"(...) Su nuevo libro, Europa desalmada, ofrece una visión arraigada en el pesimismo. Llega a describir un proyecto fracasado, apenas sustentado por la moneda común.
El proyecto de la Unión Europea como tal está muerto.
No tiene impulso suficiente como para seguir con una vida política
capaz de articular la pluralidad de Europa, de las realidades sociales
de Europa, e incluso de ubicar a Europa con credibilidad política
suficiente en el panorama global.
La situación, crítica, se mantiene por
el vínculo del euro, que a su vez limita nuestra capacidad de respuesta
ante situaciones de crisis, tal y como se evidenció en la crisis de
2008.
Por eso el propio título del libro es crítico y habla de una
Europa desalmada, de una Europa que ha perdido su alma, en una clara
alusión a ese pasaje bíblico neotestamentario que reza “¿de qué sirve
ganar el mundo si pierdes tu alma?”. ¿De qué sirve que Europa salve el
euro si pierde su alma? Además, si pierde su alma, llegará un momento en
que el euro tampoco será un aglutinante suficiente.
Prueba de ello son también los planteamientos
xenófobos que se extienden como una mancha de aceite por distintos
países europeos. El partido de Le Pen en Francia, La Liga en Italia, la
presencia de Vox en la política española o lo que sucede Hungría y
Polonia.
Señales de alarma de un fascismo que ha emergido de nuevo con
características que, a su vez, lo diferencian del fascismo de épocas
anteriores. Esa denominación de un nuevo fascismo responde a un
denominador común de la Unión Europea que es el euro, una moneda
diseñada desde los parámetros neoliberales de las grandes corporaciones
cuyo alcance ahora se demuestra muy limitado.
¿Hasta qué punto la Unión Europea puede ser hoy algo más que una moneda común?
La Unión Europea tenía sentido como proyecto
metanacional y puede tenerlo si somos capaces de reconducirlo. Europa ha
entrado en los últimos tiempos en una especie de autonegación: hace
años hablábamos de un déficit democrático en Europa y ahora hemos visto
cómo Europa lleva a cabo prácticas no solo deficitarias desde el punto
de vista democrático, sino antidemocráticas.
Ejemplos como las políticas
de austeridad impuestas a Grecia después del referéndum que convocó el
Gobierno de Tsipras o el tipo de tratados de libre comercio
internacionales que se han fomentado desde el Parlamento Europeo son
manifestaciones de esa autonegación, de ese carácter antidemocrático que
se extiende a muchas prácticas políticas en Europa.
También las cuestiones migratorias, esa “alergia al
otro” de la que hablaba el filósofo Lévinas y que se ha instalado en
Europa. Pero no es sólo alergia al diferente, sino también una negación
de lo que ha sido la historia europea como un proceso de hibridación, de
mestizaje, de intercambio en múltiples direcciones.
La historia de una
Europa que tampoco asume su responsabilidad en lo que han sido procesos
en los que fue protagonista en un pasado más remoto colonial e
imperialista, situaciones más recientes en el norte de África y Medio
Oriente o en otras latitudes donde Europa ha pecado por acción o por
omisión. (...)"
(Entrevista a José Antonio Pérez Tapias, autor de Europa desalmada, Manu Garrido, CTXT, 26/06/19)
No hay comentarios:
Publicar un comentario