"Gaza, 25 de octubre de 2026.
Hasta sobrevivir nos está prohibido. Tres años después del comienzo de esta horrible agresión y un año después de la entrada en vigor del supuesto alto el fuego, la situación en la Franja de Gaza sigue siendo trágica y dramática.
Más de 2 300 000 palestinos, abandonados por la comunidad internacional oficial, sobreviven en edificios medio destruidos o en tiendas de campaña rotas, plantadas a veces sobre las ruinas de su casa. El balance provisional que ofrece el Ministerio de Salud de la Autoridad Palestina de Ramala, avalado por las organizaciones internacionales, es terrible: 75 000 muertos, entre ellos 22 000 niños y 9000 mujeres, 150 000 heridos y 10 000 desaparecidos que siguen bajo los escombros. Desde este frágil alto el fuego, casi 1600 muertos y 6000 heridos. No sé de qué hablar. ¿De los muertos, de los heridos, de la destrucción masiva, de la escasez de todo? ¿De los desplazamientos forzados, de la angustia, del miedo, de la inquietud, de la inseguridad, de la falta de perspectivas?
Todo es horrible en Gaza. La situación no deja de empeorar para todos los palestinos de Gaza. Es cierto que los bombardeos son ahora menos intensos, pero continúan. La ocupación bombardea en cualquier parte, en cualquier momento. Según sus argumentos, apunta a activistas, militantes, responsables de facciones armadas o de partidos políticos, pero cuando dispara contra un coche en el que van cinco o seis personas, siempre caen civiles. Los bombardeos alcanzan un centro médico, un mercado, una clínica, cualquier apartamento, una casa, y por tanto siempre, inevitablemente, a civiles. La comunidad internacional y los medios, por desgracia, no hablan de ello.
Personalmente, sobrevivo como todos los palestinos de Gaza. Mi casa fue totalmente destruida y mi hermano fue asesinado junto con su mujer y sus hijos. He perdido a muchos miembros de mi familia: primos, allegados, colegas, amigos, vecinos. Cada hogar tiene sus muertos y un familiar preso de la ocupación, del que no se tienen noticias. El 85 % de los habitantes de Gaza vive en tiendas de campaña. Quienes pueden, alquilan a precio de oro una pequeña habitación, un apartamento o una casita. Esas viviendas son frágiles y están en el punto de mira. Hasta sobrevivir nos está prohibido, porque la ocupación no nos deja en paz: o bombardea, o destruye; prohíbe la entrada de camiones para el sector privado y también los de las desbordadas organizaciones internacionales. El sistema de salud se ha derrumbado por completo. Quince grandes hospitales han sido atacados. Solo quedan unas cuantas clínicas y centros médicos que funcionan únicamente gracias a la voluntad de médicos y enfermeras, que trabajan con muy pocos medios. El equipo médico no entra y, cuando se avería, es difícil encontrar piezas de repuesto. Así que todo está prohibido. Un solo paso, el de Kerem Shalom, al sur de la Franja, está parcialmente abierto. Cada día pasan entre 150 y 200 camiones con cosas inútiles: patatas fritas de bolsa, galletas, pasteles, refrescos y otras bebidas gaseosas. En cambio, lo esencial, como tiendas de campaña, material médico, frutas, verduras, carne, pollo, material escolar, utensilios de cocina, gas, combustibles y gasolina, no pasa. Por eso todo es carísimo en Gaza, que se ha convertido en la ciudad más cara del mundo. Una bombona de gas de 10 kg cuesta 400 euros; antes de la agresión costaba apenas 40. Es un ejemplo concreto. Si tienes medios, la compras; si no, te ves obligado a cocinar al fuego de leña. En esta ciudad devastada se sufre la escasez de todo: medicamentos, agua potable, electricidad, alimentos y demás. ¡Es horrible! En invierno, la situación será dramática para quienes viven en tiendas, porque están deterioradas y las nuevas, más resistentes, siguen sin entrar.
Mi experiencia es algo distinta, porque escribo y doy testimonio para los medios. En los últimos tres años he publicado cuatro libros en francés, dos relatos y dos poemarios, pero aunque escribiera decenas, incluso cientos, no podría describir con exactitud esta horrible realidad. Todos los artículos, todos los testimonios de los periodistas palestinos, de los activistas de organizaciones internacionales, de los médicos extranjeros que han logrado venir a atender a los pacientes, todos nuestros testimonios no son nada comparados con la realidad. En mi caso, he estado enfermo estos últimos tres meses. Primero, problemas de rodilla. Los médicos me aconsejaron ir a piscinas, pero todas las piscinas están destruidas. Ir a la playa es difícil. Hace tres años que no pongo un pie en ella, porque hay tiendas por todas partes y la marina israelí dispara contra quienes se acercan al mar, incluso contra los pescadores. Tuve que ponerme aceite de oliva en la rodilla, porque las cremas y pomadas que me recomendaron los médicos no sirven de nada. Los medicamentos que entran para las organizaciones internacionales o no se encuentran o están caducados y, por tanto, son inútiles e ineficaces. Después tuve dificultades respiratorias. No pude hacerme una radiografía de pulmones porque no hay aparatos médicos. Me aconsejaron que me revisara el corazón. Me hice dos ecografías; todo bien, pero los análisis están incompletos, porque no solo faltan los equipos médicos necesarios, sino que tampoco pueden entrar en Gaza los materiales y productos que esos aparatos requieren. Luego se me cayó la prótesis dental. Fui a tres dentistas distintos y pagué carísimo. Pero la prótesis se volvió a caer cada vez, una semana después. No se puede arreglar porque no hay el material necesario. Es muy molesto, porque no puedo comer con normalidad. Curarse en Gaza es difícil. He sufrido mucho. Hoy hay una pequeña mejoría, pero sigo con dificultades para respirar. Aun así, mi caso no es nada comparado con el de los 15 000 pacientes con enfermedades crónicas que esperan su evacuación.
El paso de Rafah solo abre dos días por semana. Salen menos de 30 enfermos al día. A ese ritmo, harían falta cuatro años para evacuar a todos los enfermos de Gaza. Hay que soportar lo insoportable. El pasado 30 de septiembre perdí a mi madre. Ha dejado un gran vacío. Mi madre era algo enorme para mí: era un territorio, un espacio, una patria. Para mí era Gaza. Ella me crió, ella me educó, ella me ayudó a encontrar el camino de la vida y de la educación. Mi madre lo representa todo para mí: ella es Gaza, ella es Palestina. Gracias a ella y a mi padre, fallecido hace 22 años, tengo paciencia y respeto por los demás. Me enseñaron la no violencia, a amar la educación y a los niños, a dar y a respetar. Todo es terrible desde la muerte de mi madre, estoy conmocionado, abatido, me cuesta mucho aceptarlo, pero así es. Por suerte, vivió en mi casa antes de ser hospitalizada, y mi mujer, mis hijos y yo nos ocupamos de ella durante dos meses. Pero después su salud empeoró y pasó dos semanas en el hospital hasta su fallecimiento, el 30 de septiembre. En su entierro y en sus funerales había una multitud enorme, porque todo el mundo la quería y ella ayudaba a todos. Acudió gente a pesar de los bombardeos, a pesar de las duras condiciones de Gaza, del transporte, de los desplazamientos: miles de personas vinieron a la casa del duelo durante tres días, en la ciudad de Gaza. También me rodearon miles de personas de los países francófonos y de todo el mundo, que me enviaron mensajes o me llamaron. Muchas gracias, amigos, por vuestro apoyo. Alivió un poco mi sufrimiento, pero el dolor es el dolor. Y por eso para mí es difícil. Hasta ahora no acabo de creer que se haya ido. Siempre quedará grabada en mi corazón, en mi memoria. Es difícil escribir y contar. Hasta su último aliento habló de esperanza, del futuro, de la liberación de Palestina, de la reconstrucción de Gaza y, sobre todo, nos dio consejos para recorrer el camino que nos espera. Que mi madre descanse en paz.
Pero, a pesar de la horrible situación, hay tres elementos positivos.
En primer lugar, la educación. A pesar de la destrucción de casi 320 escuelas y 15 grandes universidades de Gaza, a pesar del asesinato de 10 000 profesores, docentes, personal de educación y alumnos desde el comienzo de esta agresión, entre ellos 1450 estudiantes universitarios y 295 profesores universitarios, las clases se han reanudado en 730 puntos educativos repartidos por toda la Franja de Gaza: centros educativos en edificios dañados, tiendas de campaña escolares, campamentos de desplazados, escuelas donde se habían instalado desplazados que lo habían perdido todo, pero que aceptaron volver a las tiendas para que los niños pudieran seguir con sus clases. La tasa de escolarización ronda hoy el 87 %, y es una señal positiva. La educación se ha convertido en una forma de resistencia no violenta y en un signo de esperanza para el futuro. Hasta la universidad ha reanudado su actividad, a menudo de forma virtual.
El segundo aspecto positivo es la resiliencia de esta población, que ha decidido quedarse y no marcharse. Una población que se adapta y que solo pide vivir, o sobrevivir. La ocupación impone trabas y obstáculos, cierra los pasos, prohíbe la entrada de materiales de construcción, bloquea el ingreso de muchos productos, sigue bombardeando y destruyendo. Pero la población, con su notable voluntad y su extraordinaria paciencia, sigue sobreviviendo con la esperanza de un cambio político rápido.
El tercer aspecto es la solidaridad internacional. A pesar del silencio cómplice de los dirigentes de la comunidad internacional oficial, la gente se mueve. Personalmente, recibo todos los días fotos y vídeos de manifestaciones, concentraciones, proyecciones, películas, debates y veladas de solidaridad en todos los países francófonos, que demuestran que la causa palestina no será olvidada jamás y que la gente puede influir en las políticas y empujar a los gobiernos a cambiar de postura. Todo empezó con el boicot y la prohibición de entregar armas en los puertos y aeropuertos europeos. La movilización popular en esos países dice no a la ocupación y a la colonización, y sí a la justicia y a la paz en Palestina. Personalmente, sigo ocupándome de centros educativos, de niños, y de estudiantes y licenciados de francés, con quienes organizamos actividades de apoyo psicológico para los niños. Este año he conseguido pequeños empleos para 10 licenciados de francés, como profesores de francés y como animadores francófonos en centros educativos y en asociaciones, con pequeñas remuneraciones, gracias al apoyo de amigos solidarios francófonos, a quienes quiero agradecer su respaldo y su aliento. Seguiremos, pues, con nuestra misión, aunque las condiciones sean difíciles. La población de Gaza ama mucho la vida. Vivirá pase lo que pase, aunque a veces se sienta olvidada, encerrada, abandonada por el resto del mundo. Se adapta, espera una mejora de las condiciones de vida y aguarda un cambio político y, sobre todo, un papel más activo de la comunidad internacional para imponer el derecho internacional y la justicia en Gaza y en Palestina. Mientras tanto, en la Gaza devastada, ¡cada día es una lucha por sobrevivir!
Bibliografía selectiva
Internet et l’enseignement du français en Palestine : défi ou nécessité ? [Internet y la enseñanza del francés en Palestina: ¿desafío o necesidad?], tesis doctoral, Université Paris 8, 2009.
Gaza, terre des oubliés, terre des vivants. 70 poèmes de la paix palestinienne [Gaza, tierra de los olvidados, tierra de los vivos. 70 poemas de la paz palestina], L’Harmattan, 2012.
Chroniques d’un été meurtrier à Gaza [Crónicas de un verano mortífero en Gaza], 2014.
Poèmes d’espoir dans la douleur. Choix de quarante poèmes pour Gaza, pour la Palestine, pour la Vie, pour l’Espoir, pour la Solidarité et la Paix [Poemas de esperanza en el dolor. Selección de cuarenta poemas para Gaza, para Palestina, para la Vida, para la Esperanza, para la Solidaridad y la Paz], 2016.
Être non-violent à Gaza [Ser no violento en Gaza], sobre la «gran marcha del retorno» (hacia 2020).
Les oliviers poussent encore à Gaza [Los olivos siguen creciendo en Gaza], 2020.
Chroniques sous les bombes à Gaza. Récit de la 4e offensive israélienne (10-21 mai 2021) [Crónicas bajo las bombas en Gaza. Relato de la 4.ª ofensiva israelí (10-21 de mayo de 2021)], Culture et Paix, 2021.
Poèmes d’espoir à Gaza la dévastée [Poemas de esperanza en la Gaza devastada], 2024.
Gaza. Ma vie sous les bombes [Gaza. Mi vida bajo las bombas], 2024.
Cri d’amour pour Gaza. 50 poèmes de Gaza, de Palestine, pour la vie, l’espoir, la paix et la solidarité, en plein carnage [Grito de amor por Gaza. 50 poemas de Gaza, de Palestina, por la vida, la esperanza, la paz y la solidaridad, en plena matanza], La Lucarne des Écrivains, 2025."
( Ziad Medoukh (Gaza, 1966) es un profesor de francés, poeta y escritor palestino, doctor en ciencias del lenguaje (París 8, 2009). Su tesis versó sobre internet y la enseñanza del francés en Palestina. Dice haber aprendido francés en Argelia, con cabileños de Tizi Ouzou, durante la «década negra». Fundó el departamento de francés de la Universidad Al-Aqsa de Gaza, que dirige, y coordina además el Centro de la Paz de esa universidad.
Su trabajo une la enseñanza del francés, la poesía y la defensa de la resistencia no violenta. Ha publicado numerosos textos sobre Palestina y sobre Gaza en particular, así como sobre la no violencia como forma de resistencia. Escribe sus poemas en francés para compartirlos con el mundo francófono.
En 2011 se convirtió en el primer ciudadano palestino nombrado caballero de la Orden de las Palmas Académicas (Ordre des Palmes Académiques). En 2014, el Círculo Universal de Embajadores de la Paz (Cercle universel des ambassadeurs de la paix) lo nombró embajador. Ese mismo año ganó el primer premio del concurso Europoésie y, en 2015, el Premio de Poesía Francófona (Prix de la poésie francophone). También recibió en Francia el premio del Movimiento por la Paz (Mouvement pour la Paix). En 2017 obtuvo el Jamnalal Bajaj Award for Promoting Gandhian Values Outside India.
Desde octubre de 2023 ha decidido quedarse en Gaza. A finales de enero de 2024 contaba que había perdido su apartamento, destruido a principios de diciembre, junto con sus ordenadores, sus diplomas, sus libros publicados, sus cursos y su biblioteca de 3000 libros en francés. Salvador L.Arnal, 25/10/26)
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