"El resultado más importante alcanzado en la cumbre de los BRICS celebrada en la India el pasado fin de semana es la declaración conjunta firmada por países que, como es bien sabido, suelen tener intereses y prioridades divergentes.
Estados Unidos tiende a describir a los BRICS como una alianza antioccidental. En realidad, no es así. El grupo no es una alianza formal, ni lo será jamás. Se trata de una coalición heterogénea, compuesta, en su versión ampliada, por diez Estados miembros y diez países «asociados».
Algunos de los Estados fundadores, como Brasil, la India y la propia China, así como muchos de los nuevos miembros, mantienen importantes relaciones comerciales con Washington.
Por el contrario, los BRICS comparten unos pocos intereses esenciales, entre los que destaca la determinación de continuar la transición hacia un mundo multipolar en el que el Sur del mundo pueda tener voz propia.
El grupo no busca el enfrentamiento con EE. UU., sino una mayor autonomía estratégica a la luz de la crisis de la globalización liderada por Estados Unidos, desencadenada por el colapso estadounidense de 2008.
Desde el punto de vista de estos países, son precisamente la irresponsabilidad financiera y las intervenciones unilaterales de Occidente las que han desestabilizado la globalización.
La cumbre de Nueva Delhi se inscribe en un panorama alarmante de conflictos y focos de crisis en el mundo, desde Ucrania hasta Irán, pasando por Gaza, Yemen y Sudán, por citar solo algunos. Estos desestabilizan los mercados energéticos y financieros, las rutas comerciales y las cadenas de suministro alimentario.
A ello se suma el recurso cada vez más agresivo a sanciones, aranceles, controles de las exportaciones e incluso prohibiciones en alta mar por parte de Washington, lo que acelera la fragmentación de la economía mundial.
La transformación del sistema financiero internacional, dominado por el dólar, en un arma que Estados Unidos esgrime contra todos aquellos que no se pliegan a su voluntad, ha impulsado a los BRICS a buscar contramedidas defensivas.
El objetivo no es dejar de comerciar con Occidente, sino disponer de la libertad de establecer relaciones también con otros países sin la espada de Damocles que suponen las represalias estadounidenses.
En 2025, la Administración estadounidense impuso aranceles de hasta el 50 % sobre los productos indios porque Nueva Delhi compraba petróleo a Rusia. Brasil está aún más expuesto a las presiones de Washington.
La doctrina Monroe, resucitada por el presidente Donald Trump y convenientemente rebautizada como «Doctrina Donroe», considera que América Latina pertenece a la esfera de influencia estadounidense y limita la libertad de los países latinoamericanos para diversificar sus relaciones internacionales.
En julio de 2026, EE. UU. impuso aranceles del 25 % sobre algunos productos brasileños, que en ocasiones llegaron al 37,5 %.
Brasilia teme las injerencias estadounidenses en las elecciones que se celebrarán en octubre, e incluso la posibilidad de una intervención armada después de que Washington haya incluido de manera pretextuosa a algunos grupos criminales brasileños en su lista de organizaciones terroristas.
Esto contribuye a explicar por qué, dentro del BRICS, Brasil e India son los miembros más cautelosos a la hora de impulsar el proceso de desdolarización.
En cualquier caso, una moneda común del BRICS no es concebible a la luz de las diferencias existentes entre los sistemas monetarios y fiscales de los países miembros.
El camino que está siguiendo el grupo es, en cambio, el de una adopción progresiva de las monedas locales en los intercambios comerciales entre los países miembros. El uso del renminbi, la rupia y el rublo sirve para protegerse de medidas de represalia, reduciendo la dependencia del dólar, sin llegar, no obstante, a sustituirlo.
Naturalmente, esta fragmentación económica conlleva un aumento de los costes y de las ineficiencias, lo cual, sin embargo, es ineludible si estos países desean escapar de los instrumentos coercitivos de Washington.
La adopción de las monedas nacionales en los intercambios comerciales entre dos países, en particular, solo funciona sin problemas si existe un equilibrio sustancial, como ocurre, por ejemplo, entre Rusia y China.
En el caso de una relación desequilibrada como la que existe entre Rusia y la India, esta última se ve obligada a pagar en renminbi chinos para evitar que Moscú acumule enormes cantidades de rupias no convertibles que no puede gastar en el mercado indio.
Estamos asistiendo, por tanto, a un proceso lento y laborioso que, no obstante, está reforzando la interoperabilidad entre los sistemas de pago de estos países y que, paradójicamente, continuará precisamente debido a la obstinación estadounidense por utilizar el dólar como arma.
El camino hacia un nuevo mundo multipolar sigue siendo largo e incierto. El grupo de los BRICS sigue sin ser capaz de adoptar posturas firmes y unívocas ante los numerosos focos de crisis del planeta.
Pero es probable que continúe impulsando el laborioso proceso de creación de sistemas económicos y financieros paralelos al dominado por Washington. La armonía renovada entre Rusia, la India y China en la cumbre de Nueva Delhi parece confirmarlo.
La cálida acogida que el homólogo indio Narendra Modi dispensó al presidente ruso Vladimir Putin deja claro que Delhi no renunciará a Moscú para complacer a Washington.
La cumbre del BRICS del próximo año será organizada por China, que se dispone a asumir la presidencia rotatoria de la organización y sin duda dará un nuevo impulso a su proceso de integración económica.
Este artículo ha aparecido en Fatto Quotidiano."
(Roberto Iannuzzi , blog, 18/09/26, traducción Salvador L. Arnal)
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