28.6.19

El proyecto de la Unión Europea como tal está muerto. No tiene impulso suficiente como para seguir con una vida política capaz de articular la pluralidad de Europa. La situación, crítica, se mantiene por el vínculo del euro, que a su vez limita nuestra capacidad de respuesta ante situaciones de crisis. Pero “el euro es el denominador común del nuevo fascismo”

"(...) Su nuevo libro, Europa desalmada, ofrece una visión arraigada en el pesimismo. Llega a describir un proyecto fracasado, apenas sustentado por la moneda común.

El proyecto de la Unión Europea como tal está muerto. No tiene impulso suficiente como para seguir con una vida política capaz de articular la pluralidad de Europa, de las realidades sociales de Europa, e incluso de ubicar a Europa con credibilidad política suficiente en el panorama global. 

La situación, crítica, se mantiene por el vínculo del euro, que a su vez limita nuestra capacidad de respuesta ante situaciones de crisis, tal y como se evidenció en la crisis de 2008. 

Por eso el propio título del libro es crítico y habla de una Europa desalmada, de una Europa que ha perdido su alma, en una clara alusión a ese pasaje bíblico neotestamentario que reza “¿de qué sirve ganar el mundo si pierdes tu alma?”. ¿De qué sirve que Europa salve el euro si pierde su alma? Además, si pierde su alma, llegará un momento en que el euro tampoco será un aglutinante suficiente. 

Prueba de ello son también los planteamientos xenófobos que se extienden como una mancha de aceite por distintos países europeos. El partido de Le Pen en Francia, La Liga en Italia, la presencia de Vox en la política española o lo que sucede Hungría y Polonia. 

Señales de alarma de un fascismo que ha emergido de nuevo con características que, a su vez, lo diferencian del fascismo de épocas anteriores. Esa denominación de un nuevo fascismo responde a un denominador común de la Unión Europea que es el euro, una moneda diseñada desde los parámetros neoliberales de las grandes corporaciones cuyo alcance ahora se demuestra muy limitado.

¿Hasta qué punto la Unión Europea puede ser hoy algo más que una moneda común? 

La Unión Europea tenía sentido como proyecto metanacional y puede tenerlo si somos capaces de reconducirlo. Europa ha entrado en los últimos tiempos en una especie de autonegación: hace años hablábamos de un déficit democrático en Europa y ahora hemos visto cómo Europa lleva a cabo prácticas no solo deficitarias desde el punto de vista democrático, sino antidemocráticas. 

Ejemplos como las políticas de austeridad impuestas a Grecia después del referéndum que convocó el Gobierno de Tsipras o el tipo de tratados de libre comercio internacionales que se han fomentado desde el Parlamento Europeo son manifestaciones de esa autonegación, de ese carácter antidemocrático que se extiende a muchas prácticas políticas en Europa.  

También las cuestiones migratorias, esa “alergia al otro” de la que hablaba el filósofo Lévinas y que se ha instalado en Europa. Pero no es sólo alergia al diferente, sino también una negación de lo que ha sido la historia europea como un proceso de hibridación, de mestizaje, de intercambio en múltiples direcciones. 

La historia de una Europa que tampoco asume su responsabilidad en lo que han sido procesos en los que fue protagonista en un pasado más remoto colonial e imperialista, situaciones más recientes en el norte de África y Medio Oriente o en otras latitudes donde Europa ha pecado por acción o por omisión.  (...)"                  

 (Entrevista a José Antonio Pérez Tapias, autor de Europa desalmada,  Manu Garrido,  CTXT,  26/06/19)

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