los Republicanos] han votado a favor (contrariamente a los de Gabriel Attal [Renaissance]).

La derecha y la extrema derecha oficializan su mano a mano en el terreno altamente simbólico de la inmigración. La Italia de Giorgia Meloni ya había creado el dispositivo, en este caso con destino a Albania. Dinamarca, Austria y Alemania ya están preparadas sobre los tacos de salida para conjugar sus esfuerzos en el mismo sentido. Si Francia rezongaba estos últimos años, ayer declaró por boca de su secretario de Estado para Europa, Benjamin Haddad, que era una “buena noticia” y un “avance importante”. Tan solo España rechaza en bloque el método.

Hoy por hoy, la izquierda dice mayoritariamente que no a lo que no es otra cosa que un paso atrás civilizatorio. Sin embargo, la Dinamarca de la primera ministra Mette Frederiksen muestra la fragilidad de un centro-izquierda seducido por la idea de una recuperación de los planteamientos de protección nacional y autoridad.

Cuando la extrema derecha se halla cada vez más ante las puertas del poder, menos que nunca hay que ceder al canto de sirena de un acomodo con ella. La frontera delimita los contornos de un territorio de derechos. Su cierre es un mito: no impide las entradas; no hace más que crear personas clandestinas y alimentar así la extensión de espacios sin derechos.

Si es preciso pensar en una regulación de las migraciones que crecen sin cesar, hay que desechar la idea de que es posible a escala de un país, siquiera de un continente. Hay que pensarla a escala mundial: la migración es un fenómeno consustancial a la existencia humana. Es el efecto de una opresión o de un deseo, a veces el resultado de ambas cosas. Las migraciones crecen hoy en un contexto dominado, a todas las escalas, por las desigualdades y las incertidumbres.

Toda política que pretende regular los movimientos migratorios manteniendo los mecanismos que generan desigualdad y sosteniendo lógicas de potencia es un engaño e incluso un factor de agravamiento y de tensión renovada." 

( , Viento Sur,  10/06/26)

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