6.10.26

La aldea gala de la crisis de la vivienda: Marinaleda acumula 300 casas públicas del total de 1.000 que hay en este pueblo, casi una de cada tres. Sus inquilinos pagan entre cero y 24 euros de alquiler mensual al Ayuntamiento, que lleva 40 años construyendo viviendas cuya propiedad nunca ha traspasado a los moradores. Esa cuota irrisoria que pagan las familias levanta incredulidad, pero también admiración. ¿Es su modelo exportable a otros pueblos o ciudades? Sí, pero la inversión pública en el ladrillo debe ser continuada durante décadas y debe apostar por el alquiler para así orillar la venta de VPO, que a los pocos años vuelve al mercado y provoca que las viviendas se pierdan como activos para contener el alza de precios. El precio medio de una casa pública de 100 metros cuadrados ronda los 50.000 euros, ya que el Consistorio aporta el suelo, los albañiles y la redacción de los proyectos urbanísticos, y no hay intermediarios durante el desarrollo... La fórmula más habitual en este pueblo de 2.500 vecinos sin desempleo y que presume de haber eliminado de raíz la especulación inmobiliaria es la autoconstrucción: las familias inquilinas levantan como peones una promoción de casas y luego descuentan su sueldo del precio que pagarán como alquiler. Eso sí, trabajan a ciegas, sin saber qué casa será la suya, designada en un sorteo cuando la promoción ya está acabada, para así asegurar un trabajo equitativo y que todas las casas luzcan por igual. Dolores Martos vive en su adosado de 100 metros cuadrados con su marido, que trabajó 120 días como peón. “Él no sabía de albañilería, pero ponía ladrillos y hacía lo que le pedían los profesionales”... el Ayuntamiento nunca se desprende de la propiedad y los vecinos son usuarios que pasan las casas a otros cuando se mudan o fallecen. Hay otros pueblos que hacen viviendas, las visten de VPO, y luego las sacan a la venta por 150.000 ó 300.000 euros, como el Ayuntamiento de Sevilla. Esas son VPO para ricos pagadas con fondos municipales... La apuesta es alta: una gran parte del presupuesto municipal anual de 2,3 millones se destina a la construcción de viviendas públicas, que copan ya seis barriadas gracias a los fondos municipales, regionales y estatales. Ni el regidor ni los concejales cobran sueldos por su función pública, la piscina municipal cuesta 10 euros todo el verano, y tanto el gimnasio como la guardería valen para cada usuario 12 euros al mes. Desde los años 60, en España se han construido 6,5 millones de VPO, y han desaparecido prácticamente todas del alquiler (Javier Martín-Arroyo)

"La aldea gala de la crisis de la vivienda: Marinaleda, con alquileres entre cero y 24 euros mensuales.

La grave crisis de la vivienda también tiene su aldea gala: Marinaleda, al Este de la provincia de Sevilla, acumula 300 casas públicas del total de 1.000 que hay en este pueblo jornalero en pleno olivar, casi una de cada tres. Sus inquilinos pagan entre cero y 24 euros de alquiler mensual al Ayuntamiento, que lleva 40 años construyendo viviendas cuya propiedad nunca ha traspasado a los moradores. Esa cuota irrisoria que pagan las familias levanta incredulidad, pero también admiración. ¿Cómo ha podido levantar Marinaleda ese enorme parque público? ¿Cuál es su secreto? ¿Es su modelo exportable a otros pueblos o ciudades?

La respuesta corta de los expertos a esta última pregunta es sí, pero con condiciones: la inversión pública en el ladrillo debe ser continuada durante décadas y debe apostar por el alquiler para así orillar la venta de VPO, que a los pocos años vuelve al mercado y provoca que las viviendas se pierdan como activos para contener el alza de precios. Una apuesta similar a gran escala es Vitoria, que atesora 20.073 viviendas protegidas, aunque son para alquiler y compra, y solo representan el 16% de sus 121.000 hogares, la mitad del porcentaje de la localidad sevillana.

La fórmula más habitual en este pueblo de 2.500 vecinos sin desempleo y que presume de haber eliminado de raíz la especulación inmobiliaria es la autoconstrucción: las familias inquilinas levantan como peones una promoción de casas y luego descuentan su sueldo del precio que pagarán como alquiler. Eso sí, trabajan a ciegas, sin saber qué casa será la suya, designada en un sorteo cuando la promoción ya está acabada, para así asegurar un trabajo equitativo y que todas las casas luzcan por igual.

El urbanismo de izquierdas

“Intentamos que la vivienda esté fuera de la lógica del mercado, que nunca garantiza el derecho a la vivienda. Un urbanismo de izquierdas no debe especular con las necesidades más básicas y lo que debería ser natural, que la gente tenga un techo digno, para otros es una utopía. Hay otros pueblos que hacen viviendas, las visten de VPO, y luego las sacan a la venta por 150.000 ó 300.000 euros, como el Ayuntamiento de Sevilla. Esas son VPO para ricos pagadas con fondos municipales”, censura este lunes el alcalde, Sergio Gómez (Con Andalucía, coalición de izquierdas) en el instituto José Saramago donde ejerce como profesor de historia. Mientras, suena como timbre Help! de The Beatles y salen los alumnos.

La apuesta es alta: una gran parte del presupuesto municipal anual de 2,3 millones se destina a la construcción de viviendas públicas, que copan ya seis barriadas gracias a los fondos municipales, regionales y estatales. Ni el regidor ni los concejales cobran sueldos por su función pública, la piscina municipal cuesta 10 euros todo el verano, y tanto el gimnasio como la guardería valen para cada usuario 12 euros al mes.

José García Montalvo, catedrático de Economía de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, exalta el modelo público de alquiler de viviendas y recuerda cómo las políticas que cuajan “son siempre sostenidas en el tiempo”. “Igual que en Viena, esto no es de un día para otro”, subraya. El experto pone como ejemplo de buenas prácticas el Gobierno vasco, que desde 2015 solo construye viviendas protegidas para el alquiler, según confirman fuentes de su Departamento de Vivienda y Agenda Urbana. “El ejemplo es claro: si le doy un título de propiedad y mañana le toca la lotería, no se la puedo quitar. Se ha beneficiado de una subvención enorme y luego la ganancia se la lleva toda usted. Se hace con un capital a partir de un dinero que hemos puesto todos. No es lógico. Estamos muy mal en el mercado del alquiler, no en el de propiedad”, ilustra. Desde los años 60, en España se han construido 6,5 millones de VPO, “y han desaparecido prácticamente todas”, recuerda el experto.

¿Por qué no se ha copiado la apuesta de Marinaleda en otros pueblos? Elena Cortés, consejera andaluza de vivienda entre 2012 y 2015 por Izquierda Unida, empieza por los elogios: “Son los mejores, ra ra rá. Tienen un compromiso político grandísimo”. A continuación, hace autocrítica: “No sé por qué es tan difícil de replicar. Supongo que en IU no tenemos Ayuntamientos tan longevos como Marinaleda y la fragmentación ha impedido convencer a la población de tener viviendas tan asequibles. Es una evidencia que hace falta valentía en los Ayuntamientos, pero también Gobiernos centrales y regionales que impidan la especulación del suelo y la vivienda”. Izquierda Unida tiene 62 alcaldías de los 785 municipios que hay en Andalucía y aboga por reforzar la financiación de los Ayuntamientos para dotarlos con el 33% de los impuestos recaudados.

La robustez del sistema marinaleño de vivienda pública reside en que el Ayuntamiento nunca se desprende de la propiedad y los vecinos son usuarios que pasan las casas a otros cuando se mudan o fallecen. Mientras, la Junta de Andalucía (PP y Vox) rebajó en 2025 el plazo para que las VPO puedan venderse en el mercado solo tras 7, 10 y 12 años desde su adjudicación, en vez de los 30 años vigentes hasta entonces, y sin necesidad de solicitarlo, de forma automática. El PP andaluz defiende su modelo y pone de ejemplo Sevilla capital, donde los anteriores gobiernos socialistas construyeron 83 viviendas en ocho años y el actual tiene 2.202 en construcción directa de la empresa municipal Emvisesa, el 82% en alquiler y el 18% para venta.

Dolores Martos, jornalera de 53 años, paga 24 euros cada mes por su casa con tres dormitorios, dos baños, patio y cochera en la barriada José Domínguez El Cabrero. “Me indigno cuando veo la crisis y los precios de la vivienda en otros sitios. Si yo, que ahora soy pensionista [tras una incapacidad], cobro 700 euros y tuviera que pagar 500 de alquiler, más la luz y el agua, me ahogaría”, comenta. Martos vive en su adosado de 100 metros cuadrados con su marido, que trabajó 120 días como peón. “Él no sabía de albañilería, pero ponía ladrillos y hacía lo que le pedían los profesionales”, matiza. Otro vecino, Manuel Saavedra, comenta: “Somos unos privilegiados, hay gente ganando más que yo y no llega a fin de mes, una tragedia”. El precio medio de una casa pública de 100 metros cuadrados ronda los 50.000 euros, ya que el Consistorio aporta el suelo, los albañiles y la redacción de los proyectos urbanísticos, y no hay intermediarios durante el desarrollo.

Leandro Escobar, profesor de Métodos Cuantitativos de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, valora: “Me parece un ejemplo valioso y parcialmente exportable, pero lo replicable es la creación de un parque permanentemente asequible, no necesariamente el alquiler de 24 euros. Esa cuota no refleja el coste real: detrás hay aportaciones de suelo, recursos públicos y trabajo de las familias. Para reproducirlo harían falta suelo disponible, financiación sostenida, capacidad de gestión y recursos para mantener las viviendas”.

Marinaleda es un caso atípico de lucha jornalera andaluza que tras sucesivas ocupaciones durante una década logró en 1991 la cesión de la finca de El Humoso, y hoy sus cooperativas municipales explotan 1.250 hectáreas de habas, garbanzos, alcachofas y pimientos. Con el tiempo, la tradicional emigración de la población fue menguando hasta lograr el pleno empleo. Desde 1979 hasta 2023 gobernó como alcalde el famoso líder jornalero Juan Manuel Sánchez Gordillo, predecesor de Gómez. En las últimas elecciones municipales de 2023, Con Andalucía ganó con 1.071 votos, mientras que Avanza Marinaleda-Matarredonda obtuvo 795 votos y cinco concejales, con una participación del 90% del censo. “Nos parece muy bien la política de vivienda, siempre hemos votado a favor y me siento muy orgulloso. Eso de hipotecarnos de por vida no casa con el derecho a un techo”, ensalza el portavoz de la oposición municipal, Ángel de Juan, que vive en una casa pública desde hace 26 años.

El alcalde socialista de Estepa, a solo 13 kilómetros de Marinaleda, Antonio Jesús Muñoz, expresa su sorpresa: “Me llama mucho la atención, no sé cómo lo hacen, parece un número de viviendas muy complicado de gestionar. La política de vivienda en autoconstrucción también se implementó en Estepa en los años 90, no sé por qué no se ha repetido, si por falta de suelo o de financiación. Me planteo recuperar esa fórmula porque fue útil”, dice este regidor, en el cargo desde 2017.

La última promoción de 24 viviendas en Marinaleda, pendiente de rematarse, está a la espera de la convocatoria de fondos que debe sacar la Junta, de momento sin fecha pese a que ya ha recibido 136 millones del Gobierno central. El Plan Estatal de Vivienda 2026-2030 contempla 7.000 millones para las comunidades autónomas durante cinco años y establece que al menos el 40% debe destinarse a la construcción o adquisición de vivienda. Para Andalucía se han previsto 718 millones. Preguntada al respecto, la Consejería andaluza de Vivienda, Juventud y Ordenación del Territorio no ha ofrecido una fecha para publicar la convocatoria y repartir así los fondos ya recibidos entre los Ayuntamientos.

“Si el Gobierno quisiera, intervendría el mercado inmobiliario. La vivienda, como los medicamentos y los alimentos, debe estar fuera de la lógica del mercado. Me invitan más a contar nuestro caso colectivos sociales del norte que organizaciones políticas. Entiendo que porque les ponemos la cara colorada. Al menos en vivienda, la política radical funciona. La Constitución dice que el Estado debe garantizar que no haya especulación”, recuerda el alcalde comunista de Marinaleda." 

(Javier Martín-Arroyo , El País, 06/10/26)  

Flávio Bolsonaro y su círculo más cercano tienen vínculos bien documentados tanto con el tráfico de drogas como con las milicias privadas, dirigidas por policías en activo o retirados, y que ahora controlan zonas enteras de Río de Janeiro... Por lo tanto, cabe esperar que el crimen organizado penetre mucho más profundamente en la política bajo el mandato de Flávio. Esto, junto con el retroceso democrático y el ataque a la educación y los servicios públicos, hará que, en caso de que llegue al cargo, resulte difícil despojarlo del mismo. Brasil podría incluso convertirse en un Estado cuasi fallido en la próxima década... el bolsonarismo es un movimiento que aúna a una clase marginada que ha dejado de esperar las promesas de la modernización —trabajo formal, instituciones responsables, igualdad real ante la ley— y a una élite que ya ni siquiera finge que esas promesas están sobre la mesa... entre ellos se encuentra el núcleo más duro de los verdaderos creyentes, la «clase media-alta inferior»... gozan de un buen nivel de vida, pero carecen de los activos o del capital social de la verdadera élite. No solo les persigue el temor a la movilidad social descendente, sino que también se sienten amenazados por cualquier pequeño avance ascendente que logren quienes están por debajo de ellos, como ocurrió durante la Marea Rosa en América Latina. Esto generó un sentimiento de resentimiento que fue fácilmente instrumentalizado... su ventaja se deriva de las redes sociales, que estructuran la esfera pública, a través de un flujo constante de contenidos llamativos, mantienen a su base continuamente comprometida, pero también atomizada, privada de canales para la participación no digital. De este modo, pueden ser movilizados y desmovilizados más o menos a voluntad.. Cuando la política es colonizada por la economía de la atención, el discurso público se convierte en un mar de indignación en constante cambio. Hoy esto; mañana aquello. Se trata de una situación totalmente contraria a la política emancipadora, que se basa en reforzar la capacidad de las personas para tomar decisiones sobre su destino colectivo.. se trata de un movimiento que se nutre de la desintegración social producida por décadas de neoliberalismo y que acelera ese proceso hacia un horizonte concreto, el «capitalismo de capataz», la alianza entre el capital y estos agentes libres de la represión, los narcotraficantes en México, las milicias en Río, actores no estatales que ejercen cada vez más el monopolio de la fuerza sobre las zonas que controlan, y que se unen a la coalición no solo como mercenarios, sino como socios políticos en pie de igualdad (Rodrigo Nunes)

" Brasil: El futuro de la extrema derecha. Los límites del «lulismo», los hijos de Bolsonaro y la nueva política de desintegración

Mientras Brasil se prepara para acudir a las urnas el 4 de octubre, las encuestas muestran que Luiz Inácio Lula da Silva, el actual presidente de 80 años, se encuentra en un reñido empate con Flávio Bolsonaro, cuyo padre sigue en prisión por conspirar para dar un golpe de Estado tras perder la presidencia en 2022.

Desde fuera, puede resultar difícil comprender cómo Lula y su Partido dos Trabalhadores (PT), que ha hecho más que ningún otro partido en la historia de Brasil por mejorar la situación de los más desfavorecidos y promulgar medidas de bienestar social, pueden verse desafiados por el heredero de Jair Bolsonaro, bajo cuyo mandato se dispararon la violencia, la desigualdad y la delincuencia en todo el país. Pero el atractivo de la extrema derecha contemporánea nunca es sencillo de entender.

Pocas figuras están mejor situadas para dar sentido a esta contienda que el filósofo político Rodrigo Nunes. Participante desde los inicios en el Foro Social Mundial, se dio a conocer como analista de los escollos y las posibilidades de la organización de izquierdas —tema de su primer libro, Ni vertical ni horizontal (2021). Desde entonces se ha convertido en uno de los críticos más incisivos del bolsonarismo, un fenómeno que sitúa en un contexto internacional más amplio en su nuevo libro, Anatomía de la desintegración: lo que Brasil revela sobre la extrema derecha global.

Carlos Pérez habló con Nunes sobre las próximas elecciones, los logros y las decepciones del tercer mandato de Lula, y las fuerzas que dieron origen al bolsonarismo y mantienen su atractivo.

Carlos Pérez: ¿Cuál es su valoración del tercer mandato de Lula? ¿En qué se diferencia el «lulismo» contemporáneo de la política que le llevó al poder hace más de dos décadas?

Rodrigo Nunes: En las elecciones de 2022, el mejor presidente de la historia de Brasil se enfrentó al peor y ganó por un margen muy estrecho. Eso le da una idea de los retos a los que se enfrentó Lula al volver al cargo. La sociedad brasileña actual es muy diferente de lo que era en 2003. El sentimiento anti-PT, e incluso específicamente anti-Lula, está muy arraigado. Por el contrario, el voto bolsonarista cuenta con un mínimo muy elevado.

Así pues, cuando Lula volvió al poder, lo hizo desde una posición mucho más débil. Políticamente, se enfrentaba a lo que suele describirse como el Congreso más de derechas de todos los tiempos. Económicamente, no contaba con nada que se asemejara al auge de las materias primas de hace veinte años, que le había permitido aumentar el gasto público en programas sociales sin subir los impuestos —una fórmula beneficiosa para todos que enriquecía a los ricos y reducía la pobreza de los pobres—.

En estas nuevas y difíciles circunstancias, su Gobierno logró dos objetivos principales, que podrían considerarse en cierta medida contradictorios. En primer lugar, impulsó una reforma fiscal que desplazó la carga tributaria hacia las rentas más altas —algo que no se ha ganado el apoyo popular, ya que sus efectos no se notarán hasta dentro de varios años—. En segundo lugar, adoptó un nuevo marco fiscal, comprometiendo al Estado a respetar límites de gasto, lo que reforzó su alianza con la clase capitalista, pero debilitó su capacidad para financiar programas sociales. André Singer y Fernando Rugitsky han descrito el resultado como «lulismo a cámara lenta». Mientras tanto, al igual que en EE. UU. bajo el mandato del presidente Biden, los indicadores macroeconómicos han mejorado, pero la gente no lo nota, porque la deuda privada se ha disparado y existe una epidemia de juego online.

Este Gobierno supuso un respiro bienvenido tras diez años de agitación institucional, pero la mera normalidad nunca iba a ser suficiente para hacer frente al atractivo social del bolsonarismo. Por eso, incluso con Jair en la cárcel, su hijo Flávio —menos competente— aún podría derrotar a uno de los líderes políticos más destacados que ha conocido el mundo desde mediados del siglo pasado.

Las encuestas muestran un empate técnico entre Lula y Flávio. ¿Qué significaría una victoria de Flávio para Brasil?

De los cuatro hijos de Jair, Flávio es el más sensato, el que mantiene un perfil más bajo y el que tiene las opiniones más tradicionalmente de derechas —en el sentido de que tiene menos paciencia para las posturas al estilo «MAGA» que sus hermanos Eduardo, Carlos y Jair Renan—. Es un político a la antigua usanza. Destaca por su habilidad para cerrar acuerdos. «Dígame cuánto quiere y lo arreglaremos». Al igual que otros políticos de la vieja escuela, se ha visto envuelto en numerosos escándalos de corrupción, incluido el de mayor envergadura que se está desarrollando en estos momentos: el caso del Banco Master, un fraude bancario de miles de millones de reales. (Uno de los responsables clave de esta trama fue el mayor donante de la campaña de Jair Bolsonaro para 2022).

Casi todos los implicados pertenecen a la derecha, pero el escándalo ha perjudicado de alguna manera más a la izquierda desde que llegó al Tribunal Supremo: cinco magistrados han sido vinculados al banquero condenado. Desde el juicio a Bolsonaro, el tribunal se ha asociado con la izquierda, aunque no es de izquierdas ni por asomo. Como siempre, el discurso anticorrupción funciona de forma selectiva.

Podemos esperar varias cosas de Flávio. La primera y más importante sería un realineamiento con EE. UU., al igual que durante la presidencia de su padre. Ha habido un intenso intercambio de mensajes entre Washington y el bando bolsonarista, en gran parte a través de Eduardo, un excongresista que abandonó su cargo y se trasladó a EE. UU., donde ha presionado a la Administración Trump, con una dedicación envidiable, para que imponga sanciones a su país de origen. En junio, una carta pública de Marco Rubio dirigida a Flávio sugería implícitamente que este último se había ofrecido a poner su equipo de transición a disposición de Washington en caso de que ganara.

A cambio del apoyo de Trump, Flávio ha manifestado su intención de ceder ante los intereses estadounidenses en ámbitos como las tierras raras, la energía y la agroindustria. Pero la intervención de Trump va más allá del ámbito económico. A principios de este año, de nuevo tras una intensa presión por parte de la derecha brasileña, Estados Unidos declaró como organizaciones terroristas a los dos mayores grupos criminales de Brasil, el PCC y el Comando Vermelho —una medida que suele utilizarse para justificar una posterior intervención política y militar, como ha ocurrido en Colombia, Ecuador y, más recientemente, en Venezuela—. El objetivo de la «guerra contra las drogas» no es combatir la delincuencia en sí misma, sino imponer los intereses de EE. UU. en la región, a menudo tomando partido entre las facciones políticas locales, así como entre las facciones criminales.

En el ámbito nacional, habrá un capitalismo aún más depredador que bajo el mandato de Jair, cuando se produjo un auge de la minería ilegal, el acaparamiento de tierras y la tala en la Amazonía; un aumento de los asesinatos de pueblos indígenas y activistas medioambientales; y una intensificación del crimen organizado: Flávio y su círculo más cercano tienen vínculos bien documentados tanto con el tráfico de drogas como con las milicias privadas, dirigidas por policías en activo o retirados, y que ahora controlan zonas enteras de Río de Janeiro.

Por lo tanto, cabe esperar que el crimen organizado penetre mucho más profundamente en la política bajo el mandato de Flávio. Esto, junto con el retroceso democrático y el ataque a la educación y los servicios públicos, hará que, en caso de que llegue al cargo, resulte difícil despojarlo del mismo. Brasil podría incluso convertirse en un Estado cuasi fallido en la próxima década.

¿Y qué cabría esperar de «Lula 4.0», si resultara reelegido? Esta es la pregunta que todos se plantean. ¿Pensará: «Maldita sea, ya que esta es mi última oportunidad, más vale que haga todo lo que pueda»? ¿O será: «Necesito consolidar mi alianza con la derecha tradicional para garantizar que la extrema derecha se mantenga al margen del poder»? Esta última vía requeriría muchas concesiones; en esencia, allanaría el camino para un sucesor aún más centrista. La inclinación natural de Lula siempre ha sido la negociación. Pero ahora está en juego su legado, y eso podría influir en sus decisiones.

Demos un paso atrás para analizar los orígenes del bolsonarismo. Algunos comentaristas afirmaron que se trataba de una reacción a las históricas protestas de junio de 2013, cuando millones de brasileños salieron a la calle para oponerse al aumento de las tarifas de autobús —un movimiento que, con el tiempo, se convirtió en un desafío aún mayor para el PT—. ¿Está de acuerdo con esta interpretación? ¿Cuál considera que es el verdadero significado de aquellas protestas, de las que fue testigo de primera mano?

Es innegable que 2013 cambió el equilibrio de fuerzas políticas. Las protestas supusieron el primer golpe real a la imagen del PT, que había gozado de una enorme popularidad durante una década. Dicho esto, los manifestantes no estaban en contra del Gobierno como tal. Más bien exigían que el PT llevara sus reformas aún más lejos. Decían: «Sí, nuestro poder adquisitivo ha aumentado; sí, se ha ampliado el acceso a la educación superior; sí, ha habido una mejora cuantitativa en nuestras vidas. Pero la situación sigue siendo mala en lo que respecta a los servicios públicos, la rendición de cuentas institucional y el acceso a la ciudad». El transporte público, su objetivo inmediato, es un buen ejemplo: es de mala calidad, caro y está controlado por mafias del sector privado.

El PT podría haberse puesto del lado de los manifestantes y haber dicho: «Hemos logrado mucho en estos primeros diez años, pero no es suficiente; ahora tenemos que llevar a cabo reformas estructurales que se deberían haber hecho hace mucho tiempo». En cambio, hizo lo contrario: para no molestar a la derecha tradicional y a los elementos de centro-derecha de su coalición política, reprimió las protestas. Y así confirmó la peor sospecha de los manifestantes: que el impulso progresista del partido se había agotado.

Al año siguiente, la investigación policial «Operación Lava Jato» reveló un escándalo de corrupción a gran escala que implicaba prácticamente a todos los principales partidos políticos. Al mismo tiempo, la repentina desaceleración del crecimiento chino —una consecuencia tardía de la crisis financiera mundial— puso fin abruptamente al auge de las materias primas. En la mente de muchas personas, ambos fenómenos se entrelazaron: si se producía una recesión económica, era porque el PT había presidido un despilfarro generalizado del dinero público durante la década anterior.

Con el PT y la oposición igualmente salpicados por esta doble crisis, la extrema derecha emergente fue la única fuerza capaz de posicionarse como heredera de la indignación de 2013.

Así pues, sí, se podría decir que las protestas de 2013 condujeron al bolsonarismo. Pero eso sería, en el mejor de los casos, una verdad a medias. De hecho, este argumento solo tiene eco en dos sectores del espectro político. Un grupo es la izquierda petista, que puede mostrarse muy poco crítica con el partido —hasta el punto de culpar a los manifestantes que salieron a la calle de haber facilitado irresponsablemente el ascenso de la extrema derecha—. El otro grupo, por supuesto, es la propia extrema derecha, que llegó a la conclusión lógica: «puesto que la izquierda acusa al pueblo de apoyarnos, de acuerdo: ¡sin duda, nos han apoyado desde el principio!». Adoptar este tipo de discurso supuso un increíble autogol por parte del PT.

¿Cuál es la base social y política del bolsonarismo?

Permítanme comenzar con una afirmación que puede parecer paradójica: no existe un vínculo necesario entre Jair Bolsonaro, el hombre, y el bolsonarismo, el movimiento político. De hecho, creo que quizá solo ha habido dos elecciones en la historia de Brasil que una figura como él podría haber ganado: la de 1960, cuando Jânio Quadros, otro candidato outsider, se presentó con un programa populista y anticorrupción, y la de 2018. Durante cinco años, el PT se había visto sacudido por la agitación política y los escándalos de corrupción, y había hecho concesión tras concesión a una derecha cada vez más envalentonada, hasta que ya no quedaba terreno de izquierdas que ceder. En el proceso, había perdido gran parte de su credibilidad institucional. Sus aliados en la derecha tradicional y el centro-derecha también quedaron desacreditados por la «Operación Lava Jato».

Esto creó una situación totalmente excepcional, que exigía un candidato totalmente excepcional. Bolsonaro simplemente se encontraba allí en el momento adecuado; aprovechó una corriente de opinión que había comenzado ya tres años antes. Su logro consistió en dotar a esa corriente de liderazgo y de una identidad.

Ahora, en cuanto a su pregunta. Desde el Brexit y la llegada de Trump, cuando el panorama político cambió de forma tan drástica, la izquierda ha respondido con dos narrativas: o bien pintamos a la extrema derecha como una revuelta de las élites sin una base popular real, o bien como una revuelta de los marginados, de una clase trabajadora traicionada por el elitismo liberal.

Ninguna de estas narrativas me convence. Más bien, creo que la extrema derecha contemporánea es un fenómeno que trasciende las clases. Una forma de entenderlo es como un movimiento que aúna a una clase marginada que ha dejado de esperar las promesas de la modernización —trabajo formal, instituciones responsables, igualdad real ante la ley— y a una élite que ya ni siquiera finge que esas promesas están sobre la mesa.

Entre ellos se encuentra el núcleo más duro de los verdaderos creyentes —no el grupo más numeroso estadísticamente, pero sí el más apasionado—, al que denomino, tomando prestada una expresión de Orwell, la «clase media-alta inferior». Se trata de personas que se encuentran a medio camino entre dos mundos: gozan de un buen nivel de vida, pero carecen de los activos o del capital social de la verdadera élite. No solo les persigue el temor a la movilidad social descendente, sino que también se sienten amenazados por cualquier pequeño avance ascendente que logren quienes están por debajo de ellos, como ocurrió durante la Marea Rosa en América Latina, cuando los pobres dejaron de ser tan pobres —empezaron a asistir a la universidad, a viajar al extranjero, etcétera—. Esto generó un sentimiento de resentimiento que fue fácilmente instrumentalizado.

El atractivo de la extrema derecha contemporánea varía en función de la perspectiva desde la que se contemple. La clase dominante considera que ofrece la forma más depredadora de capitalismo y que neutraliza todos los desafíos procedentes de las clases más bajas. La base popular se siente atraída por el discurso de la ley y el orden y por la perspectiva de una economía más desregulada que «les quite el Estado de encima», lo que les permitirá competir de forma más eficiente en el mercado. Para un grupo heterogéneo procedente de ambos bandos, también supone una oportunidad profesional: ahora se puede ganar mucho dinero como agitador de extrema derecha.

¿Cómo funciona el bolsonarismo a nivel organizativo?

El bolsonarismo, como movimiento de extrema derecha, cuenta con tres ventajas estructurales.

En primer lugar, es mucho más compatible con los intereses del capital, por lo que puede contar con el apoyo de las grandes empresas y los medios de comunicación corporativos de una forma que la izquierda nunca podría.

En segundo lugar, en lugar de cambiar la sociedad, pretende mantener las diferencias de poder existentes, e incluso intensificarlas, lo que facilita enormemente la formación de coaliciones. Cada socio tiene su propia esfera —la oligarquía terrateniente, sus tierras; la oligarquía financiera, sus palancas económicas— y, siempre que se satisfagan los intereses de todos, pueden trabajar juntos. No suelen discutir sobre una jerarquía de necesidades ni sobre diferencias estratégicas —precisamente los problemas que acosan a la izquierda—.

La tercera ventaja se deriva de las redes sociales, que estructuran la esfera pública como un mercado en el que las personas compiten individualmente por «me gusta» y comparticiones, que son muestras de atención. Esto da lugar tanto a una hiperindividualización de la política como a que se privilegie la participación en línea frente a la organización fuera de línea. Esto condiciona profundamente la forma en que se organiza la mayor parte de la extrema derecha contemporánea: como una especie de esquema piramidal cuyos pilares son los «emprendedores políticos» —personas que, desde una posición destacada en las redes sociales o en los medios tradicionales, producen contenidos que acumulan a la vez capital de atención, social y político.

A través de un flujo constante de contenidos llamativos, mantienen a su base continuamente comprometida, pero también atomizada, privada de canales para la participación no digital. De este modo, pueden ser movilizados y desmovilizados más o menos a voluntad. Es revelador que Bolsonaro nunca se haya molestado en construir un partido propio de verdad —tampoco lo hicieron Farage ni Trump—. Consideran la estructura del partido no como un objetivo en sí mismo, sino solo como un vehículo para una política que, en realidad, se lleva a cabo en otros ámbitos.

Cuando la política es colonizada por la economía de la atención, el discurso público se convierte en un mar de indignación en constante cambio. Hoy esto; mañana aquello. Se trata de una situación totalmente contraria a la política emancipadora, que se basa en reforzar la capacidad de las personas para tomar decisiones sobre su destino colectivo y participar en esfuerzos sostenidos para cambiar el statu quo. Trump nos mantiene ocupados con titulares y publicaciones nocturnas, mientras que la verdadera labor de destrucción continúa en segundo plano.

A nivel ideológico, ¿qué representa el bolsonarismo? ¿En qué se diferencia de la derecha tradicional?

Interpretamos erróneamente a la extrema derecha al tomarnos su discurso al pie de la letra. Es un error creer a Trump, Bolsonaro y compañía cuando hablan de dar un paso atrás respecto al «globalismo», de volver al sueño fordista de los empleos industriales, de dar marcha atrás en la revolución sexual y de resacralizar la familia nuclear y los roles de género tradicionales. Estas ideas tienen un evidente atractivo psicológico para ciertos votantes, pero no se ven respaldadas por las acciones de la extrema derecha contemporánea. Por el contrario, se trata de un movimiento que se nutre de la desintegración social producida por décadas de neoliberalismo y que acelera ese proceso hacia un horizonte concreto.

En mi libro, caracterizo este horizonte como un «estado de naturaleza gestionado de forma privada y distribuido de manera diferencial»: una situación en la que el Estado renuncia cada vez más a su responsabilidad de mediar en los conflictos sociales y, en su lugar, consagra el imperio de la fuerza bruta.

Permítanme ofrecer un ejemplo revelador. En 2019, unos taladores ilegales en el estado amazónico de Rondônia incendiaron un camión cisterna que prestaba servicio a una operación federal de aplicación de la ley, la cual tuvo que suspenderse; dos semanas después, el ministro de Medio Ambiente se desplazó a la localidad para reunirse con los taladores y escuchar sus demandas. El mensaje explícito fue: «Estoy de su lado. No pasa nada si queman propiedad del Estado, matan a los indígenas en cuyas tierras están talando y colaboran con los narcotraficantes que utilizan las mismas rutas: todo eso es iniciativa privada, y nosotros no interferimos en la iniciativa privada». La misma idea subyace en la relación de Trump con las grandes empresas tecnológicas.

Esto puede adoptar la forma de lo que he denominado «capitalismo de capataz». En economías de plantación como las de Brasil y el sur de Estados Unidos, la labor policial era una función pública que surgió de una función privada. El capataz contratado para disciplinar a la mano de obra de las plantaciones se convirtió, tras la abolición, en el agente de policía encargado de mantener a raya a los hombres y mujeres liberados. Hoy en día, esa función pública está volviendo a privatizarse. Wagner y Blackwater, los narcotraficantes en México, las milicias en Río: estos actores no estatales ejercen cada vez más el monopolio de la fuerza sobre las zonas que controlan. El «capitalismo de capataz» implica la alianza entre el capital y estos agentes libres de la represión, que se unen a la coalición no solo como mercenarios, sino como socios políticos en pie de igualdad. Tal convergencia ya se vislumbró en el primer Gobierno de Bolsonaro y podría afianzarse fácilmente bajo el mandato de Flávio.

Está claro por qué a los poderosos les atrae un modelo así, que les promete un disfrute sin trabas del poder. Pero, ¿por qué votan a favor de él también los más débiles? Por las compensaciones psicológicas que incluye el paquete. La promesa es: «aunque siga siendo hiperexplotado en su trabajo, aunque sus expectativas de vida se reduzcan día a día, nos aseguraremos de que haya al menos una esfera de la vida en la que su poder se manifieste sin restricciones. En casa, puede desquitarse con su esposa o sus hijos, nadie se entrometerá; y nadie podrá decirle que no haga bromas sobre las personas negras o las personas homosexuales».

Su nuevo libro promete explicar «lo que Brasil revela sobre la extrema derecha global». ¿Qué vemos cuando observamos el sistema mundial desde la periferia? ¿En qué sentido se está «brasilianizando» el mundo?

El pensamiento social latinoamericano, y en particular el brasileño, se ha centrado en reformular las concepciones occidentales de la relación entre centro y periferia. Esta tradición se remonta a la década de 1960 con la «teoría de la dependencia», que surgió como una crítica a la teoría de la modernización —la noción, popularizada por autores como Walt Rostow y Seymour Martin Lipset, de que los países periféricos podrían, si jugaban bien sus cartas, alcanzar el mismo nivel de prosperidad que los países avanzados— para pasar del atraso a la plena modernidad.

La crítica afirmaba: «Esta idea es falsa, porque no estamos al margen del capitalismo, ni por detrás de él; siempre hemos estado incluidos en él como periféricos. Nuestra función siempre ha consistido en suministrar recursos naturales y mano de obra barata a las economías centrales y, por lo tanto, cualquier desarrollo que podamos alcanzar siempre estará subordinado al de ellas». Así pues, el argumento de los años sesenta y setenta era el siguiente: «Es erróneo considerar que el centro representa el futuro de la periferia; la condición periférica es aquella en la que lo moderno y lo atrasado siempre van combinados —y esta combinación es fundamental para el desarrollo capitalista».

La situación se invirtió en las décadas de los 80 y los 90, cuando los Estados Unidos y los países europeos comenzaron, en ciertos aspectos, a parecerse a la periferia, con una creciente desigualdad, precariedad, informalidad y «favelización» (un aumento de los barrios marginales como las favelas brasileñas). Así, tanto en Brasil como en el Norte Global, la gente empezó a describirlos como «brasilianizados».

¿A qué se debía este cambio de tendencia? Los herederos de la teoría de la dependencia pasaban ahora a situar en su contexto histórico la propia teoría de la modernización, argumentando que había sido la ideología de un período de expansión capitalista, en el que el horizonte de expectativas era el crecimiento permanente. Ahora, en un período de contracción, de horizontes cada vez más reducidos, el Norte Global se iría pareciendo cada vez más a la periferia.

Esta idea puede extenderse al ámbito de la política. La idea de que la extrema derecha corresponde a una aceleración de la desintegración resulta mucho más clara en Brasil bajo el mandato de Bolsonaro, o en Argentina bajo el de Milei, o en El Salvador bajo el de Bukele, de lo que lo fue incluso durante el primer mandato de Trump, o con la AfD en Alemania o el RN en Francia.

Usted ha dicho que la «mera normalidad» no va a derrotar al bolsonarismo. Entonces, ¿cómo podría ser una respuesta radical a la extrema derecha contemporánea?

Permítame comenzar con una paradoja de la teoría de la información: para que una señal se reciba como información, debe ser lo suficientemente diferente del ruido de fondo, pero no tan diferente como para que no se registre en absoluto como señal. Cuando aplicamos esta idea a la política, nos damos cuenta de que el radicalismo no es la fidelidad a un principio en su forma más pura y abstracta; es más bien una desviación de la norma que sigue siendo legible.

Se busca una táctica que le aleje lo más posible de la situación existente —pero que aún así pueda integrarse en ella—: una táctica que inspire confianza en las personas, que las convenza para que participen, que produzca un efecto real.

El problema hoy en día es que todas las medidas que realmente hay que tomar parecen extremadamente radicales. Tomemos como ejemplo la concentración de poder. Vivimos en un mundo en el que un empresario puede dejar fuera de combate a parte del ejército de un país, tal y como hizo Elon Musk al cortar la cobertura de Starlink a las fuerzas ucranianas en plena contraofensiva de 2022 —algo que habría sido el argumento de una película de James Bond en la década de 1970—. La respuesta sensata es aprobar una política gubernamental que impida a los particulares ejercer tal poder. Pero si hoy se propone una política de este tipo, se le acusará de abogar por la expropiación o de vulnerar los derechos personales. Hemos ido tan lejos en una dirección que solo se puede intervenir tirando con mucha fuerza en la dirección opuesta.

En este sentido, podemos aprender algo de la extrema derecha. Hoy en día se dicen cosas —por ejemplo, que los ciudadanos con el color de piel «incorrecto» deberían ser deportados— que eran impensables hace poco tiempo. Desde 2016, lo impensable no ha dejado de ocurrir y lo indecible se ha convertido en sentido común. La extrema derecha ha forzado los límites de lo posible en la dirección de lo que cree que realmente hay que hacer.

Quizá nada de lo que realmente necesitamos hacer sea posible hoy —pero tampoco podremos hacerlo mañana, a menos que empecemos a sentar las bases ahora mismo—. Tenemos que construir una base social para nuestros objetivos. No podemos limitarnos a ofrecer argumentos racionales y políticas creíbles; tenemos que infundir un deseo, arraigado en la experiencia cotidiana de las personas, de ese otro mundo mejor. La gente debe sentir no solo que viviría mejor en un mundo reconfigurado, sino que empieza a vivir mejor al sumarse al movimiento para llegar hasta allí." 

(Rodrigo Nunes , filósofo político entre cuyos libros se incluyen Ni vertical ni horizontal: una teoría de la organización política, La organización de los desorganizados: la acción colectiva tras la red y Anatomía de la desintegración: lo que Brasil revela sobre la extrema derecha global, entrevistado por Carlos Pérez, equator, 30/09/26, traducción Salvador L. Arnal)

Paul Krugman: La Administración Trump es un pozo negro de corrupción... El nivel de corrupción en el que Trump se ha visto envuelto y que ha propiciado en otros no tiene precedentes: un tráfico de influencias que, como diría Trump, no se parece a nada que nadie haya visto jamás. Estados Unidos cuenta actualmente con un presidente republicano que, junto con su familia, ha amasado miles de millones —posiblemente cerca de 10 000 millones de dólares— en beneficios personales gracias a su cargo en menos de dos años... Y luego está el secretario de Comercio de Trump, Howard Lutnick, cuya familia ha duplicado su patrimonio neto hasta superar los 7 000 millones de dólares... Simon Andriesz, el banquero británico y denunciante, que falleció recientemente tras quitarse la vida, reveló ante el Senado que Lutnick había mentido sobre el alcance de sus vínculos con Jeffrey Epstein... cada vez más indicios de que la corrupción está calando por fin en la conciencia pública. Esperemos que este avance resulte de enorme importancia no solo para las elecciones de mitad de legislatura, sino también para lo que suceda después... al parecer, incluso la página editorial del Wall Street Journal, antes pro-Trump, ha llegado por fin a su límite de tolerancia, con su sorprendente editorial del 2 de octubre en el que se criticaba duramente la corrupción de la familia Trump. El tono era más bien «esto es un problema de relaciones públicas para los republicanos» que «los Trump están vendiendo Estados Unidos al mejor postor, algunos de los cuales son enemigos del Estado»... combatir esa corrupción debería ser el eje central del programa del Partido Demócrata... pero también poner orden en su propia casa... como ejemplifican los miles de millones en criptomonedas recaudados por el hijo de 22 años de Kirsten Gillibrand para una nueva empresa

"El pozo negro de corrupción que es la presidencia de Donald Trump está recibiendo por fin la atención que se merece. Ya era hora. Y si el 3 de noviembre una enorme ola azul arrasa en Washington, tal y como sugieren ahora las encuestas, los demócratas deberían situar la corrupción en el centro de su agenda en el Congreso.

El nivel de corrupción en el que Trump se ha visto envuelto y que ha propiciado en otros no tiene precedentes: un tráfico de influencias que, como diría Trump, no se parece a nada que nadie haya visto jamás. Estados Unidos cuenta actualmente con un presidente republicano que, junto con su familia, ha amasado miles de millones —posiblemente cerca de 10 000 millones de dólares— en beneficios personales gracias a su cargo en menos de dos años. De hecho, ha vendido indultos penales a estafadores, invalidando las reclamaciones legales de sus víctimas para obtener una indemnización. Su yerno, Jared Kushner, se ha convertido en multimillonario gestionando un fondo de inversión para autócratas de los Estados petroleros del Golfo, a pesar de carecer de habilidades inversoras apreciables. El Times acaba de informar de que Kristi Noem pagó cientos de millones por encima del precio razonable por cinco aviones —uno de los cuales cuenta con un cuarto de baño de mármol y un dormitorio de lujo— que, en teoría, estaban destinados a las deportaciones, pero que, en realidad, permanecen aparcados en la pista. Y luego está el secretario de Comercio de Trump, Howard Lutnick, cuya familia ha duplicado su patrimonio neto hasta superar los 7 000 millones de dólares, en gran parte gracias a sus inversiones en Tether, la criptomoneda preferida por Irán, los terroristas y los Estados rebeldes.

Y no debería omitir el trágico destino de Simon Andriesz, el banquero británico y denunciante, que falleció recientemente tras quitarse la vida. Andriesz reveló ante el Senado que Lutnick había mentido sobre el alcance de sus vínculos con Jeffrey Epstein. Justo antes de su muerte, Andriesz habló abiertamente de cómo las amenazas contra él y su familia, como consecuencia de su testimonio, le habían arruinado la vida.

A pesar del alcance de la corrupción de Trump y compañía, aún queda trabajo por hacer en materia de concienciación de los votantes. Teniendo en cuenta todo lo demás —la desastrosa guerra del Golfo Pérsico, los aranceles, la inflación, las amenazas contra nuestros aliados más cercanos, los temores a una aniquilación por parte de la inteligencia artificial—, ha llevado mucho tiempo que la corrupción escandalosa y descarada de Trump y compañía se convirtiera en un tema político de primer orden. Pero hay cada vez más indicios de que la corrupción está calando por fin en la conciencia pública. Esperemos que este avance resulte de enorme importancia no solo para las elecciones de mitad de legislatura, sino también para lo que suceda después.

 Una clara muestra de este avance fue el sorprendente editorial principal del 2 de octubre en el *Wall Street Journal* —sí, ese periodicucho de izquierdas, el *Wall Street Journal*— en el que se criticaba duramente la corrupción de la familia Trump. Es cierto que el titular —«Se acerca el momento de gloria de Don Jr.»— resultaba extrañamente elíptico, y el ejemplo de corrupción en el que decidió centrarse —el regalo de boda otorgado por un oligarca ruso por valor de cientos de miles de dólares— es una bagatela para los estándares de Trump. El tono era más bien «esto es un problema de relaciones públicas para los republicanos» que «los Trump están vendiendo Estados Unidos al mejor postor, algunos de los cuales son enemigos del Estado». Pero, al parecer, incluso la página editorial del Wall Street Journal, antes pro-Trump, ha llegado por fin a su límite de tolerancia.

Como reflejo de esta tendencia, la última encuesta de The Economist/YouGov incluía preguntas sobre la corrupción y sobre qué partido político culpan más los votantes. Parece ser la primera vez que se plantea esta pregunta de forma sistemática. Estos son los resultados de la encuesta: (...)

 A primera vista, los resultados de esta encuesta resultan algo decepcionantes: solo el 30 % de los estadounidenses considera que los republicanos son el partido más corrupto, mientras que la mayoría afirma que los demócratas son más corruptos o que no hay diferencia entre ambos partidos. Sin embargo, si se analizan estas cifras con detenimiento y se tiene en cuenta una visión más realista de la opinión pública, esta encuesta revela en realidad que la corrupción se está convirtiendo en un grave problema para el Partido Republicano.

En primer lugar, solo una pequeña fracción de los independientes afirma que los demócratas son más corruptos que los republicanos. El único grupo en el que la mayoría afirma que los demócratas son el partido más corrupto son los republicanos partidarios de «Make America Great Again» (MAGA) —y, como dice el viejo refrán: «eso es lo que dirían, ¿no?»—.

En segundo lugar, la mayoría de los votantes, demasiado ocupados tratando de hacer frente a las responsabilidades diarias, agravadas por la inflación y el aumento de los tipos de interés de los préstamos para la compra de coches, no prestan mucha atención a las noticias. Son vagamente conscientes de que la corrupción es un problema y, con demasiada frecuencia, equiparan las estafas rutinarias de bajo nivel, como las de Hunter Biden o Bob Menéndez, con el saqueo y el vandalismo a gran escala de Trump. Apenas perciben la realidad de que la corrupción reciente es, en términos de magnitud, mucho mayor y más descarada que cualquier cosa que hayamos visto en el pasado.

 Pero eso podría cambiar pronto. Según todas las encuestas, los demócratas tienen prácticamente asegurada la victoria en la Cámara de Representantes por un amplio margen. Además, las encuestas indican que hay una alta probabilidad de que también se hagan con el Senado. Y esto significa poder de citación. A través de las audiencias e investigaciones del Congreso, los demócratas pueden dar mucha más visibilidad al alcance del saqueo y el vandalismo descarados que Trump y su banda han infligido a este país.

Dada la magnitud de la corrupción, el auge de la oligarquía en Estados Unidos y la avalancha cada vez mayor de dinero en la política, mucha gente podría preguntarse con razón: «¿Por qué va a importar esto?». Habiendo elegido a Trump dos veces, ¿podemos confiar en que los estadounidenses votarán por lo que es correcto en lugar de por mentiras? ¿Y podemos confiar en que los demócratas, una vez en el poder, serán inmunes a la seducción del gran capital, ya que este sin duda lo intentará?

Así pues, en un sentido muy real, una vez en el poder, los demócratas tendrán que hacer frente a múltiples frentes de batalla. Además de luchar contra Trump en sus dos años restantes en el poder, también tendrán que demostrar al pueblo estadounidense que serán inmunes a los inevitables intentos del gran capital de sobornarlos mediante contribuciones a la campaña y acuerdos a puerta cerrada. Un par de ejemplos de lo que ya está saliendo mal son la reciente contratación de la hija de Chuck Schumer por parte de OpenAI y los miles de millones en criptomonedas recaudados por el hijo de 22 años de Kirsten Gillibrand para una nueva empresa.

 Es cierto que estos dos ejemplos son insignificantes en comparación con la corrupción trumpista. Pero un número significativo de votantes no lo verá así y, en cambio, adoptará una postura de desilusión, considerando que ambos partidos son igual de malos. Además, es seguro que, una vez que los demócratas estén en el poder, el Wall Street Journal y otros medios similares volverán a sus viejas costumbres, arremetiendo contra los demócratas y ensalzando a los republicanos.

Por eso, los demócratas deben aprovechar esta próxima «ola azul» no solo para acabar con la corrupción de Trump, sino también para poner orden en su propia casa. Porque las fuerzas que dieron lugar a Trump no desaparecerán sin más." 

(Paul Krugman , blog, 05/10/26, traducción DEEPL)

Enric Juliana: El aleteo de una mariposa en un ático de Chamberí ha conducido a la convocatoria de elecciones en España... El último motín madrileño no ha surgido de la nada... el alquiler de una habitación puede costar entre cuatrocientos y quinientos pavos al mes... Acampada en Sol fuera del control del Gobierno, con consignas de huelga general que inquietan a los sindicatos... El Sindicato de Inquilinas y la Coordinadora Juvenil Socialista llevan la voz cantante en la acampada. Una plataforma social de nuevo tipo y una disciplinada organización de izquierda marxista, nuevo grupo de acción que se halla muy lejos de Sumar y no muy cerca de Podemos. Izquierda dura para tiempos duros. Fermentos del futuro que viene... Sánchez ordena tomar medidas. Quiere recuperar la iniciativa política perdida durante dos meses. De ahí surgen los dos decretos, pero Puigdemont no quiere volver a casa pareciendo el salvador de Sánchez en una cuestión que atañe al uso y reglamentación de la propiedad privada. La pequeña propiedad en Catalunya es asunto capital... los sindicatos Comisiones Obreras y UGT anuncian la convocatoria de una huelga general por la cuestión de la vivienda... La vivienda, cuestión nacional-popular. Aviso sindical al futurible PP-Vox... Empieza la campaña electoral más vibrante que habrá conocido este país en muchos años... Nadie está muy seguro de nada, nadie lo controla todo, y el vuelo de una mariposa terminará dentro de una urna el día 29 de noviembre

"El aleteo de una mariposa en un ático de Chamberí ha conducido a la convocatoria de elecciones en España.

Madrid va como una moto, pero Carlos Dickens habita en los barrios modestos de la capital. El alquiler de una habitación puede costar entre cuatrocientos y quinientos pavos al mes.  Por ello, mucha gente se incendió cuando supo que la Comunidad de Madrid ha adquirido un lujoso ático en Chamberí por 6,3 millones de euros, con el nebuloso propósito de convertirlo en residencia oficial de la Presidencia de la Comunidad. Si la Generalitat de Catalunya tiene la Casa dels Canonges, anexa al viejo Palau, la CAM tendría una Casa de los Canónigos justo enfrente del edificio donde vive la madre de Isabel Díaz Ayuso. La Barcelona gótica y el Madrid supersónico.

La historia del aticazo de la calle General Martínez Campos (militar que apuntilló a la Primera República en 1874), desvelada por el diario El País a finales de julio, ha calentado mucho los ánimos. El último motín madrileño no ha surgido de la nada. En septiembre, al conocerse el inminente desahucio de una anciana de 87 años en el distrito de Retiro, el Sindicato de Inquilinas y otras redes de apoyo mutuo llamaron a la protesta. Acudieron al desahucio, se manifestaron ante el ático de Martínez Campos y cerraron la jornada con una acampada en la Puerta del Sol, que rememora el mítico 15-M, el motín de los indignados en el 2011.

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El Sindicato de Inquilinas y la Coordinadora Juvenil Socialista llevan la voz cantante en la acampada, como explicábamos el pasado domingo en La Vanguardia. Una plataforma social de nuevo tipo y una disciplinada organización de izquierda marxista, nuevo grupo de acción que se halla muy lejos de Sumar y no muy cerca de Podemos. La CJS no quiere ir a las elecciones. No tendrán papeleta el próximo mes de noviembre. Izquierda dura para tiempos duros. Fermentos del futuro que viene.

Gritaban contra el Gobierno, pero este vio la oportunidad de cambiar de tema después de dos meses de cautiverio en Ceuta. Ceuta, 30-31 de julio del 2026, el cataclismo geopolítico que el equipo de Pedro Sánchez no supo calibrar bien. En Ceuta no se puede hacer nada sin el concurso de Juan Jesús Vivas, alcalde-gobernador desde hace 26 años, que en este episodio se ha puesto a las órdenes de Alberto Núñez Feijóo. Para el PP era y sigue siendo fundamental encapsular el problema en Ceuta, calentarlo sin salir de puerto, para no abrir una discusión con Vox en todas las autonomías sobre la acogida de menores migrantes. No hace falta mencionar el motivo. Ambos partidos se disputan un montón de votos.

La cuestión de Ceuta no va a desaparecer del debate público, en absoluto. Pronto reaparecerá con la inminente visita de los Reyes a las dos ciudades españolas del norte de África.  La cuestión de Ceuta y Melilla pautará la política española durante los próximos 25 años. Prepárense. Marruecos va camino de convertirse en uno de los países más fuertes de África, con el apoyo de Estados Unidos e Israel. Habrá fases y altibajos. Estas semanas, Washington está cuidando las relaciones con Argelia porque necesita más gas en el mercado internacional, ante la crisis de Ormuz. Estos días no hay prisas para relanzar en la ONU la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental. Las dunas en el desierto suelen ser onduladas.

Acampada en Sol fuera del control del Gobierno, con consignas de huelga general que inquietan a los sindicatos. Sánchez ordena tomar medidas. Quiere recuperar la iniciativa política perdida durante dos meses. De ahí surgen los dos decretos y el convencimiento de que el primero de ellos podía ser aprobado con el apoyo de Junts, cuya portavoz en el Congreso se implica en la negociación. Suenan los teléfonos en Barcelona y en Waterloo.

Una vez amarrada la amnistía –hoy se reúne el Tribunal Constitucional–, Carles Puigdemont no quiere volver a casa pareciendo el salvador de Sánchez en una cuestión que atañe al uso y reglamentación de la propiedad privada. La pequeña propiedad en Catalunya es asunto capital. Siempre lo ha sido. El PSUC empezó a ganar fuerza en 1937 cuando defendió la pequeña propiedad frente al afán colectivizador de la CNT y el POUM. El votante clásico convergente está inquieto, y Aliança Catalana (AC) sigue creciendo en los sondeos. Si AC no se presenta a las generales, Junts ha de ir a por ellos. Junts gira, y el viernes Sánchez se queda sin carretera.

Empieza la campaña electoral más vibrante que habrá conocido este país en muchos años. El mismo lunes, ayer en este relato acelerado, los sindicatos Comisiones Obreras y UGT anuncian la convocatoria de una huelga general por la cuestión de la vivienda. No quieren que el Sindicato de Inquilinas les desborde. Y quieren que se hable de los salarios en un momento en el que repunta la inflación. Con salarios bajos no se puede pagar el alquiler. La vivienda, cuestión nacional-popular. Aviso sindical al futurible PP-Vox.

Nadie está muy seguro de nada, nadie lo controla todo, y el vuelo de una mariposa terminará dentro de una urna el día 29 de noviembre."

(Enric Juliana, La Vanguardia, 06/10/26) 

Diego Fusaro: Proyecto de ley contra el antisemitismo...se prohibirá comparar las políticas de Israel con el nazismo... dicho proyecto de ley utiliza la excusa de la lucha contra el antisemitismo para justificar la inmunidad de Israel y sus políticas frente a cualquier posible crítica, y para ilegalizar cualquier disconformidad con respecto a las acciones genocidas de Netanyahu... condena como antisemitismo la comparación entre las políticas de Israel y las del nazismo... es un auténtico contrasentido, dado que en la historia puede ocurrir efectivamente que un Estado, incluido el de Israel, pueda aplicar políticas comparables a las del nazismo (o tal vez incluso directamente inspiradas en estas últimas)... se criminaliza a priori una posible interpretación histórica de hechos posibles, creando un delito de interpretación histórica... una interpretación se juzga antisemita, independientemente de los hechos históricos que estén ocurriendo o que puedan ocurrir en el futuro... En cuanto al hecho de que se deba perseguir penalmente a quien identifique la crítica a las políticas de Israel con todo el pueblo judío, no se entiende por qué este principio debe aplicarse solo a un pueblo y no a todos, ¿acaso es lícito identificar a todo el pueblo estadounidense con las fechorías cometidas por el Gobierno de EE. UU.?

"Ya he explicado con todo detalle las razones por las que considero que el proyecto de ley contra el antisemitismo es, literalmente, indescriptible y obsceno. En pocas palabras, y resumiendo lo que ya he expuesto con mayor detalle en otros lugares, dicho proyecto de ley utiliza la excusa de la lucha contra el antisemitismo para justificar la inmunidad de Israel y sus políticas frente a cualquier posible crítica, y para ilegalizar cualquier disconformidad con respecto a las acciones genocidas de Netanyahu. 

Esto se ve respaldado, además, por el hecho de que el antisemitismo ya está tipificado como delito en toda Europa, por lo que no se entiende para qué sirve dicho proyecto de ley, salvo para perseguir a quienes critican a Israel tachándolos de antisemitas. Dicho esto, el proyecto de ley contra el antisemitismo, entre otras cosas, condena como antisemitismo la comparación entre las políticas de Israel y las del nazismo. Estarán de acuerdo conmigo en que es un auténtico contrasentido, dado que en la historia puede ocurrir efectivamente que un Estado, incluido el de Israel, pueda aplicar políticas comparables a las del nazismo (o tal vez incluso directamente inspiradas en estas últimas). Sin embargo, con el proyecto de ley en cuestión se criminaliza a priori una posible interpretación histórica de hechos posibles, creando de hecho un delito de opinión, pero también un delito de interpretación histórica.

 Seguramente Spinoza se estará revolviendo en su tumba, como suele decirse. En un régimen democrático, explicaba el filósofo, cada uno debe ser libre de interpretar la realidad e incluso los Textos Sagrados como mejor le parezca: si sus ideas son falsas, serán refutadas por las verdaderas, ya que lo contrario de la falsedad es la verdad, no la censura. 

El pasaje que acabo de mencionar del proyecto de ley contra el antisemitismo establece una especie de bloqueo hermenéutico, en virtud del cual una posible interpretación queda descartada a priori y se juzga antisemita, independientemente de los hechos históricos que estén ocurriendo o que puedan ocurrir en el futuro. 

En cuanto al hecho de que se deba perseguir penalmente a quien identifique la crítica a las políticas de Israel con todo el pueblo judío, no se entiende por qué este principio debe aplicarse solo a un pueblo y no a todos: ¿acaso es lícito identificar a todo el pueblo estadounidense con las fechorías cometidas por el Gobierno de EE. UU. o a todo el pueblo alemán con los crímenes cometidos en su momento por Hitler? Por decirlo de nuevo con las palabras de Spinoza en el «Tratado teológico-político», no existen pueblos elegidos que, como tales, deban ser tratados de manera diferente a los demás, porque todos los pueblos, al igual que todas las entidades, son manifestaciones inmanentes de la única sustancia existente, Deus sive natura."

(Diego Fusaro, blog, 06/10/26, traducción DEEPL) 

John Mearsheimer: El gran farol de Trump sobre Irán... La administración Trump y sus partidarios —incluida la página editorial del Wall Street Journal— están trabajando horas extras estos días para manipular las noticias en torno a la guerra con Irán y hacer que parezca que Estados Unidos está ganando y que más le vale a Teherán someterse a las exigencias de Washington antes de ser destruido... Esta campaña está condenada al fracaso. Más bien refleja la desesperación de la administración Trump... incluso si hubiera tres portaaviones disponibles para atacar Irán, ¿qué podrían lograr en una renovada campaña aérea que Estados Unidos e Israel no pudieron lograr juntos durante la fallida campaña de bombardeos de 40 días? Algunos podrían argumentar que Estados Unidos finalmente podría destruir la infraestructura petrolera de Irán. El problema, sin embargo, es que Irán conserva una capacidad de segundo ataque y podría replicar causando estragos en la infraestructura petrolera de los estados del Golfo. Uno se estremece al pensar cuáles serían las consecuencias para la economía internacional... Para colmo de males, Estados Unidos enfrenta una grave escasez de armamento de alta gama, que es una de las principales razones por las que puso fin a la campaña de bombardeos de 40 días y se ha abstenido en las últimas semanas de participar en intercambios de bombardeos de represalia con Irán... además, lo que más importa en una guerra terrestre es el número de tropas en formaciones de combate terrestre reales. Calculo que, de los aproximadamente 50.000 militares estadounidenses ya estacionados en la región, sólo 5.000 pertenecen a tales formaciones... El general retirado del Ejército Barry McCaffrey estima que asegurar el estrecho de Ormuz requeriría aproximadamente 150.000 tropas y de tres a seis meses de combate...y, ¿cómo se supone que los marines, que están a bordo de buques de asalto anfibio, desembarquen en territorio iraní si la amenaza de misiles y drones de Irán está obligando a la Armada estadounidense a mantener esos grandes y vulnerables buques lejos de la costa iraní?... No hay duda de que Estados Unidos está causando un gran daño a la economía de Irán y infligiendo enormes penurias al pueblo iraní. Pero eso ha sido cierto durante mucho tiempo. La pregunta clave es si ese castigo puede coaccionar a Irán para que se rinda a las exigencias estadounidenses... Irán tiene una formidable opción de escalada si el dolor económico se vuelve demasiado grande: puede atacar la infraestructura petrolera y gasífera de los estados del Golfo e Israel, así como sus altamente vulnerables plantas desalinizadoras

"El gran farol de Trump sobre Irán

La administración Trump y sus partidarios —incluida la página editorial del Wall Street Journal— están trabajando horas extras estos días para manipular las noticias en torno a la guerra con Irán y hacer que parezca que Estados Unidos está ganando y que más le vale a Teherán someterse a las exigencias de Washington antes de ser destruido, quizá incluso "aniquilado". De hecho, Trump está preparando la opción de descargar el martillo militar sobre Irán después de las elecciones de mitad de mandato si para entonces Teherán no se ha rendido.

En efecto, Trump y sus partidarios están librando una "campaña de máxima presión" contra Irán en los medios de comunicación convencionales.

Esta campaña está condenada al fracaso. Más bien refleja la desesperación de la administración Trump. El presidente inició una guerra que Estados Unidos estaba destinado a perder, y poco puede hacer ahora para cambiar ese hecho básico.

La campaña de propaganda de Trump tiene dos dimensiones: una económica y otra militar.

Primero, la administración sostiene que Irán está siendo estrangulado económicamente por el bloqueo naval estadounidense junto con la Operación Paria Económico, la estrategia anunciada por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, el 24 de agosto de 2026. Al mismo tiempo, afirma que el petróleo vuelve a fluir del Golfo a ritmos no muy inferiores a los que prevalecían el 27 de febrero de 2026. Las implicaciones son obvias: el castigo económico que se inflige a Irán lo obligará a capitular pronto, mientras que la economía estadounidense —y la comunidad internacional en general— está bien encaminada hacia la recuperación.

Segundo, Estados Unidos está ahora acumulando sus fuerzas militares para un ataque militar masivo después de las elecciones de mitad de mandato, cuando Trump quede libre de restricciones electorales. Esta creciente amenaza de un ataque estadounidense devastador, junto con el dolor económico que se inflige a Irán, está diseñada para que Teherán se retire ahora, antes de que su situación empeore aún más.

Hay enormes problemas con esta estrategia. Suena persuasiva cuando los medios de comunicación convencionales la difunden obedientemente, pero se desmorona cuando uno examina de cerca lo que realmente está sucediendo.

Consideremos la dimensión militar. Los titulares dicen que Estados Unidos está enviando 10.000 soldados adicionales y un tercer portaaviones —el USS Theodore Roosevelt— a la región del Golfo Pérsico, creando la impresión de que Irán pronto se enfrentará a tres portaaviones estadounidenses. Además, las tropas adicionales —sumadas a los aproximadamente 50.000 militares estadounidenses ya presentes en la región— se presentan como evidencia de que Trump está considerando seriamente poner botas sobre el terreno.

La historia del portaaviones, sin embargo, es bastante diferente de lo que sugieren los titulares. Según los informes, el Roosevelt está siendo enviado para reemplazar al USS George Washington, mientras que el supuesto tercer portaaviones, el USS George H.W. Bush, ya ha abandonado Oriente Medio y ahora está en Tailandia. Por lo tanto, actualmente solo hay un portaaviones en la región. De hecho, esta es la primera vez durante la guerra que Estados Unidos tiene solo un portaaviones en Oriente Medio, y es difícil imaginar que haya más de dos —si acaso esa cantidad— después de las elecciones de mitad de mandato.

El problema mayor es que la guerra con Irán está sometiendo a una severa tensión a la Armada estadounidense. Sus altos mandos advierten que el ritmo operativo actual no es sostenible indefinidamente. Los portaaviones y otros buques de guerra están siendo rotados mediante despliegues extremadamente largos, lo que causa importantes problemas de mantenimiento y preparación que tendrán que abordarse en algún momento. Este problema se ve agravado por el hecho de que los buques estadounidenses han perdido acceso a instalaciones logísticas cercanas y dependen cada vez más de una cadena de suministro que se remonta a Diego García, que está a unas 2.500 millas del Golfo Pérsico.

Pero incluso si hubiera tres portaaviones disponibles para atacar Irán, ¿qué podrían lograr en una renovada campaña aérea que Estados Unidos e Israel no pudieron lograr juntos durante la fallida campaña de bombardeos de 40 días entre el 28 de febrero y el 8 de abril de 2026? Algunos podrían argumentar que Estados Unidos finalmente podría destruir la infraestructura petrolera de Irán. El problema, sin embargo, es que Irán conserva una capacidad de segundo ataque y podría retaliar causando estragos en la infraestructura petrolera de los estados del CCG. Uno se estremece al pensar cuáles serían las consecuencias para la economía internacional.

Para colmo de males, Estados Unidos enfrenta una grave escasez de armamento de alta gama, que es una de las principales razones por las que puso fin a la campaña de bombardeos de 40 días y se ha abstenido en las últimas semanas de participar en intercambios de bombardeos de represalia con Irán. Uno pensaría que la escasez de municiones críticas —tanto para atacar a Irán como para defenderse de la retaliación iraní— limitaría el alcance y la intensidad de cualquier campaña renovada de bombardeos estratégicos, reduciendo así sus posibilidades de éxito.

En cuanto a las fuerzas terrestres, simplemente contar el número de personal militar estadounidense en Oriente Medio es engañoso al evaluar la posibilidad de poner botas sobre el terreno. Lo que más importa en una guerra terrestre es el número de tropas en formaciones de combate terrestre reales. Calculo que, de los aproximadamente 50.000 militares estadounidenses ya estacionados en la región, unos 5.000 pertenecen a tales formaciones: aproximadamente 2.200 marines y marineros en la 11.ª MEU, 2.000 soldados de la 82.ª Aerotransportada y posiblemente otros 800 efectivos del Ejército en Kuwait asociados con la Fuerza de Tarea Spartan. De los aproximadamente 10.000 efectivos adicionales que ahora se envían a la región, otros 2.200 pertenecen a la 13.ª MEU. La mayoría del resto son marineros asignados al portaaviones Theodore Roosevelt y sus buques de guerra de apoyo. Así, dados los planes de despliegue actuales, calculo que para finales de noviembre Estados Unidos tendrá poco menos de 7.500 efectivos en formaciones de combate terrestre en la región del Golfo: aproximadamente 4.400 en las dos MEU y 2.800 efectivos del Ejército.

No hay forma de que una fuerza terrestre tan pequeña ofrezca una opción prometedora contra un país con la población y la geografía de Irán. Incluso triplicar ese número hasta aproximadamente 23.000 —lo cual es muy improbable— no alteraría fundamentalmente el problema. El general retirado del Ejército Barry McCaffrey estima que asegurar el estrecho de Ormuz requeriría aproximadamente 150.000 tropas y de tres a seis meses de combate. A modo de comparación, Rusia invadió Ucrania en febrero de 2022 con aproximadamente 190.000 militares, y esa fuerza resultó insuficiente para mantener gran parte del territorio que Rusia capturó inicialmente. Irán tiene más del doble de la población que Ucrania tenía al comienzo de la invasión rusa, y su geografía es considerablemente más inhóspita para un ejército invasor.

En pocas palabras, Estados Unidos no ha reunido nada que se parezca remotamente a la fuerza terrestre necesaria para una invasión a gran escala de Irán. De hecho, desde la perspectiva de Teherán, una decisión estadounidense de lanzar tal ofensiva con algo parecido a las fuerzas actualmente disponibles presentaría a Irán una oportunidad para luchar contra Estados Unidos en circunstancias excepcionalmente favorables.

A riesgo de insistir sobre un tema muerto, son pertinentes dos puntos más. Primero, dada la impopularidad de la guerra con Irán entre el público estadounidense, casi con certeza habría un enorme escándalo si grandes números de soldados estadounidenses comenzaran a regresar a casa en bolsas mortuorias. Segundo, ¿cómo se supone que los marines, que están a bordo de buques de asalto anfibio, desembarquen en territorio iraní si la amenaza de misiles y drones de Irán está obligando a la Armada estadounidense a mantener esos grandes y vulnerables buques lejos de la costa iraní?

Pasemos a la dimensión económica. No hay duda de que Estados Unidos está causando un gran daño a la economía de Irán y infligiendo enormes penurias al pueblo iraní. Pero eso ha sido cierto durante mucho tiempo. La pregunta clave es si ese castigo puede coaccionar a Irán para que se rinda a las exigencias estadounidenses.

No hay evidencia de que Irán esté cediendo a la presión estadounidense, y hay tres razones para dudar de que lo hará. Primero, es extraordinariamente difícil encontrar un caso en el registro histórico en el que un bloqueo económico por sí solo haya hecho que el Estado objetivo se rindiera. Segundo, Irán ve a Estados Unidos e Israel como amenazas existenciales para Irán —lo cual no sorprende dado el lenguaje genocida que Trump ha utilizado al hablar de Irán— y los Estados que creen que su supervivencia está en juego son excepcionalmente difíciles de coaccionar. Tercero, Irán tiene una formidable opción de escalada si el dolor económico se vuelve demasiado grande: puede atacar la infraestructura petrolera y gasífera de los estados del Golfo e Israel, así como sus altamente vulnerables plantas desalinizadoras.

En resumen, es difícil ver que la presión económica por sí sola obligue a Irán a aceptar los términos de Trump. Esa es probablemente una de las razones por las que Estados Unidos vuelve a hablar de usar la fuerza militar. Pero, como argumenté anteriormente, esa opción tiene pocas probabilidades de producir un resultado favorable.

Finalmente, no hay duda de que hoy fluye más petróleo del Golfo que a principios de septiembre. Pero tanto Irán como los hutíes están trabajando duro para revertir esa tendencia. Irán ataca diariamente a los petroleros escoltados por Estados Unidos, mientras que los hutíes atacan infraestructura petrolera vital dentro de Arabia Saudita. Además, a pesar del mayor flujo de petróleo procedente del Golfo, los precios de la gasolina siguen siendo muy altos, y una serie de otros problemas económicos no muestran señales de disminuir pronto, incluidos los altos precios del diésel, la inflación persistente, las elevadas tasas hipotecarias y los peligrosamente altos rendimientos de los bonos en gran parte de Occidente.

Todo esto quiere decir que la administración Trump tiene poderosos incentivos económicos para poner fin a esta guerra lo antes posible. De hecho, no sería sorprendente que hubiera un creciente sentido de desesperación a puertas cerradas entre Trump y sus asesores.

Esto, por supuesto, ayuda a explicar por qué la administración Trump y sus aliados están librando una campaña mediática diseñada para persuadir a Irán de que sus días están contados y de que más le vale ceder a las exigencias estadounidenses antes de que sea demasiado tarde. Los hechos, sin embargo, cuentan una historia diferente. El éxito de esta estrategia depende, por lo tanto, de que Trump sea capaz de engañar a los iraníes haciéndoles creer que Godzilla se les está acercando. Hay pocas razones para pensar que Teherán será engañado." 

(John J. Mearsheimer , blog, 04/10/26, traducción deepseek)  

El movimiento por la vivienda ha transformado la política española y podría salvar a Sánchez el 29 de noviembre... El surgimiento de un movimiento masivo por la vivienda en los últimos diez días ha devuelto la cuestión de la clase social a la agenda política española y ha alterado por completo las dimensiones de las elecciones generales... El Gobierno español reaccionó con rapidez a la presión del movimiento impulsando dos decretos sobre vivienda. Junts se negó a votar a favor de cualquiera de los dos decretos por presiones de la banca catalana y de los grupos de presión del sector inmobiliario... ¿Por qué la derrota parlamentaria del Gobierno sirvió de trampolín para convocar elecciones generales? Antes del desahucio de Maricarmen, la política española se había centrado obsesivamente en la crisis migratoria de Ceuta. Si la crisis de Ceuta hubiera marcado la campaña electoral, Sánchez no habría tenido ninguna oportunidad... La vivienda es un asunto totalmente distinto. Lejos de contraponer a autóctonos frente a inmigrantes o a cristianos frente a musulmanes, la cuestión de la vivienda se define por la división entre inquilino y propietario: entre el joven que no puede permitirse independizarse del hogar familiar y el fondo buitre que busca desahuciar a los inquilinos para dejar paso a los turistas... Pedro Sánchez, al responder con rapidez a las demandas del movimiento por la vivienda, ha posicionado al PSOE y a su gobierno de coalición como defensores de los inquilinos; por el contrario, el PP y Vox se han opuesto rotundamente a los decretos sobre vivienda, apareciendo así como portavoces de las clases propietarias... Sánchez habló de la necesidad de que los votantes le otorgaran una mayoría para poder «someter a las élites». A medida que España se ha polarizado en bloques de izquierda y derecha, Sánchez se ha convertido en la figura dominante del primero (Ben Wray)

"España volverá a las urnas el 29 de noviembre. La decisión del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de convocar nuevamente a la ciudadanía está estrechamente ligada al movimiento social surgido en España durante los últimos diez días contra los desahucios y en defensa del derecho a la vivienda.

La chispa inicial saltó con el desahucio de Maricarmen, una inquilina de 87 años, de su piso en Madrid, donde había residido durante 71 años. La policía agredió a los activistas que intentaban impedir el desalojo, y Maricarmen fue evacuada en camilla. Un fondo buitre, propietario del inmueble, pretendía aumentar el alquiler más de un 300 %. En respuesta al desahucio, miles de activistas —incluidos miembros del sindicato de inquilinos— ocuparon la madrileña Puerta del Sol y montaron tiendas de campaña: la mecha ya se había encendido.

El Gobierno español reaccionó con rapidez a la presión del movimiento impulsando dos decretos sobre vivienda. El primero contemplaba, entre otras medidas, la paralización de todos los desahucios hasta 2030; el segundo atendía las demandas específicas del sindicato de inquilinos sobre contratos incondicionales, obligando a los propietarios a abonar una indemnización equivalente a 12 meses de alquiler si rescindían el contrato y desahuciaban al inquilino. El Gobierno carece de mayoría absoluta y depende del apoyo de un conjunto de partidos de izquierda y de centro-derecha para sacar adelante cualquier ley.

Sánchez dividió la propuesta en dos decretos, previendo que el segundo sería rechazado por sus «aliados» de derecha —el partido independentista catalán Junts per Catalunya y el Partido Nacionalista Vasco (PNV)—, pero confiando en que el primero saldría adelante y se lograría frenar los desahucios. Finalmente, Junts se negó a votar a favor de cualquiera de los dos decretos. Se rumorea que el partido de Carles Puigdemont recibió presiones de la banca catalana y de los grupos de presión del sector inmobiliario. El rechazo de los decretos provocó una gran indignación: al día siguiente, decenas de miles de personas se manifestaron en Madrid y otras muchas miles lo hicieron en el resto de España, produciéndose ocupaciones de plazas públicas por todo el país.

¿Por qué la derrota parlamentaria del Gobierno sirvió de trampolín para convocar elecciones generales? En cualquier caso, Sánchez estaba obligado a convocar elecciones a más tardar en mayo de 2027, y la cuestión de la vivienda constituye un terreno mucho más favorable para la izquierda que cualquier otro tema que pudiera llegar a dominar una campaña electoral. Antes del desahucio de Maricarmen, la política española se había centrado obsesivamente en la crisis migratoria de Ceuta, tras la entrada de miles de personas en el enclave africano desde Marruecos a finales de julio. Si la crisis de Ceuta hubiera marcado la campaña electoral, Sánchez no habría tenido ninguna oportunidad: el debate sobre la inmigración está dominado por el partido de extrema derecha Vox, que arrastra consigo al Partido Popular (PP), de centro-derecha.

La vivienda es un asunto totalmente distinto. Lejos de contraponer a autóctonos frente a inmigrantes o a cristianos frente a musulmanes, la cuestión de la vivienda se define por la división entre inquilino y propietario: entre el joven que no puede permitirse independizarse del hogar familiar y el fondo buitre que busca desahuciar a los inquilinos para dejar paso a los turistas. La crisis de la vivienda está marcada por la clase social: por un lado, quienes poseen múltiples propiedades y pueden utilizar su patrimonio inmobiliario para obtener rentas; por otro, quienes carecen de propiedad y deben pagar alquileres o hipotecas cada vez más inasequibles. En este terreno, el intento de la izquierda de frenar los desahucios transmite un mensaje capaz de atraer a sectores mucho más amplios que su base electoral habitual: una gran mayoría de votantes de todos los partidos, incluidos los del PP y Vox, respalda el llamamiento del sindicato de inquilinos a una huelga general contra los desahucios.

Históricamente, el PSOE de Sánchez se ha posicionado del lado del rentista frente al inquilino. Cuando estalló la crisis financiera de 2008 y cerca de un millón de personas perdieron su vivienda en el país, el PSOE gobernaba y rescató a los bancos, al tiempo que protegía la facultad de los agentes judiciales para desahuciar a las personas de sus hogares. El movimiento antidesahucios PAH, surgido a raíz de la crisis financiera, se opuso explícitamente a la gestión de la crisis por parte del PSOE bajo el liderazgo de Zapatero, hasta que el PP asumió el poder a finales de 2011. En los años posteriores, el número de inquilinos en España ha aumentado a medida que la clase trabajadora se ha visto progresivamente excluida del mercado de compra de vivienda debido a los precios prohibitivos. Sin embargo, incluso cuando Sánchez devolvió al PSOE al poder en 2018, abordar la crisis de la vivienda siguió estando muy lejos de sus prioridades.

De hecho, el único argumento de ataque del PP y Vox que ha ganado cierto peso durante la última semana es el siguiente: ¿por qué el Gobierno español tardó ocho años —y necesitó que se produjera el desahucio de Maricarmen— para tomar finalmente medidas serias ante la crisis de la vivienda? Los precios de la vivienda y los alquileres se han disparado durante el mandato de Sánchez, mientras los salarios han seguido estancados. La agudización de la crisis de la vivienda bajo el gobierno de coalición de izquierdas desde 2020 pone de manifiesto el tipo de socialdemocracia —de carácter débil— que se ha aplicado: aunque el Gobierno ha hecho gala de un discurso de justicia social y ha impulsado algunas reformas en esa dirección, la economía española ha seguido alimentando la inflación de los precios de los activos, la turistificación 
el empleo en el sector servicios con salarios bajos.

No obstante, Sánchez ha logrado mantenerse en el poder hasta ahora gracias a su agilidad política y a su capacidad para captar el sentir de la ciudadanía. Al responder con rapidez a las demandas del movimiento por la vivienda, ha posicionado al PSOE y a su gobierno de coalición como defensores de los inquilinos; por el contrario, el PP y Vox se han opuesto rotundamente a los decretos sobre vivienda, apareciendo así como portavoces de las clases propietarias. La única respuesta del PP ante la crisis habitacional es construir más viviendas, una postura defendida, entre otros, por Jeff Bezos. Sin embargo, cualquiera que recuerde el *boom* inmobiliario español previo a 2008 sabe que esa no es la solución: entre 1998 y 2008 se construyeron seis millones de viviendas y el precio de la vivienda se duplicó. Lo que determina la evolución de los precios inmobiliarios es la aceleración en la creación de crédito hipotecario, no la oferta y la demanda. O, dicho de otro modo: nadie cree que un mayor número de viviendas en manos de fondos buitre vaya a resolver la crisis de la vivienda.

Aun así, las encuestas sugieren que el PP y Vox formarán un gobierno de coalición tras el 29 de noviembre. El principal problema de Sánchez es que los partidos situados a su izquierda —con los que necesita sumar fuerzas para lograr una mayoría— han perdido peso desde las elecciones generales de 2023, cuando el PP y Vox se quedaron a las puertas de la mayoría absoluta. La coalición «Sumar», surgida en torno a Yolanda Díaz en 2023 —tomando el relevo de Podemos como referente de la izquierda alternativa—, parecía una opción renovadora hace tres años; hoy, sin embargo, transmite una imagen muy distinta. Dividida entre los restos de Sumar y los de Podemos, no está claro que la izquierda sea capaz de unirse y, aun logrando articular algo, cabe preguntarse si esa unión sería algo más que una «unidad de cementerio».

Fue un movimiento social masivo —el de los «Indignados» o el «15-M»— el que insufló nueva vida a la izquierda alternativa española. De aquel movimiento surgió Podemos como una fuerza antisistema dinámica y renovadora. Sin embargo, nunca logró desplazar al PSOE como principal actor de la izquierda en la política española. Al final, la izquierda ha terminado sosteniendo al PSOE en el poder, mientras que el PSOE ha ido adoptando gran parte del discurso de la izquierda. En el discurso en el que anunció las elecciones, Sánchez habló de la necesidad de que los votantes le otorgaran una mayoría para poder «someter a las élites». A medida que España se ha polarizado en bloques de izquierda y derecha, Sánchez se ha convertido en la figura dominante del primero.

Pero la aritmética electoral no engaña. Sánchez no ganará en solitario. Necesitará que la izquierda alternativa alcance al menos cerca del 10 % de los votos para tener posibilidades reales de formar gobierno de nuevo. Esto no parecía factible antes de que estallara el movimiento por la vivienda, y sigue pareciendo improbable, pero si logran canalizar parte de la indignación antisistema de dicho movimiento, ¿quién sabe? Los activistas por la vivienda tienen motivos legítimos para recelar de que su movimiento sea instrumentalizado con fines electorales, pero también podrían percibir una oportunidad: si la izquierda logra una victoria sorprendente el 29 de noviembre, todo el mundo sabrá que se lo debe al movimiento por la vivienda, y el impulso político que esto otorgaría al movimiento podría ser enorme.

Por otro lado, si gana la derecha y tenemos un partido de extrema derecha en el gobierno por primera vez en la España posterior a Franco, cabe esperar un giro brusco hacia el autoritarismo. Vox, en particular, buscará avanzar hacia sus aspiraciones de un Estado español centralizado, recortando el poder de las fuerzas independentistas en Cataluña y el País Vasco. El objetivo será restar competencias a las comunidades autónomas para que España no vuelva a vivir un proceso independentista como el que presenciamos en Cataluña hace casi diez años. Se revertirán todos los intentos realizados durante los años de mandato de Sánchez por forjar una España «plurinacional».

Las viejas divisiones que definen a España —de clase y de nación— habían quedado algo eclipsadas durante los años de «gobierno progresista», pero nunca llegaron a desaparecer del todo. La dimensión de clase social ha resurgido con fuerza gracias al movimiento por la vivienda. Si el PP y Vox ganan las elecciones, las divisiones nacionales volverán también a ocupar un lugar central." 

(Ben Wray, Brave New Europe, 05/10/26, traducción google, enlaces en el original) 

5.10.26

Entramos en la era de las guerras nucleares... una nueva escuela de planificadores nucleares que cree que una guerra nuclear se puede librar y ganar... Trump está considerando y le están instando a usar armas nucleares, armas nucleares tácticas en Irán... y no solo Trump está sometido a ese tipo de presión, Putin también. Hemos visto a dirigentes rusos hablar con Putin sobre la necesidad de intensificar drásticamente la escalada en Ucrania... Tenemos más de 12,000 armas nucleares... esta es una realidad que como especie necesitamos considerar seriamente junto con el calentamiento global como una amenaza existencial para el planeta. Pero lo que vemos es a Trump queriendo hacer grande a Estados Unidos otra vez. Putin quería hacer grande a Rusia otra vez. Xi quería hacer grande a China otra vez. Modi quería hacer grande a India otra vez. Netanyau quería hacer grande a Israel otra vez, ¿por qué ya no hay más miedo a una guerra nuclear? Escucho a nuestros gobiernos, a nuestros medios de comunicación. Quiero decir, es como si fuera algo menor, algo que pertenece al pasado.. no hay voluntad de debatir los problemas fundamentales del sistema internacional, ni cómo reorganizarlo. En lugar de eso, lo único que hacemos ahora es demonizar y recurrir a esa retórica emocional barata de ya sabe, nosotros los virtuosos frente al otro beligerante. Y me pregunto si esto no será una maldición de la humanidad, que cada generación necesite otra gran guerra para aprender a temer la guerra... Necesitamos un desarrollo pacífico. El hecho de que las seis personas más ricas tengan más riqueza que los 4000 millones de personas más pobres muestra hasta qué punto necesitamos un desarrollo pacífico en nuestro planeta, un desarrollo verde. China produce más energía verde e infraestructuras que el resto del mundo en conjunto. Estados Unidos ha ido exactamente en la dirección contraria, especialmente bajo Trump. Simplemente necesitamos este tipo de sabiduría racional como civilización planetaria (Peter Kuznick)

"Bienvenidos de nuevo. Hoy nos acompaña Peter Kusnick, profesor de historia y director del Instituto de Estudios Nucleares de la American University. También es conocido, como quizás sepan muchos, por la serie documental de 10 o 12 episodios con Oliver Stone titulada La historia no contada de Estados Unidos. Gracias por venir al programa.

El placer es mío, Glenn. Llevas décadas estudiando las armas nucleares y la historia de la confrontación nuclear y acabas de impulsar un llamamiento al Papa León para que convoque una cumbre internacional ante la creciente amenaza de una guerra nuclear. Me preguntaba si podrías desarrollar este argumento. ¿Por qué crees que esto es tan crucial en este momento?

Bueno, permítanme darles un poco de contexto sobre esta iniciativa. En realidad surgió a partir de Jack Gilroy. Jack Gilroy es activista de Pax Christie y de Veteranos por la paz y lleva mucho tiempo siendo un activista por la paz en Estados Unidos. Redactó una carta al arzobispo Wester, que es el arzobispo de la región de Santa Fe en Estados Unidos. Wester es la voz más firme de la Iglesia Católica Estadounidense en favor de la paz y de la abolición nuclear. Así que Jack redactó una carta a la que yo me sumé. En ella se pide al arzobispo Wester que contacte con el Papa León para instarle a convocar una cumbre internacional de emergencia como mínimo con Putin, she y Trump, las tres principales potencias nucleares, porque ahora existe mucho más riesgo de guerra nuclear que nunca antes.

Así que cuando estuve en Italia me reuní con el cardenal Semeraro que está al frente del comité para la santificación. Él y yo coincidimos en el mismo programa universitario alternativo que se celebra cada verano en los Alpes italianos y se llama Tonal State. Así que hablé con el cardenal Semeraro y me prometió que entregaría personalmente la carta al Papa León. En ese momento ya habíamos ido más allá de la iniciativa del arzobispo Wester, así que redacté un nuevo llamamiento dirigido directamente al Papa León y lo concebí como algo que funcionaba en dos niveles. Primero, instar a premiar y animar al Papa a convocar este tipo de cumbre de emergencia.

Pero en segundo lugar, incluir suficiente información sobre por qué el riesgo se había vuelto tan peligroso, de modo que también pudiéramos usarlo como una herramienta educativa para movilizar a la población prácticamente en todo el mundo y decir, "Apartémonos de este camino insensato de guerra y de posible guerra nuclear." Así que comienzo el llamamiento citando a Tulsy Gabard, que de vez en cuando ha tenido momentos muy lúcidos. El 10 de junio de 2025, Tulsey publicó un video de 2 minutos y medio que empieza en Hiroshima y dice que lo que ocurrió en Hiroshima fue poca cosa comparado con las armas que tenemos hoy. Y después dijo, "Hoy estamos más cerca de la aniquilación nuclear que nunca antes.

Y los belicistas de las capitales de todo el mundo avanzan en esa dirección.

Luego en octubre, Sergei Narishkin, el jefe del SBR de Rusia, el Servicio de Inteligencia Exterior, dijo que la civilización atraviesa hoy su momento más frágil desde la Segunda Guerra Mundial y que el riesgo de una nueva guerra mundial se cierne con fuerza. Así que ambos jefes de inteligencia entendían esto. La advertencia de Tulsy se produjo dos días antes de que Israel y Estados Unidos empezaran a bombardear Irán en 2025. debía de saber que eso iba a ocurrir, pero lleva mucho tiempo alertando de esta amenaza y también nos llega esto de otras fuentes.

Tenemos a líderes militares estadounidenses hablando de la amenaza de una guerra con China.

Philip Davidson lanzó esa advertencia en 2021. El general Mike Minchen dijo en 2023 que cree que Estados Unidos y China estarán en guerra para 2025. Por suerte eso no ocurrió. Pero más recientemente el almirante Buinen dijo que Estados Unidos puede librar y ganar una guerra nuclear en tres frentes contra Rusia, China y Corea del Norte, y aún así mantener suficientes armas nucleares en reserva para preservar su hegemonía global.

Esto se basa, por ejemplo, en el debate que está teniendo lugar en el Bulletin of the Atomic Scientists, que publicó tres artículos sobre el hecho de que ahora hay dos escuelas de planificadores nucleares. La vieja escuela, que cree en la teoría de la disuasión y en la destrucción mutua asegurada y una nueva escuela de planificadores nucleares que cree que una guerra nuclear se puede librar y ganar, algo que Reagan y Gorbachov negaron y que otras personas también recientemente.

Pero dicen que ahora con tecnología avanzada de sonar, inteligencia artificial y otros sistemas avanzados de inteligencia, Estados Unidos puede localizar con precisión cada submarino nuclear chino y ruso, inutilizarlos de forma preventiva, destruir en un ataque preventivo los misiles balísticos intercontinentales y derribar los silos que intentarían lanzar armas nucleares. Y Estados Unidos podría ganar esto. Ha habido gente razonando así durante décadas, desde el comienzo de la era nuclear.

Y en 2006, Liber y Press publicaron un artículo en Foreign Affairs, la revista del Consejo de Relaciones Exteriores, en el que afirmaban que Estados Unidos ya tiene capacidad de primer ataque y que podemos eliminar a China y Rusia en un ataque preventivo.

Y la gente en Rusia pensó que aquello era política oficial de Estados Unidos. Se publicó en una publicación del Consejo de Relaciones Exteriores. The Washington Post informó de que en el Kremlin estaban que echaban humo porque creían que era política oficial de Estados Unidos. Ahora, quizá sí sea política oficial de Estados Unidos porque se habla mucho más del uso de armas nucleares. Quiero decir, podría seguir, pero puedes interrumpirme si quieres y si no seguiré explicando por qué hicimos esto. Sabemos que hay presión sobre de Trump. Me convertí en columnista de Al Yasira. El primer artículo que escribimos, Ivana Hug y yo. Hemos escrito seis artículos allí para Aljaziasira.

Ivana da clase en Columbia y es la presidenta de la fundación por la paz en la era nuclear. Es fantástica. Así que el primer artículo que escribimos se titulaba Romper el tabú nuclear. La razón por la que a Trump, que tiene un ego enorme y es un narcisista patológico, algunas personas le están diciendo, Netañau, Stephen Miller, Hegeth, quizá Marco Rubio, Sebastian Gorka, puedes pasar a la historia como el mejor presidente de todos los tiempos. Has roto todas las costumbres, todas las normas, todas las tradiciones, la ley estadounidense y el derecho internacional. El único tabú que no has roto es el tabú nuclear y todos los demás presidentes han tenido miedo de romperlo durante 81 años,

pero se puede hacer. Y sabemos que, como acaba de advertir precisamente Marjer Taylor Green, Trump está considerando y le están instando a usar armas nucleares, armas nucleares tácticas en Irán. Podemos entrar en eso dentro de unos minutos, pero también sabemos que no solo Trump está sometido a ese tipo de presión, Putin también. Hemos visto a dirigentes rusos hablar con Putin sobre la necesidad de intensificar drásticamente la escalada. Y cuando Putin se reunió con un amigo mío hace unos meses, dijo que está bajo una enorme presión de los halcones en Rusia para actuar de forma mucho más agresiva en Ucrania. Y luego están los recientes comentarios de Elbridge Colby, el responsable de políticas del Pentágono, que escribió la semana pasada que Estados Unidos necesita, si estalla un conflicto en el Pacífico, que Estados Unidos tendrá que recurrir a las armas nucleares, parte porque Estados Unidos ha agotado sus misiles, ha agotado sus interceptores, ha agotado sus municiones guiadas de precisión y quiero decir, hay muchísimo más de este tipo de discurso insensato, porque el Pentágono lleva décadas intentando simular una guerra nuclear limitada y nunca lo consigue, siempre acaba en una guerra nuclear a gran escala y [carraspeo] lo sabemos desde siempre, pero especialmente desde los años 80 y los trabajos sobre el invierno nuclear, incluso Una guerra nuclear limitada puede desencadenar un invierno nuclear parcial.

Como han estudiado más recientemente Robok, Tun y otros, una guerra nuclear limitada entre India y Pakistán, en la que se emplearan 100 armas nucleares del tamaño de las de Hiroshima, incendiaría las ciudades y crearía un invierno nuclear parcial en el que los rayos del sol quedarían bloqueados y no llegarían a la Tierra. Habrían bruna, enfermedades y esa guerra nuclear limitada podría causar hasta 2000 millones de muertes. Pero no tenemos 100 armas nucleares. Tenemos más de 12,000 armas nucleares y no son del tamaño de la de Hiroshima. La mayoría tienen entre 7 y 70 veces la potencia de la bomba que devastó Hiroshima. Así que esta es una realidad que como especie necesitamos considerar seriamente junto con el calentamiento global como una amenaza existencial para el planeta. Pero lo que vemos es a Trump queriendo hacer grande a Estados Unidos otra vez. Putin quería ser grande a Rusia otra vez. Shi quería ser grande a China otra vez. Modi quería ser grande a India otra vez. Netanyau quería ser grande a Israel otra vez.

Vemos nacionalistas,

¿quién habla en nombre del planeta? Era la pregunta que planteábamos y dijimos que a veces Lula habla en nombre del planeta. En esta conversación telefónica con Trump de hace un par de días, hace tres días exactamente, Lula pidió una sesión especial de emergencia de las Naciones Unidas para sacarnos de este camino de guerra. ya lo había pedido antes en reuniones con Putin y Shijin Ping, así que va en la misma línea de lo que estamos pidiendo nosotros. Dijimos que a veces Gutérrez habla en nombre del planeta, pero quien más ha lanzado este llamamiento urgente a la humanidad ha sido el Papa León XIV.

Está hablando de la necesidad de poner fin a las guerras, de la necesidad de abolir las armas nucleares, de la necesidad de un rumbo diferente para la humanidad. Así que ahora mismo tiene un tipo de autoridad moral único.

Por eso le estamos instando mediante este llamamiento a que hable en nombre de la humanidad y pida al menos a los líderes de las tres grandes naciones, aunque deberían ser más, una cumbre de emergencia para sacarnos de este camino hacia la guerra y la guerra nuclear. Y la razón por la que creo que es realista en este momento es que Estados Unidos está empantanado en Irán. Ya sabe, los iraníes tienen a Trump con el pie en el cuello y no le dejan levantarse. Y Trump ha estado intentando desesperadamente, ya sea mediante presión económica o presión militar, salir de esta guerra lo antes posible porque Estados Unidos ya ha sido derrotado por Irán. Pero hay una situación similar, no exactamente igual, aunque en algunos aspectos paralela con Rusia en Ucrania. Rusia está avanzando lentamente en el campo de batalla, pero Ucrania ha estado atacando refinerías de petróleo rusas, transporte marítimo ruso, transporte de grano.

Y lo que estamos viendo ahora es que la guerra como medio para resolver disputas, problemas o crisis es cada vez más irrelevante. Estados Unidos, el país más poderoso de la historia del mundo, no ha ganado realmente una guerra importante desde la Segunda Guerra Mundial. E incluso eso es discutible porque Alemania está liderando el rearme de Europa y Japón está liderando el rearme del Pacífico.

Entonces, ¿qué ganamos en la Segunda Guerra Mundial? Pero desde entonces, Estados Unidos fue derrotado en Vietnam, en Irak, en Afganistán, Libia, un atolladero, Siria.

¿Dónde ha tenido Estados Unidos una victoria militar? Quizá en la Primera Guerra del Golfo, pero no tuvo una victoria diplomática y quizá en la operación Furia Urgente en Granada en 1983.

Y si Estados Unidos no puede ganar en Irán, Rusia lleva 5 años empantanada allí en Ucrania.

Quizá tengamos que encontrar otras formas de resolver estas disputas y eso es lo que le estamos pidiendo al Papa que haga. Estamos logrando que jefes de Estado, exjefes de Estado, antiguos líderes militares y exdiplomáticos de todo el mundo se sumen y firmen, porque creo que existe un reconocimiento universal de que estamos en una senda muy peligrosa y la presión sobre Putin es enorme y Trump, en un momento de desesperación podría llegar a recurrir al uso de armas nucleares porque nada más está funcionando en la guerra de Irán. Por eso estoy tan preocupado. Por eso puse en marcha esta iniciativa basándome en la brillante idea de Jack Gilroy. Y por eso estamos recibiendo una respuesta tan positiva, porque la gente lo reconoce en todo el mundo, creo.

Todo esto se parece mucho a veces a cómo se siente uno en teléfono rojo, volamos hacia Moscú. Esta clase de temeridad y la despreocupación que muestran ante la perspectiva de una aniquilación nuclear. Aunque no pueda lograrse ese primer ataque nuclear, si los líderes políticos y militares creen que sí puede lograrse, serán mucho más temerarios. Estarán dispuestos a subir por esa escalera de escalada, suponiendo que su adversario tendría que ceder. Pero digamos que un primer ataque nuclear, así fuera posible, que eliminara las miles más nucleares de Rusia, las chinas, las norcoreanas. Quiero decir, este planeta no es T aquí, también lo destruirías para el ganador.

Sería un desastre horrible, pero me sorprende un poco como cosas que antes jamás se nos ocurriría hacer, ahora son casi habituales. Es decir, recordemos esos ataques contra los sistemas rusos de alerta temprana nuclear y después los ataques contra la disuasión nuclear de Rusia. Y al parecer la invasión rusa de Kursk tenía como objetivo tomar el control de la central nuclear rusa de Kursk para utilizarla como algún tipo de palanca. Y como usted ha dicho, ahora supuestamente se está hablando en Washington de llevar a cabo un ataque nuclear táctico contra los iraníes con la esperanza de que cedan. Y de nuevo, Asia Oriental es toda una historia aparte.

Supongo que lo que quería preguntar es, ¿por qué ya no hay más miedo a una guerra nuclear? Escucho a nuestros gobiernos, a nuestros medios de comunicación. Quiero decir, es como si fuera algo menor, algo que pertenece al pasado. Incluso a veces se considera inmoral preocuparse por una guerra nuclear, porque antes lo llamábamos disuasión nuclear o paz nuclear. Ahora lo llamamos chantaje nuclear. Es decir, ya saben, en referencia a Rusia, si nos preocupa una guerra nuclear, entonces, en esencia estamos dando poder a Putin. Así que tenemos que quitárselo dejando en evidencia su farol. Esta es más o menos la lógica. Y me pregunto, ¿qué dirán las generaciones futuras sobre la época en la que vivimos ahora? Ya saben, el entusiasmo por la guerra, la demonización. Sí,

alguien que baja la tierra. ¿Recuerdan la película Ultimátum a la Tierra de 1951?

Reciben a un visitante de otra galaxia que viene a llevar un mensaje de paz a Washington. Pero nada más aterrizar en Washington DC, el ejército de Estados Unidos le dispara. Luego resulta que tiene poderes mágicos de curación y acaba lanzando esta amenaza. No nos importa lo que hagan en su propio planeta, pero si amenazan al universo, vamos a convertir su planeta en una ceniza calcinada. Pero usted ha mencionado teléfono rojo, volamos hacia Moscú. Cuando mi amigo Oliver Stone estuvo en Moscú hace algunos años y pasó 20 horas reuniéndose con Putin para sus documentales sobre Putin, le preguntó a Putin si había visto teléfono rojo. Volamos hacia Moscú

y Putin dijo que nunca la había visto y Oliver se la puso en el ordenador.

juntos teléfono rojo, volamos hacia Moscú. Pero todos estos líderes mundiales, ya sabes, suelo decir, por ejemplo, que cuando Obama fue a Hiroshima, yo le estaba instando a ir desde el día en que fue elegido. Al final, en el último año de su administración, en 2016, hizo la visita. NHK, la televisión pública japonesa, me llevó allí para hacer comentarios durante la visita de Obama. Obama dijo, "La muerte cayó del cielo.

La muerte no cayó del cielo. Estados Unidos lanzó una bomba atómica. Luego pasó a repetir el principal mito sobre los bombardeos atómicos de la Segunda Guerra Mundial. dijo, "La Segunda Guerra Mundial llegó a su brutal final en Hiroshima y Nagasaki."

Esa es la mentira que está en el centro del imperio estadounidense. La idea de que las bombas atómicas no solo eran necesarias porque los fanáticos japoneses nunca se habrían rendido, sino que además fueron humanas porque salvaron medio millón de vidas estadounidenses y millones de vidas japonesas.

Esa es la mentira, ¿verdad? Porque como sabemos los japoneses estaban desesperados por rendirse en aquel momento y Estados Unidos lo sabía. Estados Unidos sabía que podíamos cambiar las condiciones de rendición, permitirles conservar al emperador cat

y lo que decían todos inter o podíamos esperar a la invasión soviética.

La inteligencia estadounidense llevaba diciendo desde abril que la invasión soviética convencería por fin a todos los japoneses de que seguir resistiendo era inútil. Truman lo entendía. Trumanzó con Stalin en Potdam el 17 de julio. Luego volvió a casa y escribió en su diario, "Salin estará en la guerra contra Japón el 15 de agosto. Japoneses, fin. Cuando eso ocurra."

Al día siguiente le escribió a su esposa, "Ves, los rusos van a entrar ahora. Terminaremos la guerra un año antes. Piensa en todos los chicos que no morirán." Pero quería usar la bomba. La invasión soviética comenzó el 9 de agosto. Se lo habían dicho, pero se equivocó con las fechas,

pero quería usar la bomba para enviar un mensaje al Kremlin, que si interferían en los planes de Estados Unidos en Europa o el Pacífico, esto es lo que les esperaba. Y peor, mucho peor.

Les Groves, jefe del proyecto Manhattan, dijo, "A las dos semanas de hacerme cargo de este proyecto, entendí que Rusia era el enemigo y llevamos adelante el proyecto sobre esa base." Jimmy Burns, que se convierte en secretario de Estado y en el principal asesor de Truman, dice lo mismo. Dice, "Bueno, queremos hacer retroceder a los rusos en Europa del Este. Estados Unidos tenía ocho almirantes y generales de cinco estrellas en 1945. Hay constancia de que siete de los ocho dijeron que las bombas atómicas eran militarmente innecesarias, moralmente reprobables o ambas cosas.

El almirante Lehi, presidente de la junta de jefes de Estado Mayor, jefe de gabinete personal de Truman, dijo que los bombardeos nos situaron en el mismo nivel moral que los bárbaros de la edad oscura.

y podría seguir, pero ya sabe, este tipo de pensamiento disparatado lleva mucho tiempo existiendo y ahora está volviendo a ganar terreno. Pero la cuestión que usted planteaba era que al final de la Guerra Fría la gente asumió o creyó que la amenaza nuclear ya había terminado.

En los años 80 había una enorme preocupación. Yo estaba en la universidad, daba clases y ese era el gran tema. Había todos esos grupos antinucleares y todo ese impulso en Estados Unidos, la marcha del millón de personas en Central Park.

De hecho, acaban de encontrar fotografías del Papa León cuando era un joven sacerdote participando en una marcha alemana o italiana de un millón de personas en 1983 contra el despliegue de misiles en Europa. León participó en aquellas protestas entonces, así que esto lleva mucho tiempo ahí, pero la gente se olvidó después de que terminara la Guerra Fría. Sin embargo, en los últimos años ha vuelto a ocurrir una de las cosas a las que atribuyo este resurgimiento. Bueno, antes que nada, mi amigo Dansberg, cuando supo que se estaba muriendo, redobló de verdad sus esfuerzos y empleó hasta la última gota de su fuerza para advertir al mundo sobre la amenaza de una guerra nuclear y de un invierno nuclear.

Pero la película Oppenheimer también tuvo un efecto catalizador, ¿sabes? Y me sorprendió.

Estaba dando un curso en la American University sin relación con cuestiones nucleares. Fue justo después de que se estrenara la película y pregunté a mis alumnos cuántos habían visto Oppenheimer pensando que levantarían la mano tres o cuatro. La levantó el 80% de los estudiantes.

Es una generación para la que la cuestión moral más acuciante es Gaza. Y rechazaban por completo el apoyo de Biden, Camala Harris y Trump al genocidio en Gaza. Esto realmente los movilizó, pero también son conscientes de las amenazas climáticas planetarias y de la amenaza nuclear. Y vuelvo a ver mucho impulso en esa dirección.

Cuando estuve en Nagasaki el 25 de julio, inaugurando con mi discurso una conferencia internacional por la Pascua patrocinada por el Asai Shimbun, el principal periódico de Japón, el gobierno municipal de Nagasaki y el movimiento por la paz de Nagasaki, seis de mis estudiantes vinieron conmigo a Japón, a Kyoto, Hiroshima y Nagasaki.

Después, cuando fui a esta conferencia en Italia y también la inauguré con mi discurso, asistieron 11 de mis estudiantes. No reciben ningún crédito académico, lo pagan de su propio bolsillo, pero les importa, les preocupa de verdad el futuro, les apasiona y eso es a lo que intentamos apelar.

Decimos que nuestra generación, los baby boomers, quizá la haya fastidiado de muchas maneras, pero ya saben, ellos se remontan a, entre comillas, la generación más grande.

Una de las cosas contra las que arremetemos Oliver Stone y yo es esta idea de que la generación más grande fue tan heroica. Sí, ganaron la Segunda Guerra Mundial, pero nos dieron Vietnam, nos dieron la destrucción del planeta, nos dieron estos enormes complejos militares y necesitamos una forma de pensar muy distinta. Y el [carraspeo] Papa León parece haber adoptado esa forma de pensar. Así que le damos todo el apoyo que podemos y todo el ánimo posible para que haga lo correcto por la humanidad. Y cualquiera que quiera asumir ese liderazgo, como estaba haciendo Lulu, le animamos a ello. Queremos que la gente hable por el planeta y no por este país o aquel país, esta guerra o aquella guerra. Necesitamos un enfoque muy muy distinto.

Me gusta que el llamamiento también se hiciera al Papa, porque al menos la Iglesia tiene la posibilidad de adoptar una posición independiente. Una de las cosas que más me ha preocupado es cómo en esencia todo el mundo se ha ido alineando durante los últimos años. Es decir, hay muy poca disensión. Cualquier narrativa gubernamental que se difunde ya no se cuestiona, especialmente desde el movimiento por la paz. Esto me resulta muy extraño, que incluso los movimientos por la paz se consideren ahora apaciguamiento.

Se mira con sospecha, como si fuera algo traicionero. Sin embargo, he pensado en lo que dijiste sobre falsear la historia del uso de las bombas atómicas contra Japón. Y entiendo por qué. Quiero decir, nadie quiere verse a sí mismo como un monstruo. Todos tenemos nuestras narrativas nacionales. La historia debería servir para informar, pero también para construir identidades nacionales.

Pero creo que en ese proceso también nos privamos de lecciones muy importantes.

Todos somos capaces de hacer el mal. También necesitamos límites. Sin embargo, siempre se da por hecho que solo hay que hacer todo lo posible por limitar a los demás. Pero sobre esa cuestión de los límites, tuvimos acuerdos de control de armas nucleares. Durante la Guerra Fría, aprendimos en cierto modo a establecer unas reglas del juego y Washington y Moscú acabaron desarrollando todos esos mecanismos de comunicación en caso de crisis, de reducción de arsenales. Lo que les queda es la transparencia, de nuevo, acuerdos, reglas. Ahora, todos esos acuerdos de control de armas, desde Start hasta INF, todos parecen estar deshaciéndose. ¿Y cómo afecta eso a la probabilidad de un error de cálculo? Porque parece que ya no hay barreras de seguridad.

Exacto. Y tampoco hay conversaciones sobre estabilidad estratégica.

Trump ha conseguido, bueno, empecemos por 2002, cuando Bush sacó a Estados Unidos del tratado ABM. Entonces, Rusia inició una importante investigación sobre nuevos sistemas vectores y nuevos sistemas de armamento después de que Estados Unidos denunciara el tratado ABM. Pero luego Trump ha roto todos los demás tratados, como usted dice, y ahora mismo no hay ningún tratado entre Estados Unidos y Rusia. El primero fue el tratado de prohibición parcial de ensayos nucleares en 1963. Ted Sorensen, el redactor de discursos de Kennedy, dijo que nada de lo que Kennedy hizo le produjo tanta satisfacción como concluir el primer tratado de control de armas nucleares. Y cuando Kennedy lo anunció, habló del antiguo proverbio chino. Un viaje de 1000 millas debe comenzar con un solo paso.

Dijo, "Demos ese paso." Así es más o menos como estamos viendo este nuevo esfuerzo.

Un viaje de 1000 millas tiene que empezar en algún lugar, así que demos ese paso. Ya saben, Kennedy tenía mucha sabiduría. Una de las cosas que señalamos aquí y que Jack explicó aún mejor en su carta fue la crisis de los misiles de Cuba. Porque durante esa crisis, Kennedy y Juniorch hicieron todo lo que pudieron para evitar una guerra y ambos entendieron que habían perdido el control. Jushov escribió a Kennedy una carta increíble justo después de que terminara el 30 de octubre, le escribió a Kennedy y le dijo, "Del mal debe salir algún bien. Nuestros pueblos han sentido ambos las llamas ardientes de la guerra termonuclear.

Tenemos que aprovechar eso. Eliminemos todos los conflictos entre nosotros que podrían provocar otra crisis. Kennedy tardó un poco, pero al final respondió y recurrió a Norman Cusens, que había ido allí dos veces como intermediario, que se reunió con Yuschov en dos ocasiones. Y Nushchov dijo, "Si estalle una guerra, ¿qué importará que seamos capitalistas o comunistas, rusos, estadounidenses, chinos o italianos?

¿Quién quedará para distinguirnos? ¿Quién estará ahí para distinguirnos?"

Y entonces Kennedy pronunció aquel gran discurso en la American University. Creo que fue el 10 de junio de 1963 su discurso sobre la paz en el que pide poner fin a la carrera de armas nucleares, pide poner fin a la guerra fría,

pero lo importante de aquel discurso es que no dejó que lo viera el Pentágono, no dejó que lo viera el Departamento de Estado, no dejó que lo viera la comunidad de inteligencia. Lo redactaron Norman Cusens, Ted Sorensen y el propio Kennedy. Y fue, creo, el mejor discurso presidencial del siglo XX.

Pero ningún presidente estadounidense ha hablado con esa misma claridad de visión, con ese mismo impulso moral que tuvo Kennedy en el último año de su vida. Y a veces Obama dijo cosas buenas, pero hemos visto muy poco de ese tipo de visión. Pero el pueblo estadounidense tiene que exigirlo y necesitamos de nuevo ese tipo de movimiento de base.

Así que el punto que quería plantear antes de desviarme era que durante la crisis de los misiles de Cuba, el Papa Juan hizo un llamamiento privado a Kennedy y a Kruschov. utilizó su autoridad moral para decir, "Terminemos esto pacíficamente, no empecemos una tercera guerra mundial." Y Kruschov citó, de hecho, el llamamiento del Papa. dijo que le proporcionó parte de la cobertura que necesitaba para dar marcha atrás en la crisis de los misiles de Cuba. Por desgracia, los líderes soviéticos extrajeron una lección distinta, que nunca querían tener que dar marcha atrás desde una posición de debilidad y reforzaron su arsenal nuclear para igualar a Estados Unidos.

Y entonces teníamos, ya saben en qué año, en 1986, el mundo tenía 70,000 armas nucleares.

Llevé a estudiantes a un curso de estudios en el extranjero en Kyoto, Hiroshima y Nagasaki durante 25 años. Y los estudiantes estadounidenses viajaban con estudiantes japoneses de la Universidad Ritsuman y de la Universidad Mayi Gin. Estudiábamos juntos la Segunda Guerra Mundial, las atrocidades de Estados Unidos y las atrocidades japonesas contra otros países asiáticos. ¿Saben que una parte importante de quienes murieron en Hiroshima y Nagasaki eran trabajadores esclavizados coreanos a quienes los japoneses habían llevado allí? Estaban trabajando en los campos y en las ciudades y no recibieron ningún apoyo del gobierno japonés ni atención médica después. Solo en Hiroshima, el día del bombardeo atómico, había cerca de 50,000 trabajadores esclavizados coreanos.

Pero este mensaje que el Papa emitió en 1962, que vimos emitir al Papa Pablo VI sobre el que los papas han hecho declaraciones repetidas, la Iglesia Católica ha estado realmente a la vanguardia de este esfuerzo desde 1962 y por eso esto es algo que el Papa León podría hacer. ha demostrado un gran criterio. Aparte de ser aficionado a los Chicago White Socks del béisbol estadounidense, ha demostrado muy buen criterio en distintos asuntos y creo que podría responder. Y quizá Trump y Putin estén buscando ahora una salida pacífica de estas guerras, porque las soluciones militares realmente no están funcionando en este momento.

Y luego tienes a gente tan desequilibrada como Elbridge Colby por ahí amenazando a China con una guerra nuclear. Estados Unidos acaba de enviar otro barco a través del estrecho de Taiwán, pero el comportamiento es tan errático. Trump amenaza a sus aliados. Ahora guerras comercial con Canadá.

Amenazar con bombardear la ciudad de Teerán. Cancelar las maniobras militares del mes que viene con Corea del Sur.

Me parece bien, pero es la forma disparatada en que Trump hace las cosas, lo que lleva a todo el mundo a pensar, ya sabes, que esta escalada, como se ve en Europa, esta remilitarización de Europa y las declaraciones de los líderes europeos, Macron, Starmer, Mers, Vonder Llen, una y otra vez tienes a Navrcky, el presidente de Polonia, diciendo que Polonia necesita sus propias armas nucleares. a Selenski diciendo, "O nos dejan entrar en la OTAN o nos dan armas nucleares." Tusk, ya sabes, Macron extendiendo un paraguas nuclear sobre Alemania y otros países, diciendo que esta militarización en Europa también es una locura. La principal figura militar francesa, el general Fabian Mandon, dijo recientemente a los general franceses que los frances tienen que estar dispuestos a snowers para detener a Rusia.

Y podemos ver estas declaraciones disparatadas, esta remilitarización,

¿de dónde sacan el dinero para esto? Ahora quieren gastar hasta el 5% del PIB. Trump está presionando a Taiwán para que gaste el 10% del PIB. Quitar el dinero de la vivienda, la sanidad, la educación y los programas de alimentación y ponerlo en el ejército. ¿Por qué no hay nadie hablando de diplomacia? ¿Por qué tenemos que ser personas como nosotros quienes hablen de la necesidad de la diplomacia? ¿Por qué los dirigentes no hablan de desarrollo y diplomacia en vez de guerra, salvo Lula y a veces Shijin Ping? Esto se volvió una locura durante la administración Biden. En Estados Unidos esto es belicismo bipartidista, aunque ahora los demócratas se han apartado en gran medida del camino de la guerra con Irán, no por completo, pero en su mayor parte.

Sí, la criminalización de la diplomacia no encaja muy bien con este tipo de escalada nuclear,

pero ya sabes, a mí también me sorprende un poco este militarismo porque mucho de esto era previsible y uno habría pensado que habríamos aprendido de la historia. Digo que era previsible porque muchos predijeron que todo el orden posterior a la Guerra Fría se vendría abajo, es decir, que la hegemonía sería temporal, nos agotaríamos, con el tiempo aparecerían rivales y entonces, por supuesto, estallarían los conflictos, cundiría el pánico y todos empezarían a armarse hasta los dientes, dispuestos a asumir mayores riesgos, incluso la guerra.

Y sin embargo, no hay voluntad de debatir los problemas fundamentales del sistema internacional, ni cómo supongo reorganizarlo. En lugar de eso, lo único que hacemos ahora es demonizar y recurrir a esa retórica emocional barata de ya sabe, nosotros los virtuosos frente al otro beligerante. Y me pregunto si esto no será una maldición de la humanidad, que cada generación necesite otra gran guerra para aprender a temer la guerra. Quiero decir, para empeorar las cosas, hemos tenido como 30 años de guerras pequeñas contra adversarios lejanos e inferiores. En el peor de los casos, simplemente podemos retirarnos y dejarlos en una situación desastrosa.

Pero ahora estamos volviendo a estos conflictos entre grandes potencias. China, Rusia.

Sí. Bueno, puede que Irán no sea una gran potencia, pero desde luego es una potencia bastante formidable en el extremo sur del continente euroasiático. Así que no lo entiendo. De nuevo, sé que antes hice una pregunta parecida, pero cuando todo el mundo habla de diplomacia, de la necesidad de no esperar a que haya una gran guerra antes de empezar a reorganizarnos o adaptarnos a nuevas realidades, parece que la única página del libro de historia que la gente conoce hoy en día es la del apaciguamiento de Hitler, que no podemos apaciguar bajo ninguna circunstancia, así que tenemos que confrontar. Así que bueno, creo que el Papa es una buena elección, pero esos líderes, los Kennedy, los rusos, ¿dónde estaban hoy?

Todos los líderes europeos utilizan la analogía de Munich para explicar por qué tenemos que armar a Ucrania hasta los dientes y detener a Rusia. Porque sí, como dice Rute, Rusia logra una victoria en Ucrania, después irá a por el resto de Europa. Ese es el razonamiento. Hace algunos años, Robert Mcnamara vino a mi clase. Mcnamara era conocido como el arquitecto de la guerra de Vietnam.

Estaba allí con Paul Warnke y los dos dijeron que parte del problema había sido un razonamiento histórico falso, que todos los líderes utilizaban la analogía de Munich, que había que detener a Vietnam o de lo contrario se produciría ese efecto dominó y el comunismo se extendería por toda Asia.

Pero ese razonamiento falso, decía Magnamara, fue lo que realmente amenazó, lo que llevó a Estados Unidos a pensar que Vietnam era tan crucial. ¿Sabe cuánta gente murió cuando Mcnamara estaba en mi clase? Dijo que aceptaba que murieron 3,800,000 vietnamitas en la guerra.

El año pasado estuve en Hanoy reuniéndome con dirigentes vietnamitas y dijeron que la cifra que utilizan ahora es de 5 millones de vietnamitas muertos en la guerra con Estados Unidos. Y ya sabe, es una cifra que supera toda comprensión. Pero el argumento que usted plantea es que en la era nuclear no tenemos el lujo de la guerra, porque en la era nuclear la guerra es el enemigo. Porque si la guerra se extiende y se vuelve nuclear, las posibilidades de que la humanidad sobreviva son escasas si es que existe alguna. Así que, especialmente en la era nuclear, la guerra está obsoleta. Dios tiene que tomar el relevo.

Ya sabes, el Papa pide eso y Lula y Gutérrez y académicos como nosotros. Mucha gente ha firmado nuestro llamamiento, incluidos antiguos líderes, pero hoy no tenemos líderes mundiales que estén dando pasos. ¿Por qué en vez de gastar miles de millones y billones de dólares en rearmarnos, no intentamos encontrar una manera de vivir en paz? Quiero decir, redunda en interés de Rusia y de China, tanto como en interés de Estados Unidos, Noruega, Alemania y Brasil. Quiero decir, redunden interés de todos nosotros. Cuando terminó la guerra fría, Arbat, vamos a somos ceros. Vamos aos sin enemigo

y Estados Unidos fabricó rápidamente nuevos enemigos, entre ellos Irán y luego Corea, Corea del Norte y Libia y después Irak. Quiero decir, tenemos muchos enemigos, no tenemos sabiduría.

Fue en 1929 cuando Freud escribió su brillante, aunque muy deprimente libro El malestar en la cultura, en el que habla del instinto humano de muerte y quizá lo tengamos a escala planetaria, pero él dice que necesitamos construir la civilización para frenar ese instinto de muerte. Decía que es una batalla entre Heros, el instinto de vida y el instinto de muerte. siempre tenía sus binarios, pero él como otros quedó tan desmoralizado por la Primera Guerra Mundial que tenían una visión muy pesimista de la naturaleza humana en las décadas de 1920 y 1930,

pero tenemos que dejar atrás ese pensamiento histórico erróneo. Tenemos que dejar de usar esa gastada analogía de Munich porque ya sabe, es absurdo pensar que Rusia, que ni siquiera puede derrotar a Ucrania, que tiene una fracción de su poder militar, de su ejército o de su población, el hecho de que Rusia no pueda derrotar fácilmente a Ucrania, ¿por qué iba Putin a estar tan loco como para querer ir a la guerra con la OTAN? Putin ha descartado esto y ha dicho que es una locura. Tulsey Gabber, de nuevo, en uno de sus momentos de lucidez, dijo que era una locura. Y deberíamos reconocer que tenemos que entender que la iniciativa de la franja y la ruta de China es un paso en la dirección correcta, aunque Occidente la haya denunciado.

Necesitamos un desarrollo pacífico. El hecho de que las seis personas más ricas tengan más riqueza que los 4000 millones de personas más pobres muestra hasta qué punto necesitamos un desarrollo pacífico en nuestro planeta, un desarrollo verde. China produce más energía verde e infraestructuras que el resto del mundo en conjunto. Estados Unidos ha ido exactamente en la dirección contraria, especialmente bajo Trump. Simplemente necesitamos este tipo de sabiduría racional como civilización planetaria. ¿Saben lo que divide a la gente aquí de la gente en Corea o en China? Es insignificante comparado con lo que nos une, con cuál es nuestro interés común. Y ese es un mensaje que el Papa ha estado expresando de forma muy eficaz.

No te oigo.

Perdón. decía que respecto a la analogía histórica, cada vez que vamos a la guerra parece que ya sea contra Serbia, Irak, Libia o Rusia, siempre es contra otro Hitler. Creo que es una comparación histórica muy peligrosa porque la conclusión acaba siendo siempre que negociar es a paz iguar y que la paz en esencia exige que elijamos la guerra. Es decir, hay que derrotarlo, no hay otra manera. No se puede razonar con este adversario. Además, creo que es una oportunidad para que nuestros líderes adopten una actitud moralista mientras redoblan los tambores de guerra. Pero solo quiero decir que espero que tu llamamiento reciba la atención que merece y que más gente se implique en movimientos por la paz que se opongan a esta marcha hacia la guerra. Porque parece que todas las pruebas muestran claramente que esta es la era en la que estamos o la dirección en la que avanzamos. Y sin embargo, no veo ninguna oposición, lo cual es sí impactante. No sé si tienes alguna reflexión final.

Sí, lo que dices sobre demonizar a todo el mundo como un nuevo Hitler es precisamente la cuestión crucial, porque no puedes, ya sabes como dices, no puedes razonar con Hitler, tienes que detenerlo militarmente.

Así que Putin se convierte en Hitler. George HW. Bush convierte a Saddam Hussein en Hitler durante la primera guerra del Golfo. George W. Bush lo hizo de nuevo durante la segunda guerra de Irak.

Quiero decir, tenemos que demonizar a estas personas. Pero lo que les pido a los espectadores es que vayan al Subst Nuclear Insanity, lean y firmen el llamamiento al Papa, difúndanlo, háganlo llegar a todo el mundo que conozcan. Necesitamos que esto se multiplique de tal manera que la presión recaiga sobre los líderes para que sientan que no pueden rechazarlo.

No pueden ignorarlo, pero la gente tiene que asumir su responsabilidad personal para difundirlo entre todos sus conocidos. Así que vayan al Substack Nuclear Insanity, lo crearon Ivana Huges y la Nuclear Age Peace Foundation. Nuestro llamamiento está ahí. Suscríbanse. Quienes tengan más relevancia, denos todos sus datos de identificación. Suscríbanse como hicieron Glenn Daen y yo y difundan el mensaje porque otra de las grandes películas sobre la guerra nuclear y yo imparto un curso entero sobre esto, es La Hora Final, una película de 1959 y muestra esas concentraciones.

El último reducto de la humanidad está en el núcleo urbano más meridional en Melbourne, Australia, y Gregory Pec y la tripulación del submarino estadounidense están allí.

Pero están esperando a que les llegue la muerte por la lluvia radiactiva que se extiende y celebran esas concentraciones, concentraciones del ejército de salvación en el centro de Melbourne con una gran pancarta que dice, "Aún hay tiempo, hermano." Y en la última escena de la película muestran la pancarta, "Aún hay tiempo, hermano." Y ya no queda nadie, ¿verdad? Mientras sigamos aquí, aún hay tiempo de darle la vuelta a esto, de acabar con esto, de terminar la guerra en Ucrania, de terminar la guerra en Irán, de lograr un desarrollo pacífico en Asia, de abolir las armas nucleares. Podemos hacerlo, pero necesitamos que todo el mundo se movilice, que asuma su responsabilidad personal. No decir que tiene que hacerlo otra persona, sino que cada uno de nosotros tiene que hacerlo. Gracias, Glenn por darme la oportunidad de decirlo.

Gracias. Y sí, solo quiero decir que me gusta ese mensaje de responsabilidad personal porque no creo que necesariamente haya nadie al volante ahora mismo que nos esté llevando en otra dirección.

Así que recomendaría a todo el mundo que visite el Subst Nuclear Insanity. Dejaré un enlace en la descripción. Y sí, muchísimas gracias por el trabajo que haces.


Gracias, Glen, por el trabajo que haces." 

(Entrevista a Peter Kuznick, Glenn Diesen, blog, traducción IA)