12.10.26

50 días son más que suficientes para armar una victoria... En 2023, las encuestas situaban al PSOE en el 25%, y finalmente alcanzó el 32%. La clave de este ascenso meteórico de siete puntos fue la activación del electorado de izquierdas, que será de nuevo decisivo... el problema de la vivienda interpela esencialmente al votante progresista... La vivienda encierra así una paradoja que puede resultar determinante: es un problema que puede movilizar al electorado progresista, pero también una de las principales fuentes de frustración con el Gobierno... Por el momento, la izquierda ha sido muy hábil trazando la línea que divide a los que “son parte del problema” de los que “son parte de la solución”. A esto ha contribuido que PP, Vox y Junts votasen en contra de dos decretos cuyas medidas eran bien valoradas incluso entre sus propios votantes. Pero se va a necesitar algo más para construir la credibilidad necesaria que empuje al votante progresista a acudir a las urnas... ¿Puede la izquierda ganar las elecciones? La única certeza que tenemos es que durante las próximas semanas el votante progresista se va a ir activando, haciendo cada vez más ajustada una carrera cuyo resultado es aún difícil de predecir. En cualquier caso, el recuerdo del 23J debería ser suficiente para convencernos de que todavía queda mucho partido por delante (Stephan Zhao)

"Cuando el 29 de mayo de 2023 se convocaron elecciones, llevaba trabajando casi dos años como asesor en La Moncloa, y puedo ahora confesar que no tenía ninguna esperanza de que ese llamamiento anticipado a las urnas pudiese salir bien. Era muy difícil pensar lo contrario, si se tiene en cuenta que no habíamos tenido ni 24 horas para digerir los resultados de las elecciones municipales de la noche anterior. En esa madrugada en la que la izquierda perdió siete gobiernos autonómicos y multitud de ayuntamientos, nadie imaginaba que la espada de Damocles del adelanto electoral iba a caer nada más llegar el amanecer. Lo que siguió ya forma parte de la historia de España. 

El pasado lunes, al igual que hace casi cuatro años, la legislatura finalizó de manera abrupta y, de nuevo, son muchos los que solo atisban en el horizonte una inevitable mayoría de derechas, empezando por todas las encuestas publicadas en las últimas semanas. No obstante, si algo demostró el 23J es que “las encuestas son como los perfumes: están hechas para olerlas, no para tragártelas”. Recordemos lo que anunciaban los sondeos en aquel momento: “La suma de Feijóo y Abascal llega a los 180 escaños [...], suficientes para desalojar a Sánchez de La Moncloa”, se podía leer en ABC.

Como bien se observa en el gráfico anterior, prácticamente todos los institutos demoscópicos infraestimaron a la izquierda. Las encuestas situaban al PSOE en el 25% el día que se convocaron las elecciones. Al comienzo de la campaña electoral, esta cifra escaló al 28%, pero en ningún caso se consideró la posibilidad de que los socialistas pudiesen alcanzar el 32% (a punto de empatar al PP), como finalmente ocurrió.

La clave de este ascenso meteórico de siete puntos fue la activación del electorado de izquierdas, algo que sin duda va a ser de nuevo decisivo. Según los últimos datos, los votantes progresistas están mucho más desactivados que los de derechas, algo que no es ninguna novedad. Como puede verse en el gráfico con el que abre este artículo, el 23J la izquierda se lanzó a las elecciones con menos del 60% de sus votantes movilizados, frente a una derecha que partía con más del 70% de su electorado totalmente convencido de su voto. Esta brecha se fue reduciendo a lo largo de la campaña, lo que fue fundamental para la remontada de la izquierda.

Por tanto, el camino hacia la victoria el próximo 29N pasa de nuevo por activar al bloque de izquierdas. No obstante, debemos ser conscientes de que, casi cuatro años después, las coordenadas del debate son otras. El llamamiento a frenar a la extrema derecha, que prendió el fervor progresista las anteriores elecciones, da cada vez más signos de agotamiento. La ola de indignación por la situación de la vivienda se ha llevado por delante cualquier otro asunto, lo que entraña enormes desafíos tanto para la izquierda como para la derecha.

Gracias al último estudio de 40dB., sabemos que el problema de la vivienda interpela esencialmente al votante progresista, y que la mayoría de votantes sigue considerando al PSOE el partido más capacitado para gestionarlo. Ahora bien, el Gobierno central es también percibido como el principal responsable de resolver este problema, y es ineludible el hecho de que la izquierda ha gobernado durante los últimos ocho años. La vivienda encierra así una paradoja que puede resultar determinante: es un problema que puede movilizar al electorado progresista, pero también una de las principales fuentes de frustración con el Gobierno.

Por el momento, la izquierda ha sido muy hábil trazando la línea que divide a los que “son parte del problema” de los que “son parte de la solución”. A esto ha contribuido que PP, Vox y Junts votasen en contra de dos decretos cuyas medidas eran bien valoradas incluso entre sus propios votantes. Pero se va a necesitar algo más para construir la credibilidad necesaria que empuje al votante progresista a acudir a las urnas, con la convicción de que ir a votar tiene algún tipo de propósito.

Entonces, ¿puede la izquierda ganar las elecciones? Todavía es pronto, pero probablemente el PSOE está mucho más cerca de ser primera fuerza de lo que muchos vaticinan. Si recopilamos las encuestas publicadas el mes pasado, las corregimos por su error histórico (cuánto se equivocaron el 23J) y simulamos 10.000 elecciones generales, veremos que los socialistas ya le pisaban los talones al PP. Todo esto antes del comienzo de las movilizaciones por la vivienda y en pleno debate sobre la crisis de Ceuta.

No sabemos si esto va a ser suficiente para formar una nueva mayoría progresista, mucho menos si tenemos en cuenta que aún se desconoce qué forma va a adoptar el artefacto electoral que se está armando a la izquierda del PSOE. La única certeza que tenemos es que durante las próximas semanas el votante progresista se va a ir activando, haciendo cada vez más ajustada una carrera cuyo resultado es aún difícil de predecir. En cualquier caso, el recuerdo del 23J debería ser suficiente para convencernos de que todavía queda mucho partido por delante, y de que 50 días son más que suficientes para armar una victoria.

(Stephan Zhao , CTXT, 12/10/26)

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