"La campaña ha terminado. No la oficial, que ni siquiera ha empezado, sino la que veníamos contando desde que se convocó el 29-N. Todo lo dicho hasta Urda, todo lo medido y todo lo proyectado ha quedado suspendido en el aire. Las encuestas que se publiquen a partir de hoy retratarán a un país en estado de shock, no a un país que vota. Mi consejo es sencillo: recomiendo no hacer caso a las cifras. Faltan 27 días para el 29-N. Y esta elección se decidirá en la última semana. Los últimos tres días.
Lo de Urda es inédito. Es la segunda tragedia de la alta velocidad en un año, y el AVE no es una infraestructura cualquiera: era el orgullo nacional. Cuando un símbolo se convierte en herida, cambian los sentimientos profundos de los españoles. Y eso no lo mide ningún tracking . El voto no se mueve ahora por ideología, sino por algo más hondo: el miedo. No hay ninguna revolución en el voto. Es tan falsa esta afirmación como que el PP era primera fuerza antes de Urda. Y a los numerólogos que lo insertan hay que recordarles una palabra maravillosa en español: son unos “ansias”. Pues todo comienza de cero. Para todos. A la oposición se le va a juzgar como gobierno, y al Gobierno, como Estado. Ese es el tono vital.
Aprobaría la nacionalización del ferrocarril en España al amparo del artículo 128 de la Constitución
El único espejo que tenemos es el 11-M. Conviene mirarlo despacio. Entonces el PP se equivocó: quiso gobernar el relato con una mentira, y los españoles, que entienden casi todo menos sentirse utilizados en el duelo, se lo cobraron en las urnas. El Gobierno ha acompañado en el dolor, ha sido transparente y debe dar una respuesta de Estado. He estado todos estos días en silencio en las redes, como tantos otros paisanos, por lealtad a mis compatriotas, que se merecen no solo guardarles silencio, sino también llevarles en cada viaje en tren siempre con nosotros. Las víctimas y los trabajadores son la medida a lo que nos debemos y las entrañas de nuestro país.
Por ese respeto, les explico lo que yo haría. Dos accidentes en 10 meses son “inasumibles”. Esa es la palabra exacta. Por eso, aprobaría la nacionalización del ferrocarril en España al amparo del artículo 128 de nuestra Constitución. La alta velocidad debe ser otra vez un servicio público esencial prestado por el Estado. La liberalización no ha funcionado en España. Y la respuesta debe ser la “nacionalización”. Pocos servicios son más esenciales que el tren en el que viajan cada día millones de españoles. Sería la primera ley que llevaría a las Cortes el nuevo gobierno. Así se lo comunicaría a la presidenta de la Comisión Europea, a la que pediría revisar el fallido modelo europeo con un argumento indiscutible: la seguridad de los viajeros está por encima de la competencia. Y abriría conversaciones con los gobiernos de Francia e Italia y los accionistas de Ouigo e Iryo para una salida ordenada, respetando a sus viajeros y trabajadores. Esto España lo resuelve en familia. Reordenando la situación.
Somos un Estado que actúa con rigor y seriedad. Y el Gobierno de España está en plenitud de funciones para presentar ya un gran plan con múltiples medidas que aseguren que antes de cada kilómetro nuevo, cada kilómetro construido es más que seguro. También para que la investigación que está realizando la Comisión de Accidentes Ferroviarios cuente con expertos de la Agencia Ferroviaria de la UE.
El 29-N es la hora del Estado. Esto no va de “gestión” como en cualquier campaña convencional, se trata de “recuperar el control” ante un fallo del sistema en el que el país mira al Estado. Este fallo del sistema es el mismo en vivienda, salarios, pensiones, inmigración y seguridad que he estado contando en innumerables entrevistas en todos los medios de comunicación estas tres semanas y media. El testimonio del viudo de una de las víctimas de Urda me representa: “Vivimos la peor época del capitalismo con prisas”. Gracias a su reflexión se entiende muy bien dónde estábamos cuando todo se detuvo. El dilema es histórico. Y Blocus también es producto de ello. Se trata del tipo de sociedad en la que vivimos. La participación del 29-N será de época porque estas elecciones generales son en legítima defensa. Unas elecciones de he entendido el mensaje.
España está golpeada, y los españoles van a decidir el 29-N quién la levanta. Quien aspira a gobernar tendrá que demostrar que sabe contenerse; quien gobierna, que sabe dar una respuesta de Estado a la altura de la fuerza de la gente. España está golpeada, no vencida.
La respuesta del Estado
Más allá de la gestión de la emergencia, lo que se espera es una decisión seminal del Estado sobre la seguridad de la red ferroviaria: un plan estratégico con calendario, responsables y dinero. Si llega, el Gobierno recupera iniciativa y ordena a través de actos que fortalecen al Estado; si no, el descontrol se convierte en relato. En la oposición está por ver si el consorcio PP-Vox compiten entre sí por la dureza o eligen la contención en los próximos días. Las midterms, el resultado en Estados Unidos de mañana, ordenará aún más el marco global en el que se votará el 29-N.
Las encuestas del miedo
Saldrán sondeos en caliente que darán la campaña totalmente por cerrada. Grave error. Las encuestas en caliente medirán el miedo, pero no el voto. El dato que de verdad importa no es la mayoría, sino la movilización: con una participación histórica, la elección puede romperse en cualquier dirección y al final de la campaña, en los últimos siete días. En los comicios del 2004, el vuelco se produjo en apenas tres jornadas. El formato, cara a cara, debates y entrevistas, será el de siempre, pero esta vez el fondo, no. Esta campaña es inédita."
( Iván Redondo, La Vanguardia, 02/11/26)
No hay comentarios:
Publicar un comentario