28.9.26

Vente a España, Mohamed... Vente a Alemania, Pepe... Todas las historias de emigración se parecen más allá del pasaporte ... En un país pobre, atrasado y bajo un régimen autoritario, Mohamed o Pepe, deciden emigrar a Europa. Viven en un pueblo donde no hay futuro y soportan la vigilancia de clérigos obsesionados con la represión sexual. Uno de sus amigos ya emigró y cuando vuelve en verano cuenta maravillas... Así que Mohamed llega a España, o Pepe a Suiza, llegan sin papeles... y descubren que su amigo exageró un poco, para no confesar la vida que llevaba... solo les ofrecen empleos duros que los de allí no quieren hacer... Tienen jornadas agotadoras haciendo hasta tres trabajos distintos. Además, él y sus amigos no se adaptan al impacto con otra cultura y sus costumbres disolutas e inmorales, de nefasta influencia para sus mujeres, que de repente se ponen minifaldas... Mohamed o Pepe preguntan a un amigo por qué miran mal los suizos a los españoles e italianos, o los españoles a los marroquíes, y les dice: “Somos demasiados. Es una invasión” (Íñigo Domínguez)

"Todas las historias de emigración se parecen, más allá del pasaporte y del color de la piel. Les cuento una. En un país pobre, atrasado y bajo un régimen autoritario, Mohamed decide emigrar a Europa. Vive en un pueblo donde no hay futuro y soporta la vigilancia de clérigos obsesionados con la represión sexual. Uno de sus amigos ya emigró y cuando vuelve en verano cuenta maravillas. Cuando por fin él llega a un país europeo descubre que su amigo exageró un poco, para no confesar la vida que llevaba. 

Así que Mohamed, que llega sin papeles, cae en manos de las mafias, un compatriota explotador, y debe dar parte de su sueldo para poder trabajar. Solo le ofrecen empleos duros que los de allí no quieren hacer: alcantarillas, canteras, pozos de basura. Tiene jornadas agotadoras haciendo hasta tres trabajos distintos. Además, él y sus amigos no se adaptan al impacto con otra cultura y sus costumbres disolutas e inmorales, de nefasta influencia para sus mujeres, que de repente se ponen minifalda. 

“Todos venimos pensando en volver”, le dice un compañero. Bueno, les acabo de contar Vente a Alemania, Pepe (1972, Pedro Lazaga), con el gran Alfredo Landa de emigrante, solo he cambiado Pepe por Mohamed. Esos éramos nosotros, se siente mucha simpatía por el pobre Pepe y sus penalidades. Ahora somos muy modernos.

Les cuento otra película, esta vez italiana. Es Pane e cioccolata (1973, Franco Brusati) con Nino Manfredi, que hace de emigrante en Suiza, currando de camarero. Como buena comedia italiana, es mucho más amarga. Un compañero le pregunta por qué allí miran mal a los italianos, y le dice: “Somos demasiados. Dos millones de extranjeros en una población de cinco. Es una invasión”. Aunque concluyen que si no fuera por ellos a ver quién iba a trabajar allí. Sus peripecias para seguir en el país sin papeles y pasar por suizo llegan al punto de que al final se tiñe de rubio, para parecerlo. La escena más famosa es cuando entra en un bar y hay un partido de Italia. Todos se meten con los italianos y él también, para disimular, pero cuando marca Italia no lo puede resistir y se pone a gritar gol como un loco, y así se descubre. Otra rubia que estaba con él tampoco era suiza: era una española con peluca.

La semana pasada se murió Sandro Mazzola, estrella del Inter de los sesenta y setenta, y entre los artículos de homenaje hubo uno de un escritor que en su niñez vivía en Suiza. Contaba que con 14 años fue a ver un amistoso Suiza-Italia en 1970 en Berna, muy emotivo para todos los inmigrantes italianos, que soñaban una victoria para darle en los morros a los suizos. Pero el partido fue mal, perdían 1-0 hasta que, a falta de cinco minutos, Mazzola empató, y para él fue el gol más bonito de su vida. 

Contaba el contexto político: tres meses antes se había celebrado el referéndum sobre la llamada iniciativa Schwarzenbach, un político de extrema derecha, admirador de Franco, que estaba obsesionado con la Überfremdung, traducible como “extranjerización” del país, aunque mejor no dar más ideas en este campo: propuso expulsar a 300.000 extranjeros y limitar el número al 10% de la población (entonces eran el 17%, y más de la mitad, italianos). 

Es curioso recordarlo ahora que Meloni quiere limitar los alumnos extranjeros a un 30% en las clases italianas. La participación fue altísima, un 75%, y al final un 54% de los suizos votó “no”. Eran otros tiempos. Nosotros, los de entonces, tampoco somos los mismos. Más serios, quizá un poquitín peores."                  

(Íñigo Domínguez , El País, 27/09/26)  

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