"A siete meses de las elecciones presidenciales en Francia, la propuesta de condonar parte de la deuda pública ocupa el centro del debate político y ha ganado popularidad entre la opinión pública. Mélenchon ha propuesto que se condonen los 600 mil millones de deuda pública francesa en manos del BCE.
Esta propuesta también merece ser debatida en Epaña, ya que el BCE y el Banco de España poseen 380 mil millones de deuda pública española. En 2021, esta propuesta fue objeto de dos llamamientos internacionales firmados por responsables políticos y sociales de la Península Ibérica y del resto de la Unión Europea; uno de ellos fue publicado en febrero de 2021 por El País y el otro por el CADTM en diciembre de 2021.
¿Y si cancelamos los 600 mil millones de deuda que tiene el BCE? Una pregunta impactante, que tiene la ventaja de estimular la imaginación y suscitar el debate.
Jean-Luc Mélenchon declaraba en junio de 2026, en referencia a la deuda pública francesa en poder del BCE: «basta con ir allí, cogerlas, tirarlas al fuego y ya no habrá nada». Esta declaración ha tenido una considerable repercusión, una de las publicaciones que la recogieron en X ya ha sido vista más de cuatro millones de veces y el vídeo se ha difundido ampliamente en las redes sociales y en los medios de comunicación[1] .
Las condenas provenían de los defensores del mundo financiero, de las autoridades monetarias —en particular del gobernador del Banco de Francia y de la presidenta del BCE—, de numerosos medios de comunicación dominantes[2] y de economistas apegados al orden económico vigente. La propuesta también ha suscitado numerosos apoyos y mucho entusiasmo entre quienes aspiran a un verdadero cambio social y a una ruptura con las políticas de austeridad.
La acogida entre la opinión pública es significativa: «Según una encuesta de YouGov realizada para Le HuffPost (publicada el 5 de septiembre de 2026) el 43 % de los franceses se muestra a favor. Por el contrario, solo el 31 % se opone, y el 27 % no tiene opinión[3].
Le Monde escribía el 14 de septiembre de 2026 que «Mélenchon ha logrado introducir el tema de la deuda pública en la campaña presidencial al proponer cancelar una parte de la misma»[4]. El candidato a las elecciones presidenciales de 2027 ya había planteado esta propuesta en 2021. En su blog se podía leer el 22 de marzo de 2021: «Desde la tribuna de la Asamblea Nacional Jean-Luc Mélenchon pidió que se condonara la deuda de Francia en manos del BCE. Explicó que era necesario para dar un respiro a nuestro país y permitirle realizar las inversiones que necesitamos para llevar a cabo la transición ecológica».[5]
Pero, ¿de qué estamos hablando exactamente?
«Echar las deudas al fuego» es una expresión provocadora. Se trata, en términos económicos, de condonar los títulos de deuda pública francesa en poder del Eurosistema, es decir, el conjunto formado por el Banco Central Europeo (BCE) y los bancos centrales nacionales de los países que utilizan el euro[6]. A finales de agosto de 2026 el Eurosistema poseía alrededor de 600 mil millones de euros de deuda pública francesa[7]. En relación con la deuda pública francesa según la definición de Maastricht, que ascendía a 3 536 000 millones (3,53 billones) de euros al final del primer trimestre de 2026, esta suma representa aproximadamente el 17 % de la deuda pública[8] .
Cabe recordar aquí un punto esencial, el BCE y los bancos centrales miembros del Eurosistema no pueden prestar dinero directamente a los Estados ni comprar directamente sus títulos de deuda cuando estos los emiten. Así lo establece el artículo 123 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE).
Sin embargo, los bancos centrales del Eurosistema han eludido este obstáculo desde 2015, adquiriendo una gran cantidad de deuda pública en el mercado secundario, es decir, tras su emisión. Conviene explicar cómo se emite un empréstito y cuál es la diferencia entre el mercado primario y el mercado secundario.
¿De qué se trata?
En el caso de Francia, cuando el Estado desea realizar un nuevo empréstito emite bonos denominados «Obligaciones asimilables del Tesoro» (OAT), que se venden inicialmente en el mercado primario. Para ello, el Estado organiza subastas en las que participan quince grandes bancos franceses y extranjeros, denominados «Especialistas en valores del Tesoro» (SVT)[9] y conocidos en la jerga financiera como «primary dealers». Estos bancos presentan sus ofertas y las OAT se adjudican a los bancos seleccionados. Por ejemplo, el 17 de septiembre de 2026 el Tesoro sacó a subasta una OAT con un tipo de interés del 3,25 % con vencimiento en febrero de 2032. Los quince bancos privados estaban dispuestos a comprar por un importe total de 12 500 millones de euros y el Tesoro acabó emitiendo y vendiendo 5 700 millones[10] . Esto confirma que los bancos extranjeros y franceses muestran un gran interés por la deuda de Francia, por mucho que digan quienes afirman que el endeudamiento del país ha alcanzado un nivel insostenible.
Una vez emitidos los títulos pueden revenderse y recomprarse entre inversores en el mercado secundario. El mercado secundario es algo así como el mercado de coches de segunda mano: los títulos de deuda ya emitidos están en circulación y pueden cambiar de propietario. Es en este mercado secundario donde el Eurosistema ha comprado deuda de los Estados de la zona del euro, en particular OAT francesas.
La distinción es importante porque el BCE no puede comprar directamente los bonos cuando un Estado los emite. En cambio, en el marco de sus programas de compra, puede adquirir títulos ya emitidos en el mercado secundario. Así es como el Eurosistema se ha convertido en propietario de una parte importante de la deuda pública francesa.
Esta forma de financiar a los Estados se inscribe en una transformación más amplia que se remonta a las últimas décadas y acompaña la ofensiva neoliberal: los Estados han ido renunciando a financiarse directamente a través de su banco central, lo que resulta perjudicial, ya que de este modo se privan de una financiación a tipos de interés nulos o muy bajos, tal y como se practicaba en Francia con el circuito del Tesoro desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta los años setenta e incluso más allá. De este modo, los Estados han confiado una parte cada vez mayor de su financiación a los mercados financieros nacionales, extranjeros y a las instituciones que los organizan. Esta evolución se ajusta a los intereses del gran capital, ya que el mercado de la deuda representa un volumen enorme y al escapar al control de las instituciones públicas se convierte en una fuente considerable de beneficios para el sector financiero capitalista, que se beneficia al mismo tiempo de la garantía del Estado.
Así, en Francia a partir de la década de 1980 las emisiones de deuda se realizan en el marco de un mercado organizado en torno a las subastas (https://www.aft.gouv.fr/fr/techniques-demissions) mientras que la prohibición de la financiación directa del Estado por parte del Banco de Francia[11] se reforzó posteriormente, incorporándose al Derecho europeo, cuya principal finalidad es favorecer los intereses privados de una minoría privilegiada que vive a costa de las clases populares.
Fue en el mercado secundario donde el Eurosistema adquirió gran parte de los bonos de los Estados de la zona del euro, en particular los OAT franceses. Así pues, el BCE y los bancos centrales nacionales adquirieron estos títulos a instituciones privadas (bancos, fondos de inversión y otros agentes financieros) que ya los poseían. En el marco del Programa de Compra de Valores del Sector Público (PSPP por sus siglas en inglés) puesto en marcha en 2015, las compras de valores públicos las realizaron principalmente los bancos centrales nacionales bajo la coordinación del BCE. El propio BCE precisa que las compras de deuda pública en el marco del PSPP se realizan en el mercado secundario y no en el mercado primario.
Por lo tanto, en el momento en que emitió sus bonos Francia no recibió directamente ese dinero del BCE: los bancos y los inversores compraron esos títulos y a continuación el Eurosistema los recompró en el mercado financiero. Es a través de este mecanismo como los bancos centrales del Eurosistema se han convertido en titulares de una parte considerable de la deuda pública francesa.
El hecho de que los titulares privados de la deuda pública francesa que vendieron libremente al Eurosistema títulos por un valor de 600 mil millones ya hayan sido pagados permite comprender por qué una cancelación de las deudas en cuestión no supondría ningún perjuicio para los bancos ni para los inversores privados.
En el momento álgido de esta política de compras, en la primavera de 2022, el Eurosistema poseía alrededor de 4,2 billones de euros en títulos de deuda pública de los Estados de la zona del euro. Desde entonces, estos activos han ido disminuyendo a medida que los títulos vencen y ya no se renuevan de forma sistemática. A mediados de junio de 2026 aún representaban unos 3 billones de euros, de los cuales forman parte los 600 mil millones de euros de deuda pública francesa en poder del Eurosistema.
Una vez aclarados estos aspectos cabe preguntarse qué pasaría si se cancelaran esos 600 mil millones de euros. ¿Sería positiva una decisión así para Francia y para las clases populares? La respuesta a esta pregunta es sí, y vamos a explicar por qué.
¿Por qué una condonación de la parte de la deuda francesa en manos del Eurosistema sería positiva para Francia y para las clases populares?
Dicha condonación presentaría varias ventajas.
Primera ventaja: el volumen de la deuda pública se reduciría considerablemente.
Si hoy se condonaran los títulos de deuda pública francesa en poder del Eurosistema, unos 600 mil millones de euros, la deuda pública francesa según los criterios de Maastricht se reduciría en aproximadamente un 17 %, pasando de unos 3,5 billones a unos 2,9 billones de euros.
Segunda ventaja: la ratio de deuda pública respecto al PIB también se reduciría considerablemente.
Pasaría aproximadamente del 117,5 % actual al 97,5 % del PIB, lo que supone una disminución de unos 20 puntos porcentuales.
Tercera ventaja: los argumentos esgrimidos por el BCE y la Comisión Europea para imponer o endurecer las políticas de austeridad en Francia en nombre de la necesidad de reducir la deuda pública y la ratio deuda pública/PIB se verían considerablemente debilitados.
Una reducción tan importante de la deuda pública mermaría la fuerza del argumento según el cual Francia se vería obligada a recortar su gasto público y social para cumplir con las restricciones derivadas de su nivel de endeudamiento.
Cuarta ventaja: una condonación de la deuda francesa en manos del Eurosistema reduciría considerablemente los medios de presión de que dispone el BCE frente a un gobierno de izquierdas que en Francia emprendiera cambios en favor de la justicia social y la transición ecológica. De hecho, un acreedor dispone de medios de presión sobre un deudor mientras este le deba dinero, pero en el momento en que se condona la deuda, el acreedor pierde su medio de presión. El BCE, en su calidad de acreedor, no duda en intentar influir en las políticas de los Estados que le deben dinero. Si Francia ya no tiene deuda con el BCE recuperará una mayor libertad.
Quinta ventaja: una reducción significativa del volumen de la deuda pública mejoraría la situación financiera del Estado francés.
Con una deuda reducida en unos 600 mil millones de euros, casi el 17 % de la deuda actual, Francia estaría menos endeudada y presentaría mejores indicadores de solvencia a ojos de los prestamistas, ya que su capacidad para reembolsar la deuda habría aumentado. En consecuencia, a Francia le resultaría más fácil encontrar inversores que aceptaran prestar a un tipo de interés inferior o igual al anterior.
La afirmación de que una condonación de la deuda en poder del Eurosistema conllevaría necesariamente un aumento del coste de los nuevos préstamos no se basa en ninguna evidencia económica. No hay nada que permita afirmar que tal condonación llevaría necesariamente a los prestamistas privados a exigir a Francia tipos de interés más elevados que antes de la condonación. Por el contrario, la reducción de la deuda mejoraría varios indicadores que intervienen en la valoración de la situación financiera del Estado y, en consecuencia, los prestamistas potenciales serían menos exigentes y avaros en cuanto a los tipos de interés. En la historia antigua y reciente hay múltiples ejemplos que demuestran que una condonación de la deuda reduce el coste de las nuevas deudas.
Sexta ventaja: si Francia decidiera reducir drásticamente su deuda pública en manos del Eurosistema abriría una brecha que afectaría directamente a varios otros países de la zona del euro. De hecho, el Eurosistema posee aproximadamente 735 mil millones de euros de deuda alemana, 500 mil millones de deuda italiana, 380 mil millones de deuda española, 160 mil millones de deuda neerlandesa, 115 mil millones de deuda belga, 90 mil millones de deuda austriaca, 70 mil millones de deuda portuguesa, 55 mil millones de deuda irlandesa, 50 mil millones de deuda finlandesa y 35 mil millones de deuda griega. Por lo tanto, una decisión de este tipo por parte de Francia podría suscitar un debate en toda la zona del euro, especialmente en los países muy endeudados, contribuyendo a crear un relación favorable de fuerzas a nivel europeo frente a las políticas de austeridad y las restricciones que pesan sobre el gasto social y los servicios públicos[12] .
¿Por qué la condonación de la deuda en poder del BCE provoca semejante revuelo entre las autoridades y los más ricos?
Primera razón: cuanto mayor es la deuda pública más argumentos tienen los defensores de la austeridad para imponer recortes en el gasto público, nuevos ataques a los servicios públicos, nuevas privatizaciones, recortar los salarios y las pensiones, las ayudas sociales, aumentar los impuestos indirectos sobre el consumo y continuar con los ataques contra las conquistas sociales de la posguerra y de la época posterior a mayo del 68.
Segunda razón: mientras la deuda pública se financie en los mercados financieros, su elevado saldo contribuye a garantizar los ingresos de quienes poseen los títulos de deuda pública. Para los más ricos, que concentran una parte importante del patrimonio financiero, la deuda pública constituye así una fuente de ingresos ampliamente garantizada por el poder público. En Francia solo una ínfima minoría de la población, del orden del 1 %, posee directamente títulos de deuda pública[13] y obtiene de ellos beneficios significativos.
De hecho, si bien la deuda representa una carga para la colectividad constituye al mismo tiempo un activo rentable para sus acreedores, que pertenecen a la clase capitalista. El 1 % más rico invierte una parte de su patrimonio financiero en estos títulos, lo que le proporciona una renta permanente abonada y garantizada por el Estado. Dicha clase no desea privarse de esta fuente de ingresos y utiliza los medios a su alcance para hacer creer que una cancelación de la deuda sería perjudicial para la sociedad. También hay que recordar que una gran parte de la deuda pública sirve para compensar la pérdida de ingresos provocada por las desgravaciones fiscales concedidas a las grandes empresas y a los contribuyentes ricos, los mismos que van a suscribir títulos de deuda.
Desde que Jean-Luc Mélenchon ha vuelto a plantear esta propuesta de condonación de la deuda se han multiplicado los calificativos más alarmistas: «crisis financiera asegurada», según el ministro de Economía, Roland Lescure; «prohibición bancaria», según Édouard Philippe, ex-primer ministro de Macron; «quiebra», según Gabriel Attal, otro ex-primer ministro de Macron; y «caja de Pandora» que podría conducir a la hiperinflación, según el presidente del Bundesbank, Joachim Nagel. El gobernador del Banco de Francia, Emmanuel Moulin, calificó la condonación de «ilegal, peligrosa e inútil», mientras que la presidenta del BCE, Christine Lagarde, denunció una «pura violación del tratado». Por su parte, el excomisario europeo Thierry Breton se refirió a una «secuencia letal» caracterizada por «ahorro destruido, fuga de capitales y soberanía perdida». Economistas de la corriente dominante como Philippe Aghion, Premio Nobel de Economía en 2025, han cuestionado públicamente la propuesta: al ser preguntado el 24 de agosto de 2026, declaró que «dar crédito a esta idea me parece algo inverosímil»[14] .
¿Pueden el BCE o el Banco de Francia cancelar en su balance sus créditos frente a Francia?
La respuesta es afirmativa. El hecho de que el BCE y el Banco de Francia eliminen de su balance los títulos de deuda francesa (denominados «Obligaciones asimilables del Tesoro» o OAT) que tienen en su poder es técnica y totalmente factible. El Banco Central Europeo, el Banco de Francia y los bancos centrales de los demás países miembros del Eurosistema pueden decidir eliminar sin ninguna dificultad técnica de sus balances sus créditos frente a Francia y los demás países de la zona del euro. Es el privilegio de un banco central, ya que no pide préstamos para financiar sus compras, sino que crea dinero para hacerlo. Se trata de un mero ajuste contable, una operación sin ninguna consecuencia negativa ni preocupante para su funcionamiento, su credibilidad y su solvencia.
La cancelación haría desaparecer de su activo los títulos de deuda en cuestión y por lo tanto, reduciría el tamaño de su balance. La disminución del balance de un banco central no supone ningún problema. De hecho, la dirección del BCE desde 2022 ha reducido el tamaño del balance del Eurosistema limitando su programa de recompra de deuda, ya sea pública o privada. En 2022, en su punto álgido, el balance del Eurosistema alcanzó los 8,8 billones de euros y actualmente asciende a unos 6,3 billones, lo que supone una reducción de 2,5 billones de euros. La condonación de las deudas en poder del Eurosistema se inscribiría en esta tendencia.
Dirigentes como Christine Lagarde, presidenta del BCE, o Emmanuel Moulin, gobernador del Banco de Francia, que se oponen a la condonación, no pueden alegar un obstáculo de viabilidad técnica, ni sostener que esta sería contraria a la tendencia a la reducción del tamaño del balance del Eurosistema iniciada desde 2022. El propio BCE presenta esta reducción como una «normalización» de su balance.
Añadamos que nada en los tratados de la UE prohíbe jurídicamente al BCE proceder a cancelaciones de deuda. Los tratados europeos no prohíben que el BCE cancele los títulos de deuda pública que posee. El artículo 123 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE) prohíbe la financiación monetaria de las administraciones públicas y la compra directa de sus títulos, pero este artículo no dice nada sobre las condonaciones de deuda pública. Los dirigentes del BCE consideran que la condonación de títulos públicos es ilegal porque contraviene el artículo 123. Sin embargo, el artículo 123 no dice nada al respecto. No corresponde a Christine Lagarde, a la dirección del BCE ni a la Comisión Europea legislar ni interpretar el Derecho. En última instancia corresponde al juez competente, en particular al Tribunal de Justicia de la Unión Europea, interpretar los tratados. Ahora bien, según nuestra información ninguna sentencia del Tribunal de Justicia ha dictaminado explícitamente que la cancelación por parte del BCE de los títulos de deuda pública que posee esté prohibida por el artículo 123 del TFUE o por otras disposiciones de los tratados vigentes.
La propuesta de condonación de las deudas en poder del BCE se remonta a 2020, en plena pandemia. En febrero de 2021 más de 100 economistas y responsables políticos de trece países europeos lanzaron un amplio llamamiento internacional a nivel europeo. Se publicó en El País , en Le Monde y simultáneamente en siete medios de comunicación europeos.[15]
Entre los firmantes en Francia se encuentran: Thomas Piketty, Laurence Scialom, Jézabel Couppey-Soubeyran, Gaël Giraud, Jean-François Ponsot, Dominique Méda, Nicolas Dufrêne, François Morin, antiguo miembro del Consejo General del Banco de Francia (1985-1993), varios economistas de ATTAC Francia, Patrick Saurin, del CADTM, y Guillaume Duval, antiguo periodista económico de Alternative Économique; en Bélgica, Paul Magnette, exministro y actual presidente del PS; Olivier De Schutter, relator especial de las Naciones Unidas; Éric Toussaint, portavoz del CADTM internacional y destacados dirigentes sindicales; en Italia, una veintena de catedráticos universitarios. En Alemania, entre los firmantes figuraba Axel Troost, economista y diputado de Die Linke en el Bundestag de 2005 a 2017 y de nuevo brevemente en 2021, así como portavoz de su grupo parlamentario para asuntos financieros y miembro del consejo de la BaFin, la autoridad federal de supervisión financiera.
En España figuran las firmas de varios ministros, secretarios de Estado (Nacho Álvarez, secretario de Estado de Derechos Sociales) o exministros, al igual que varios parlamentarios. En Hungría, Andor László, antiguo comisario europeo. A ellos se sumaban firmantes de Portugal, Luxemburgo, Grecia, Irlanda, Gran Bretaña, Suiza y Suecia. La lista completa y el llamamiento pueden consultarse en francés aquí [16]
A continuación se incluyen algunos extractos del llamamiento:
«Como economistas, responsables y ciudadanos comprometidos de distintos países, es nuestro deber alertar sobre el hecho de que el BCE podría ofrecer hoy a los Estados europeos los medios para su reconstrucción ecológica, pero también para reparar el daño social, económico y cultural tras la terrible crisis sanitaria que estamos atravesando. » «El BCE se compromete a condonar las deudas públicas que tiene en su poder (o transformarlas en deudas perpetuas sin intereses), mientras que los Estados se comprometen a invertir las mismas cantidades en la reconstrucción ecológica y social. » La última frase del llamamiento: «La condonación de la deuda pública que posee, a cambio de inversiones por parte de los Estados, constituiría una primera señal contundente de que Europa recupera el control de su destino».
Tras la publicación del llamamiento, Christine Lagarde, presidenta del BCE, reaccionó de inmediato para rechazar la propuesta de condonación[17] .
Por su parte, tal y como se mencionaba al principio del artículo, Jean-Luc Mélenchon había apoyado la propuesta en su blog.
En diciembre de 2021 un segundo llamamiento internacional a favor de la condonación de la deuda que el BCE tiene con los Estados de la zona del euro volvió a reunir a economistas, sindicalistas y responsables de organizaciones ciudadanas, así como a numerosos representantes electos[18]. Entre los firmantes figuraban cinco parlamentarios franceses o europeos en activo (Raymonde Poncet Monge, de Los Verdes; Éric Coquerel, actual presidente de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional; Danièle Obono, Manon Aubry y Leïla Chaibi, miembros de LFI), el diputado alemán Andrej Hunko (Die Linke), cuatro diputados irlandeses de People Before Profit (Paul Murphy, Bríd Smith, Richard Boyd Barrett y Gino Kenny), el diputado federal belga Raoul Hedebouw, actual presidente del PTB, la diputada catalana María Dantas (ERC) y la diputada andaluza Teresa Rodríguez (Adelante Andalucía). A ellos se sumaron varios exdiputados europeos o nacionales, así como José María González Santos, entonces alcalde de Cádiz, y Carlos Sánchez Mato, exconcejal de Economía y Hacienda del Ayuntamiento de Madrid. Se habían sumado al llamamiento importantes dirigentes sindicales, responsables de organizaciones como ATTAC, Philippe Poutou y Olivier Besancenot, del NPA. Este llamamiento había sido lanzado por el CADTM en colaboración con el eurodiputado Miguel Urban (miembro de Anticapitalistas en el Estado español).
Algunos extractos: «El BCE puede condonar las deudas que tiene con los Estados de la zona del euro». «Un banco central no puede quebrar como un banco comercial». «Por lo tanto, hay que elegir: o se condonan las deudas públicas en poder del BCE o se acepta el regreso de la austeridad».
La condonación de la deuda en poder del BCE en el centro del debate
En 2026, con vistas a las elecciones presidenciales de 2027, la propuesta de condonación de la deuda pública en poder del BCE ha resurgido en Francia con más fuerza que antes. En caso de victoria del candidato de La France Insoumise se podría proponer un escenario en tres etapas:
1. El Gobierno solicita al Eurosistema la condonación de los títulos de deuda francesa que posee y al mismo tiempo pone en tela de juicio el marco que sustrae la política monetaria al control democrático.
A continuación:
2. En caso de negativa pone en marcha una auditoría con participación ciudadana y suspende temporalmente los reembolsos mientras dure la misma.
Y:
3. Una vez finalizada la auditoría, Francia decide cómo tratar la deuda: reestructuración con un fuerte descuento, cancelación parcial o total y si las conclusiones de la auditoría lo justifican, repudio.
Tal y como escribe LFI en su programa de 2026: «También llevaremos a cabo una auditoría ciudadana de la deuda pública para determinar qué parte de esta deuda es ilegítima y a continuación, prepararemos su reestructuración negociada». LFI, Presupuesto 2026: Por un cambio de rumbo social, p. 15
También habrá que abordar la supuesta «independencia» del Banco de Francia. Emmanuel Moulin, nombrado gobernador en junio de 2026 por seis años, no ha recibido un mandato que lo sitúe por encima del presidente de la República elegido por sufragio universal. Está al servicio de una institución pública y no de un poder financiero privado. Por lo tanto, su independencia respecto al Gobierno no puede interpretarse como un derecho a oponerse a la voluntad popular expresada en las urnas.
Si tras las elecciones de 2027 el nuevo Gobierno recibe un mandato claro para poner fin a determinadas políticas monetarias y financieras y solicita al gobernador que contribuya a su aplicación respetando la legislación vigente, deberá acatarlo. Si por el contrario, opta deliberadamente por utilizar su cargo para obstaculizar dicha política, habrá que plantearse la cuestión de su responsabilidad y de su permanencia en el cargo. La propia ley prevé la posibilidad de poner fin al mandato del gobernador en caso de falta grave.
No sería aceptable que un gobernador nombrado antes de unas elecciones pudiera, en nombre de una independencia concebida para proteger al banco central de las presiones políticas, arrogarse el poder de neutralizar un mandato democrático claramente expresado. No le corresponde al gobernador del Banco de Francia llevar a cabo la política económica de Francia en lugar del Gobierno surgido de unas elecciones democráticas[19] .
Y si el marco europeo de independencia de los bancos centrales se utiliza para impedir la aplicación de ese mandato, entonces será ese mismo marco el que habrá que cuestionar. Un banco central no es una potencia por encima de la democracia.
Conclusión
La condonación de la deuda pública francesa en manos del Eurosistema no es ni una fantasía ni una cuestión puramente contable, plantea una cuestión fundamental: ¿quién debe decidir la orientación económica y monetaria del país?
Ante una deuda pública que alcanza niveles considerables, con intereses que se pagan a los tenedores de títulos y el enorme poder otorgado a los bancos centrales independientes, es necesario volver a situar la cuestión de la deuda en el centro del debate democrático.
Solicitar la cancelación de los títulos en poder del Eurosistema, iniciar una auditoría con participación ciudadana en caso de denegación, suspender los reembolsos durante dicha auditoría y a continuación, decidir soberanamente qué parte de la deuda debe reestructurarse, cancelarse o si fuera necesario, repudiarse: este es el enfoque que permite recuperar colectivamente el control de la deuda pública y poner fin a la idea de que los mercados financieros y los bancos centrales tienen la última palabra.
En definitiva, la cuestión no es solo: «¿Hay que cancelar la deuda en poder del BCE?». Es más fundamental: ¿quién debe decidir qué tiene que pagar la población, a quién y por qué?
(El autor agradece a Christian Dubucq, Pierre Gottiniaux y Patrick Saurin por su revisión y sus comentarios. El autor agradece a Fernanda Gadea la revisión de la traducción al castellano.)
[2] Además de TF1, mencionada anteriormente, véase La Tribune, 28 de agosto de 2026, https://www.latribune.fr/article/economie/42384163826786/dette-les-candidats-a-lelection-presidentielle-exposent-leurs-divergences-face-aux-patrons y Sandrine Cassini, «Jean-Luc Mélenchon, en el centro de los debates y las críticas con su propuesta de condonar parte de la deuda de Francia», Le Monde, 28 de agosto de 2026. El artículo recoge la declaración de Jean-Luc Mélenchon del 24 de junio de 2026: «Basta con cogerlos y tirarlos al fuego», en referencia a los títulos de la deuda francesa en poder del BCE https://www.lemonde.fr/politique/article/2026/08/28/l-annulation-de-la-dette-de-la-france-la-proposition-polemique-qui-place-jean-luc-melenchon-au-c-ur-des-debats-de-la-presidentielle_6758807_823448.html; las tres fuentes se consultaron el 22 de septiembre de 2026
En español, ver Euronews, Estelle Nilsson-Julien, 28/08/2026 https://es.euronews.com/2026/08/28/la-economia-domina-el-primer-debate-entre-candidatos-a-la-presidencia-francesa?utm_source=chatgpt.com&utm_source=chatgpt.com, consultado el 25 de septiembre de 2026
[3] HuffPost, «La idea de Jean-Luc Mélenchon de condonar parte de la deuda empieza a convencer a los franceses», 5 de septiembre de 2026, https://www.huffingtonpost.fr/politique/article/l-idee-de-jean-luc-melenchon-d-annuler-une-partie-de-la-dette-commence-a-convaincre-les-francais_318190.html, consultado el 22 de septiembre de 2026. La encuesta fue realizada por YouGov para Le HuffPost entre 1 039 personas representativas de la población francesa mayor de 18 años, entrevistadas en línea entre el 31 de agosto y el 3 de septiembre de 2026 con la pregunta: «¿Está a favor o en contra de la condonación de la deuda pública francesa?». Cabe señalar que según esta encuesta la condonación de la deuda en poder del Banco de Francia y del Banco Central Europeo cuenta con un mayor apoyo entre los jóvenes (el 50 % de entre 18 y 24 años se muestra a favor) que entre las personas de más edad (solo el 39 % de los mayores de 55 años a favor)
Nota: El HuffPost francés es un medio de comunicación generalista en línea creado en Francia en 2012, del que Le Monde posee el 85 % de las acciones.
[7] Los datos facilitados por el BCE indican que a finales de agosto de 2026 el Eurosistema poseía títulos de deuda pública francesa por un valor de 600 000 millones de euros que se distribuían en dos categorías: 360 mil millones de deuda pública francesa en el marco de su Programa de compra de valores del sector público (en inglés: Public Sector Purchase Programme, PSPP) puesto en marcha en 2015 y 240 mil millones de euros en el marco de otro programa de compra de deuda iniciado durante la pandemia del coronavirus, conocido en francés como «Programa de compras de emergencia ante la pandemia» (en inglés: Pandemic Emergency Purchase Programme, PEPP). En el marco de estos dos programas de recompra el Banco de Francia y otros bancos centrales del Eurosistema han comprado OAT (Obligaciones asimilables del Tesoro) en el mercado secundario a bancos privados y fondos de inversión. Para consultar una versión detallada de los datos sobre las compras de deuda en el marco de los dos programas PSPP y PEPP, véanse los dos sitios web siguientes del BCE: https://www.ecb.europa.eu/mopo/implement/app/html/index.fr.html https://www.ecb.europa.eu/mopo/implement/pepp/html/index.fr.html
[8] Otras estimaciones apuntan al 18 % pero lo importante es el orden de magnitud; da igual que sea 17 %, 1 % ó 2 %, en cualquier caso, entre el momento en que se escriben estas líneas y el inicio del nuevo mandato presidencial en 2027 el volumen de la deuda de Francia habrá variado, al igual que la parte en poder del Eurosistema, ya que algunos títulos de deuda habrán vencido. Sin embargo, lo cierto es que el porcentaje será significativo y alcanzará al menos el 15 % según mis previsiones.
[9] A continuación se presenta la lista de estos 15 bancos, entre los que se encuentran cuatro entidades francesas, una alemana, una española, tres británicas, cinco norteamericanas y una japonesa: Bank of America Securities, Barclays Europe PLC, BNP Paribas SA, Citibank Europe PLC, Crédit Agricole CIB SA, Deutsche Bank AG, Goldman Sachs Bank Europe SE, HSBC Continental Europe SA, J.P. Morgan SE, Morgan Stanley Europe SE, Natixis SA, Natwest Markets NV, Nomura Financial Products Europe GmbH, Santander SA y Société Générale SA. Fuente: https://www.aft.gouv.fr/fr/presentation-specialistes-en-valeurs-tresor
[11] Esta evolución la describe Benjamin Lemoine en su libro *L’ordre de la dette. Enquête sur les infortunes de l’État et la prospérité du marché* (El orden de la deuda. Investigación sobre las desgracias del Estado y la prosperidad del mercado), París, La Découverte, 2016, 303 págs.
[12] Las demás cantidades ascienden aproximadamente a 20 mil millones de euros para Eslovaquia, 15 mil millones para Eslovenia, 7 mil millones para Lituania, 5 mil millones para Letonia, 5 mil millones para Luxemburgo, 5 mil millones para Chipre, 2 mil millones para Malta y mil millones para Estonia. Croacia, que se incorporó a la zona del euro en 2023, solo representa una cantidad insignificante en estas carteras. Estas cifras son órdenes de magnitud basadas principalmente en las carteras del PSPP y del PEPP del Eurosistema, contabilizadas a coste amortizado, por lo que no se corresponden exactamente con el valor nominal de los títulos
[13] La tenencia directa de títulos de deuda pública francesa por parte de los hogares es muy minoritaria: alrededor del 1 % de los hogares posee directamente bonos de cualquier tipo y la proporción de los que poseen títulos de deuda pública francesa constituye una fracción de ese conjunto. INSEE, «Renta y patrimonio de los hogares», edición de 2021, datos de la encuesta «Historia de vida y patrimonio» 2017-2018: «Bonos (o fondos de inversión en bonos): 1,0 %» de los hogares.
Véase también la Asamblea Nacional, Informe sobre la evolución y las perspectivas de los productos de ahorro, 2023, que recoge estos datos e indica que el 1 % de los hogares posee bonos directamente. Cabe añadir que en 2015, según el Banco de Francia citado por la Asamblea Nacional, los hogares franceses poseían directamente menos del 0,01 % del saldo vivo de la deuda negociable del Estado. Atención: este 0,01 % es una proporción del saldo vivo de la deuda, no una proporción de los hogares. Asamblea Nacional, «Informe presentado en aplicación del artículo 145 del Reglamento por la Comisión de Finanzas, como conclusión de los trabajos de la misión de evaluación y control sobre la gestión y la transparencia de la deuda pública, presentado por los diputados Jean-Claude Buisine, Jean-Pierre Gorges y Nicolas Sansu», julio de 2016, https://www.assemblee-nationale.fr/14/rap-info/i3936.asp consultado el 21 de septiembre de 2026
[14] ¿Son todas las objeciones planteadas por los defensores del sistema tan caricaturescas? La postura expresada el 4 de septiembre de 2026 en las páginas del diario Le Monde por Olivier Blanchard, antiguo economista jefe del FMI, junto con Quentin Vandeweyer, profesor de la London Business School, no debe incluirse en la misma categoría que las mencionadas anteriormente. Reconocen que la cancelación de la deuda en poder del Banco de Francia sería una operación entre el Estado y el Banco de Francia sin efectos negativos directos para los acreedores privados del Estado. Escriben explícitamente, en relación con la cancelación de la deuda en poder del banco central, que «sus defensores tienen razón en este punto» cuando afirman que la operación no afectaría directamente ni a los acreedores del Estado ni a los del Banco de Francia. Su principal argumento en contra de la cancelación es que si el Estado cancela los títulos en poder del Banco de Francia, los intereses que el Estado ya no le abona desaparecen, mientras que las reservas que mantienen los bancos —en su gran mayoría privados— en el Banco de Francia se mantienen y según ellos, deben seguir siendo remuneradas. Como subraya el economista Nicolas Dufrêne, quien les respondió en Le Monde el 11 de septiembre de 2026, se podrían elevar las reservas obligatorias, que no se remuneran, y modificar la remuneración de las reservas excedentarias. Las reservas excedentarias que los bancos mantienen en el Banco de Francia no son una necesidad para el buen funcionamiento de la economía, son ante todo un instrumento de política monetaria, que puede sustituirse o reorganizarse en el marco de otro mecanismo.
(Eric Toussaint , Sin Permiso, 26/09/26)