"El exjefe del Ejército alemán, el general Harald Kujat, desmonta las mentiras sobre la guerra de Ucrania.
Harald Kujat, general de cuatro estrellas alemán retirado, exjefe del Estado Mayor de la Bundeswehr y expresidente del Comité Militar de la OTAN, sostiene que la guerra de Ucrania se ha prolongado por una serie de narrativas falsas occidentales: que la invasión rusa fue no provocada, que Moscú pretendía conquistar toda Ucrania, que Ucrania podía lograr la victoria militar, que Rusia no estaba dispuesta a negociar y que la continuación de la asistencia militar occidental acabaría cambiando el equilibrio estratégico. Estas suposiciones han obstruido las soluciones diplomáticas, han contribuido a la destrucción de Ucrania y han acercado peligrosamente a Europa a una confrontación directa con Rusia. Este artículo resume los argumentos expuestos por el general Kujat en un pódcast el año pasado, con un enlace a continuación.
**El deterioro de las relaciones OTAN-Rusia**
Las relaciones entre la OTAN y Rusia mejoraron sustancialmente tras la Guerra Fría. Moscú buscó una cooperación más estrecha, y mecanismos como el Acta Fundacional OTAN-Rusia y el Consejo OTAN-Rusia establecieron un diálogo político y militar regular.
Dos acontecimientos dañaron fundamentalmente esta relación. En 2002, Estados Unidos se retiró del Tratado sobre Misiles Antibalísticos, socavando un elemento esencial de la estabilidad estratégica nuclear. Rusia interpretó la decisión como un intento estadounidense de establecer una superioridad estratégica.
El segundo punto de inflexión llegó en la cumbre de la OTAN en Bucarest en 2008, cuando Washington impulsó la adhesión de Ucrania y Georgia.
Los dos principales objetivos estratégicos de Rusia han sido siempre evitar una confrontación militar con Estados Unidos y la OTAN. Moscú buscó por tanto un acuerdo de seguridad que impidiera que los conflictos en sus fronteras escalaran a una confrontación directa. La expansión de la OTAN concentró cada vez más este problema en Ucrania.
**La falsa narrativa de una guerra no provocada**
La afirmación de que la invasión rusa de febrero de 2022 fue no provocada ignora los ocho años anteriores.
El derrocamiento en 2014 del presidente democráticamente elegido de Ucrania, Viktor Yanukóvich, fue seguido de una guerra civil en el este de Ucrania y de graves restricciones a los derechos civiles de su población rusoparlante.
El acuerdo de Minsk II de 2015 pretendía resolver este conflicto concediendo al Dombás un estatus constitucional especial y protegiendo la lengua y la cultura rusas dentro de Ucrania.
Ucrania nunca aplicó estas disposiciones constitucionales. En su lugar, sus fuerzas armadas fueron modernizadas, ampliadas y rearmadas con ayuda occidental.
Declaraciones posteriores de Angela Merkel y François Hollande indicaron que el proceso de Minsk había servido para ganar tiempo para el rearme ucraniano en lugar de resolver el conflicto. Esto constituyó un claro acto de engaño.
En diciembre de 2021, Rusia propuso acuerdos de seguridad con Estados Unidos y la OTAN. Estos esfuerzos fracasaron y la situación de seguridad degeneró en guerra.
**La falsa afirmación de que Rusia pretendía conquistar Ucrania**
Otro error central es que Rusia lanzó una guerra total para ocupar todo el Estado ucraniano.
Aproximadamente 170.000 soldados rusos entraron en Ucrania contra un ejército de más de 400.000 efectivos que había recibido una amplia formación y equipamiento occidentales. La fuerza rusa era insuficiente para conquistar y ocupar todo el país.
El objetivo inicial era, de forma más plausible, derrocar al gobierno ucraniano e instalar un liderazgo prorruso, potencialmente bajo Viktor Medvedchuk.
Cuando esto fracasó, los objetivos de Rusia cambiaron. Moscú buscó posteriormente el control de Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón dentro de sus antiguas fronteras administrativas, junto con un acuerdo de seguridad más amplio que garantizara que Ucrania no se convirtiera en una plataforma para las fuerzas militares de la OTAN.
**Cómo Occidente socavó las negociaciones de paz de Estambul**
Las negociaciones de Estambul en la primavera de 2022 representaron una gran oportunidad para poner fin a la guerra.
Hacia el 15 de abril, ambas partes habían negociado en gran medida un acuerdo que establecía la neutralidad ucraniana y garantías de seguridad internacionales. Las cuestiones pendientes se referían al funcionamiento de esas garantías y al tamaño y equipamiento permitidos de las fuerzas armadas ucranianas.
Estas diferencias debían resolverse directamente entre los presidentes Putin y Zelenski.
La conclusión del acuerdo fue torpedeada por la intervención occidental. La visita de Boris Johnson a Kiev el 9 de abril fue especialmente determinante, al comunicar el primer ministro británico que Ucrania debía seguir luchando en lugar de concluir un acuerdo.
El objetivo estratégico fue articulado posteriormente por el secretario de Defensa estadounidense: Rusia debía ser debilitada política, económica y militarmente.
Ucrania se convirtió así en el campo de batalla de una guerra por delegación entre Estados Unidos y Rusia, con los gobiernos europeos asumiendo cada vez más responsabilidad a medida que cambiaba la posición de Washington.
**La falsa promesa de una victoria militar ucraniana**
Los gobiernos occidentales mantuvieron repetidamente que Ucrania podía derrotar a Rusia y recuperar Crimea y los territorios del este de Ucrania. Esto fue una ilusión estratégica desde el principio.
Destacadas figuras militares reconocieron las limitaciones. El general estadounidense Mark Milley reconoció que Ucrania había logrado lo que razonablemente podía lograr militarmente y que debía negociar. El comandante en jefe ucraniano, Valeri Zaluzhni, identificó igualmente enormes necesidades de equipamiento que los países occidentales no podían satisfacer.
Sin embargo, cada nuevo sistema de armas se presentó como un posible factor decisivo. La fórmula política de que Ucrania no debe perder y Rusia no debe ganar sustituyó la estrategia militar por el pensamiento ilusorio.
Las consecuencias fueron devastadoras. Se perdieron repetidamente oportunidades de detener la matanza y la destrucción, incluidas iniciativas de paz chinas y brasileñas y propuestas presentadas por figuras políticas y de seguridad alemanas.
El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, fue duramente criticado por intentar iniciar la diplomacia. Los gobiernos europeos, mientras tanto, no hicieron ningún esfuerzo independiente serio para negociar un acuerdo.
**La falsa afirmación de que Rusia se niega a negociar**
La disposición de Rusia a negociar también ha sido tergiversada.
En las conversaciones de Estambul de junio de 2025, Moscú presentó un memorando en el que esbozaba sus propuestas para un alto el fuego y un acuerdo de paz. Ucrania rechazó negociar sobre esa base, limitando las discusiones a intercambios de prisioneros y niños secuestrados.
Rusia insistió posteriormente en que cualquier reunión presidencial debía prepararse cuidadosamente mediante negociaciones preliminares sustantivas. Ucrania exigió un acuerdo sobre garantías de seguridad antes de dicha reunión.
Estas posiciones incompatibles crearon un punto muerto diplomático, pero no demostraron que Rusia no estuviera dispuesta a negociar.
**El peligro de escalada y el fracaso estratégico de Europa**
El deterioro de la posición militar de Ucrania ha aumentado el peligro de escalada. Los ataques contra la infraestructura rusa de alerta temprana nuclear, la flota de bombarderos estratégicos y otros objetivos sensibles corren el riesgo de ampliar la guerra hasta una confrontación directa entre potencias nucleares.
Las propuestas europeas que implican misiles Taurus, tropas de la OTAN en Ucrania o una zona de exclusión aérea podrían transformar igualmente la participación indirecta en implicación militar directa.
El incidente del misil en Polonia en noviembre de 2022 demostró el peligro. El expresidente polaco Andrzej Duda describió posteriormente la presión de Zelenski para atribuir a Rusia el misil ucraniano.
Los líderes europeos deben reconocer que ampliar la guerra podría impedir la derrota militar aislada de Ucrania solo a costa de un conflicto europeo potencialmente catastrófico.
El compromiso continuo de Europa con la victoria militar refleja también una falta de disposición a reconocer sus errores estratégicos anteriores. En lugar de apoyar los esfuerzos estadounidenses por negociar, los gobiernos europeos los han obstruido mientras debilitaban sus propias capacidades de defensa y economías.
**La paz exige un nuevo orden de seguridad europeo**
La victoria militar y la victoria política son fundamentalmente diferentes. Rusia también ha sufrido reveses estratégicos, incluida la adhesión de Finlandia y Suecia a la OTAN y la disminución de la influencia rusa en el Cáucaso Sur.
Moscú tiene por tanto razones para buscar el fin de la guerra, aunque sus objetivos territoriales y la cuestión de la neutralidad de Ucrania siguen siendo obstáculos centrales.
La tarea esencial no es simplemente lograr un alto el fuego. Se trata de establecer un orden de seguridad europeo duradero que acomode los intereses de Rusia y Ucrania, impida una nueva confrontación y restaure la estabilidad estratégica entre las potencias nucleares.
Europa debe abandonar la ilusión de que Rusia puede ser derrotada militarmente, apoyar negociaciones serias y reconstruir relaciones con Washington. Solo un acuerdo negociado puede evitar una mayor destrucción de Ucrania y permitir a Europa recuperar su influencia geopolítica en un mundo multipolar emergente.
You tube: https://www.youtube.com/watch?v=sJ-pWvv--FM
(Entrevista al general alemán retirado General Harald Kujat, Glenn Diesen, blog, 08/11/26, traducciñon Deep Seek)
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