"Han pasado diez años desde aquel fatídico día del Brexit: en 2016, Gran Bretaña decidió abandonar la Unión Europea, un templo vacío que santificaba el capitalismo financiero y un tren que se precipitaba hacia el abismo. Según las predicciones de los defensores del pensamiento políticamente correcto y éticamente corrupto, el país debería haber caído en el abismo. La pobreza y el colapso se daban por inevitables. Pero no fue así: también hay vida fuera de la Unión Europea. Es cierto que Gran Bretaña nunca adoptó la nefasta moneda única, piedra angular del método neoliberal de gobierno en el viejo continente. En cualquier caso, aquel gesto representó simbólicamente una transición trascendental, ya que mostró a los europeos una posibilidad concreta, una que todos pueden llevar a cabo. En otras palabras, la Unión Europea no es ni inevitable ni irreversible. Es posible abandonarla, y de hecho es nuestro deber hacerlo antes de que sea demasiado tarde. Diez años después, Farage, el protagonista indiscutible del Brexit, afirma estar orgulloso de aquella decisión. Y solo podemos estar de acuerdo con él. Es cierto que abandonar la Unión Europea y la moneda única representa una condición necesaria, pero no suficiente, para la implementación de una auténtica democracia socialista. Lo que resulta evidente, sin lugar a dudas, es que esta última no puede alcanzarse dentro de los límites cerrados de la Unión Europea, que solo garantiza competitividad y dominación capitalista."
(Diego Fusaro, blog, 16/06/26, traducción google)
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